Pablo Casado dispone ya de información sobre las medidas que exigió el secesionismo catalán a Pedro Sánchez para otorgarle sus imprescindibles votos en la moción de censura. Se comprometió a acercar los presos, lo que iba a convertir la cárcel catalana en un lugar de peregrinación y manifestaciones. Después, y antes de Navidad, se comprometió Sánchez también a presionar para que los jueces dejaran a los presuntos golpistas en libertad preventiva. Finalmente, y una vez se hubieran producido las condenas, a indultarlos. Así se alzó Sánchez con la presidencia del Gobierno, dispuesto a pagar esas y otras muchas facturas.
Pablo Casado ha puesto ya en marcha una vasta maniobra jurídica y parlamentaria para impedir que el presidente Sánchez ejerza, en determinados casos, el derecho a conceder indultos, y deje en libertad a los tal vez entonces golpistas condenados, a cambio de permanecer él unos meses más en el palacio de la Moncloa. Por un plato de votos, el señor Sánchez está dispuesto a comprometer la integridad territorial de España porque todas las medidas que está tomando, y las que tomará, no solo no embridan a los independentistas sino que les dan alas, multiplicando su desafío a la nación española.
No parece fácil que Pablo Casado consiga un acuerdo parlamentario para impedir que Pedro Sánchez ejerza la facultad del indulto, pero hace bien en intentarlo. Nada más conveniente para la opinión pública que se aclaren las facturas que Pedro Sánchez debe pagar y a las que se comprometió en su obsesivo deseo de abrir los portones de Moncloa.