El presidente del Gobierno propone eliminar los aforamientos de los políticos, recogida en la Constitución, pero los diarios no terminan de convencerse. “Sánchez idea una reforma de la Constitución para tapar su tesis doctoral”, es la interpretación de El Mundo, aunque la imagen es para la ministra de Educación: “La ministra no se lo toma en serio”, dice, sobre la reacción a su principal información del día anterior: “Educación descalificó ayer el informe de la Alta Inspección afirmando que no tiene ‘rigor científico’”. Abunda, en el asunto: “España es responsable de todos los contratiempos de Cataluña”. El informe detalla cómo muchos manuales escolares “crean una Historia ficticia e irreal”.
Arcadi Espada, recordando su juventud, acusa a la izquierda de haber arrebatado la cursilería que a su juicio era propia de la derecha: “Entre todas las impunidades de la izquierda la estética está poco descrita y es francamente insoportable”. Va por el mismo camino Gistau, que habla de felicidad de Estado: “Será implantada cuando por fin todos hagamos caso a Carmen Calvo y sólo hablemos de aquello que conviene a ese mejor de los mundos posibles donde los benignos presidentes encuentran corazones y tequieros en los cartapacios”.
El País prefiere titular plano: “Sánchez propone eliminar el aforamiento para delitos ajenos a la política”; en terreno internacional, da voz al ministro británico para el Brexit: “No convocaremos un segundo referéndum”.
Felix de Azúa carga con fuerza contra la educación en España, tras los vaivenes del doctorado de Sánchez: “Dicho en plata, la Universidad española, excepto algunas Facultades técnicas, no está para investigar, aprender, descubrir o ayudar a la población, sino para ir tirando”. Afirma que “sigue viva la herencia de Fernando VII, el que cerró las universidades y abrió las escuelas de tauromaquia”.
ABC interpreta así el asunto: “Sánchez huye hacia adelante. La Moncloa monta un acto al presidente para celebrar 100 días de dimisiones, rectificaciones, rebelión de jueces y fiscales, amenazas a los medios por desvelar los plagios de su tesis, y ahora anuncia una reforma de la Constitución en plena ofensiva del populismo y el secesionismo. La comisión de doctorado debió anular el tribunal 'cum laude'”.
Rosa Belmonte abunda en el desprestigio de la Universidad. Un fragmento de su columna: “Alguno debía de creer que la universidad era poco menos que el Real Colegio de La Flèche al que fue Descartes. Hace unos meses leí que una alumna había demandado a la Anglia Ruskin University, con campus en Cambridge, porque después de dos años de estudio lo que había obtenido no era más que un «título Mickey Mouse» que no le servía de nada pese a sus buenas notas”.
La Razón titula por Pablo Casado, que estuvo en acto de la casa: “No vamos a morder el anzuelo de los aforamientos”, aclara el diario que el líder del PP “rechaza la propuesta de Sánchez para la reforma exprés de la Constitución”.
Alfonso Ussía, aprovecha que el epicentro del desprestigio en los últimos días ha sido la Universidad Camilo José Cela: “Recuerdo a mi gran amigo, el viejo Camilo, que se sentía tan orgulloso como identificado con la Universidad que llevaba su glorioso nombre literario”. Afirma que “de vivir en la actualidad, ya hubiera exigido el cambio de nombre de la institución académica”.