A los periodistas en general les cuesta mucho trabajo reconocer el triunfo de sus compañeros profesionales. La objetividad exige subrayar hoy el gran éxito periodístico que se ha apuntado el diario ABC, su director Bieito Rubido y varios de sus redactores al hacer público, con abundante documentación, el presunto plagio del presidente del Gobierno en su tesis doctoral.
El ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg, preconizado para suceder a Merkel, tuvo que dimitir cuando se demostró que había plagiado el 20 por ciento de su tesis doctoral. A este caso relevante podríamos añadir varias decenas en todo el mundo. Si se demuestra que el plagio denunciado por ABC es real, Pedro Sánchez no tendrá otra opción que abandonar la silla curul de Moncloa, en la que con tanto regocijo se sentó hace 100 días.
Me llena de satisfacción, no el descalabro de Pedro Sánchez, sino comprobar que en las nuevas generaciones de periodistas haya profesionales tan serios, rigurosos y sagaces como los que con un trabajo de investigación han colocado al presidente del Gobierno ante el precipicio. La verdad es que nos inunda el periodismo de la insidia, el periodismo del bulo, ciertos espacios audiovisuales convertidos en patios de monipodio o de vecindad, pero también es verdad que los jóvenes periodistas están cumpliendo con las funciones de nuestra profesión: administrar rigurosamente un derecho ajeno, el de los ciudadanos a la información; y ejercer el contrapoder, elogiando al poder cuando el poder acierta, criticando al poder cuando el poder se equivoca y denunciando al poder cuando el poder abusa. Y no solo al poder político, también al económico, al financiero, al sindical, al cultural, al religioso, al universitario, al deportivo....
Enhorabuena, pues, al diario ABC por el gran scoop conseguido, que ha conmocionado el periodismo español y ha hecho crujir hasta los cimientos políticos del palacio de la Moncloa.