Ni el diamante, ni el acero, ni el grafeno, ni tan si quiera el carbino... No. Ninguno de estos materiales es rival para el que desde hoy es el más resistente (y probablemente nunca dejará de serlo) jamás descubierto: la pasta nuclear.
Este material, que se encuentra en el interior de las estrellas de neutrones, ha sido descubierto por un equipo de científicos de las universidades McGill, de Indiana y el Instituto de Tecnología de California. Gracias a un potente superordenador, que invirtió 2 millones de horas en tiempo de proceso, este grupo de investigadores ha realizado diferentes simulaciones de lo que se halla en el interior de la corteza de las estrellas de neutrones y ha descubierto que se trata del material más fuerte conocido en el universo.
Una estrella de neutrones nace después de una supernova, una implosión que reduce un objeto del tamaño del Sol a otro que ocupa un espacio la mitad de grande que Madrid. El resultado: un material cien billones de veces más denso que cualquier cosa conocida en la Tierra. La inmensa gravedad de estos objetos celestes causa que sus capas externas se congelen sólidas, volviéndolas aparentemente similares a nuestro planeta, pues cuentan con una fina corteza que envuelve un núcleo líquido.
Esta alta densidad provoca que el material que conforma una estrella de neutrones tenga una estructura única. Bajo la corteza, protones y neutrones se ensamblan en formas como cilindros largos o planos, que son conocidos en la comunidad científica como 'lasaña' y 'espagueti', de ahí el nombre 'pasta nuclear'.
Juntas, densidad y gravedad provocan que la pasta nuclear sea increíblemente rígida. El posdoctorado Matthew Caplan, de la McGill, cree que estos resultados pueden "ayudar a los astrónomos" a comprender mejor la naturaleza de las estrellas de neutrones".
Los hallazgos, que se publican hoy en Physical Review Letters, podrían ayudar a los astrofísicos a comprender mejor ondas gravitacionales como las detectadas el año pasado cuando colisionaron dos estrellas de neutrones (el hallazgo científico del 2017). Sus nuevos resultados incluso sugieren que estrellas de neutrones solitarias podrían generar pequeñas ondas de gravedad.
La mala noticia es que jamás podremos ir más allá de la simulación. No podremos tocar o utilizar ese material que requiere de densidades billonarias para existir. Pero, al menos, sabemos que está ahí, y su mera existencia ya resulta fascinante.