Opinión

Gobierno: inestabilidad es falta de credibilidad

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Diego Medrano | Viernes 28 de septiembre de 2018

La ministra Celáa habla de “cazería” al Gobierno. La ministra Calvo habla de “mordaza” para los medios de comunicación. Cuando intentábamos arreglar o subsanar lo de la ministra Delgado, sale lo del ministro Duque, y todo son averías en la casa y cada vez menos manos para tapar las fugas. La situación es, de veras, irrisoria. Parece una broma internacional. El runrún empieza de mañana en todos los medios bajo el protocolo usual: en Duque no hay delito, no es delito, no hay ningún indicio de delito, es completamente legal construir una sociedad para pagar menos a Hacienda. Nadie dice que sea delito pero sí que el presidente del Gobierno dijo, a título personal, perseguir todas las triquiñuelas y argucias legales para pagar menos a Hacienda. Lo dijo, y ahora vuelve a desdecirse, porque salimos a ministro en el banquillo por semana, y así no puede hacerse nada.

El lío gordo está ahora en los “nacionalistas”, a los que el presidente del Gobierno llama en sede de la ONU por primera vez así, y no “secesionistas” o “independentistas”. El aviso a Torra es otro a Urkullu, que ya tiene la escopeta cargada: si priorizan el conflicto, convocamos elecciones. Por primera vez se dan cuentan los nacionalistas (Torra/Urkullu) que están jugando con ellos, que no hay ninguna dialéctica de priorizar nada, porque solo hay un tema del que no que se quiere hablar y romper la baraja será lo más inmediato. Es preocupante lo de Urkullu: el Gobierno central iba a dejar ya en manos del Ejecutivo vasco una herramienta que permitiera reescribir la lucha contra el terrorismo; no hablamos solo del acercamiento de presos, sino una ley que pretendía poner en marcha un mecanismo administrativo para determinar, sin aval jurídico, quién fue víctima y quién no de abusos policiales. Algo peligrosísimo: el deterioro explícito de Policía Nacional y Guardia Civil. Miel sobre hojuelas: la constitución, por fin, del Euskal Herria, dentro del cual se puede declarar ilegítima la actuación de Policía Nacional: territorio, por tanto, libre, ajeno a cobertura estatal o jurídica.

¿Qué más nos espera en las próximas horas o semanas? Lo más terrible no es solo la “cacería” de PP y Ciudadanos, que no entienden nada, según los apedreados, sino cómo su propio socio de Gobierno, Podemos, no está nada contento con la situación: el presidente se equivoca en los nombres, en las elecciones y tampoco hay autoridad para cortar, en momentos dados, los cordones umbilicales de esos mismos nombres con el resto del organismo. Estamos asistiendo a la llegada, subliminar y paulatina, sigilosa y notoria, del desprestigio absoluto de las instituciones sobre la que muchos no están dispuestos a torcer el gesto. El Gobierno puede cerrar filas en torno a sus mártires (una achispada señorita llamando maricón al compañero ministro y riéndose con quien niega haber estado; otro listo diciendo que es normal crear sociedades para pagar menos sin delito alguno) pero la calle y los históricos socialistas sólo pueden ver un circo donde cada hora, cada semana, cada mes, crecen los enanos sin solución posible.

La venganza de los llamados “nacionalistas” va a ser colosal. Se ven, por vez primera, nada en el tablero, que han jugado con ellos, dentro de un electoralismo donde ahora van a sacar puñales y espinas. Ya desde la ONU, hace pocas horas, Pedro Sánchez de alguna forma ha cortado amarras. En el entorno de Torra se dice sin descanso: “Estos son los mismos perros de siempre con distinto collar”. Todo son goteras, las grietas destrozan las paredes maestras, las vigas de importancia arquitectónica decisiva, nadie está a salvo bajo este techo que amenaza a diario con el desplome. El lodazal pantanoso no permite siquiera la diatriba dialéctica. La Unión Europea, por fin, comienza a meter caña y a no manifestar ninguna simpatía por el conflicto catalán, por mucho que ellos sigan hablando de un pacto como Canadá o Quebec, y Puigdemont enjabone a Donald Tusk entre ruegos.

El único arreglo son elecciones, partir de cero. La celeridad fue la culpable de los nombramientos vigentes, la minoría parlamentaria no permite grandes lujos en solitario, todo es precario y el único ministerio que tiene sentido hoy día sería el de Dimisiones. No piensa Pedro Sánchez en un fantasma que está ahí a la vuelta de la esquina: el la moción de censura, por el que el señor Rajoy volvió a Santa Pola. Podemos no está a gusto con este socio. No se puede tener todas las semanas a un alto cargo en la diana para cebar al público con sus peores dardos. La inestabilidad es lo que lleva a la falta absoluto de credibilidad y al creciente desapego. Basta con que Podemos suelte lastre para que el globo de Pedro Sánchez caiga. Iglesias sabe que esta Corte está muy lejos de la izquierda radical con la que el soñaba y no está tan lejos de pasadas corrupciones con menos hechos, ciertamente, pero con igual desconcierto y hartazgo de los de abajo mientras los de arriba nos toman el pelo sin el menor disimulo y audios manifiestos.