Opinión

¿Acercamiento más que repulsión entre Roma y Pekín?

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 27 de septiembre de 2018

Parece un acuerdo donde el Papa obtiene humo, nada a cambio de ceder ante las pretensiones de Pekín. Luego de meses de rumorearse que China y la Santa Sede negociaban un acuerdo provisional para emprender acciones futuras de acercamiento, el sábado 22 de septiembre de 2018 el portavoz vaticano Greg Burke anunció la concreción de tal, despejando las dudas y los resquemores iniciales, para dar paso a nuevas preguntas acerca de qué sucederá entre la religión cristiana más numerosa del mundo y el país comunista, cuyo eje discursivo es el ateísmo atenuado con el control de las religiones profesadas en su territorio. Un control que se sancocha con persecución y represión abierta e innegable. El control ejercido abarca por igual a tibetanos o musulmanes que a católicos, creando iglesias o agrupaciones religiosas nacionales a modo, sujetas a Pekín, mediatizadas en consecuencia, a despecho de sus dirigentes oficiales como son el Papa o el Dalai Lama en el exilio, por citar dos ejemplos visibles.

El contexto en el cual se produce este aparente acercamiento que aún nos intriga tanto, consiste en recordar que por un lado, en muchos países asiáticos lo cristiano era extranjero y sinónimo de invasión e injerencia, que además, lo era; de torcedura de sus identidades y una visión extraña a su idiosincrasia. Ser cristiano llegó a ser incompatible con su identidad nacional. Ardua tarea en un camino de abrojos para la evangelización y su presencia han seguido todas las denominaciones cristianas asentadas en esas latitudes.

Y más en China o Japón, de siempre. Expulsiones y martirios de por medio, han afrontado persecuciones abiertas y hostilidades veladas. Si a ello sumamos la imposición de regímenes ateos persecutores de las religiones como el opresor chino, el caldo está servido. Desde la conformación de la República Popular de China, el rechazo al catolicismo en concreto, se acentuó. Las palabras de Pietro Parolin, el secretario de Estado de la Santa Sede, dejan en claro la necesidad de extender el catolicismo en esas tierras, pese a no quedar claro cómo lo conseguirá con la anuencia china: “Se necesita unidad, se necesita confianza, se necesita un nuevo empuje, como también se necesita tener buenos obispos que sean reconocidos por el papa (…) y por las legítimas autoridades civiles de su país.

Y el acuerdo va en esta línea: es un instrumento para que se pueda ayudar en eso, con la colaboración de todos”, porque el nombramiento de obispos de común acuerdo, limando asperezas consistentes en que Roma no admitía la injerencia china sobre sus dirigentes y China consideró inaceptable la injerencia romana en su territorio nombrando a los prelados católicos, así sea porque su reino “no es de este mundo”, implica acercar los puntos de vista confrontados hasta ahora. China seguirá nombrándolos hasta cierto punto, aunque reconocerá la autoridad papal manifestando su parecer a lo que haga, que se presume que puede ser de veto desde Pekín. Las consecuencias de este arreglo no se han explicado en el escueto comunicado que lo divulgaba.

Ahora bien, la importancia del Obispo es crucial en el culto católico. Es el facultado para ordenar sacerdotes, lo que implica velar por instruirlos adecuadamente. Ello supone esa comunión con Roma, como la reclama el funcionario vaticano, porque en efecto, hay una precarización del culto debido a la ausencia del contacto abierto entre los files chinos y Roma después de la ruptura de relaciones diplomáticas acaecida en 1951, expulsando China al nuncio apostólico y a sus misioneros y dejando al garete a 12 millones de seguidores. De allí en el marco del control chino, se estableció una Asociación Patriótica, o Iglesia patriótica, una suerte de Iglesia sino-comunista, que contaba hasta hoy con 7 obispos no reconocidos por Roma y derivo por respuesta en constituir una iglesia católica clandestina con unos 60 obispos.

Ahora parece que el Papa reconoce a los 7 citados y propondrá otros en adelante requiriendo la aquiescencia china, que puede ser de veto sin considera inadecuado el nombramiento. De allí la primera trampa. ¿Qué esto unifica a las dos iglesias? Lo dudo sobremanera. Sobre este misterioso y encriptado acuerdo –lo chino suele serlo, tal parece– leo en diversas fuentes que el cardenal emérito de Hong Kong, Joseph Zen, lo plantea como un desastre, una traición que deja a expensas, que entrega a Pekín a la iglesia clandestina, atreviéndose a pedir la renuncia de Parolin, mientras el Papa lo celebra y afirma haberlo firmado de puño y letra y ser el responsable de tal.

Desde Macao, la otrora perla de oriente portuguesa y católica veo silencio en tanto que la Iglesia patriótica reafirma su lealtad al Partido Comunista…y no a Roma. Exaltaron la independencia religiosa y la autoadministración, aunque se reconozca al Papa como líder. Sin más. Los Jesuitas lo han aclamado como signo de esperanza y de paz. Tanta ecuanimidad me mata ante una razón espiritual y martirial que abreva en este acuerdo provisorio. Por las iglesias perseguidas y sometidas, China se ha llevado las recriminaciones del secretario de Estado yanqui, Pompeo, apenas un día antes del anuncio.

Desde luego ni negar que en China no hay libertad religiosa plena. Y en un juego de geopolítica se teme el abandono a los fieles de la iglesia clandestina que desconocen hacia dónde va el acuerdo que no habla incluso, de normalización de las relaciones diplomáticas, mientras se considera que es un triunfo para Pekín, pues Roma en realidad obtiene humo, mientras parece que abandona a los católicos de esa iglesia clandestina y se alinea a Pekín, visualizando algunos que Taiwán –que tiene a la Santa Sede como su único aliado en Europa– queda posiblemente cada vez más aislada.

Recordemos que por ejemplo, Peña Nieto claudicó expresamente frente a China y decidió dejarle manos libres en temas como el tibetano…y por ende en el taiwanés, y desde entonces ambos temas no se mencionan en México. Ahora, en medio de tantos escándalos en la Iglesia católica no sé si es el mejor momento para un acercamiento. Termino con un valioso testimonio de un exalumno, Gil Rodríguez, quien viviendo en China tres años, observó lo siguiente refiriéndose al paupérrimo culto católico, signo de clandestinaje y aislamiento: “No hay acólitos solo un sacerdote y una persona que recibe la limosna. Mi ex novia china no cree en Dios y nunca conocí a un chino que creyera en Dios. Al conocernos, ella no podía entender la naturaleza de mi fe.

Yo intenté explicarle lo que sé de la Biblia y sobre la existencia de Dios. Fue entonces cuando decidimos visitar una iglesia católica. La iglesia estaba dentro de un edificio y se trataba de un espacio de oficinas rentado, un espacio muy pequeño. Al entrar noté que no había figuras ni santos, solo una cruz sin Jesucristo en la pared. En el piso había dos ancianas chinas orando hincadas haciendo alabanzas con las manos de arriba hacia abajo y viceversa como si de rezos musulmanes se tratara; tampoco había agua bendita.

Yo seguí en lo mío, me senté en las bancas y le mostré a mi exnovia como nosotros en occidente nos hincamos a rezar en posición recta y hacemos nuestras oraciones. Un minuto después el sacerdote chino salió y empezó a decir unas palabras que yo no entendí. Mi impresión fue que decía palabras con relación a la ofrenda, ya que enseguida salió una señora con una caja de cartón a pedir el diezmo o limosna como le decimos nosotros. Le di unas monedas y salimos despacio del lugar. A mí me pareció haber salido de un sitio muy diferente a una iglesia católica.”

Un panorama desolador, desde luego. Y desde la fe hay mucho qué hacer para remediar esta precariedad tan contrastante. Y sí, lo que menos importa es si el Papa irá a China. Por la foto, vale la preocupación, pero no cabe duda de que en un régimen que reprime religiones el que la gente acuda a verlo será más por curiosidad y si acaso la dejan.

Un desaire más al Papa no lo aguanta ni Dios. Al menos en otros países la gente no va o lo demanda acusándolo de encubridor de pederastas, haciéndolo con plena libertad. Lo de China, la segunda potencia mundial que tira a ser la primera, es otra cosa y más vale trabajar primero a los fieles para que los dejen siquiera manifestar su adhesión, en caso de que el vicario de Cristo em prenda una visita a esas lejanas tierras. Hay tela.