Opinión

Reunión de perfil bajo. Editorial

EL IMPARCIAL | Jueves 24 de julio de 2008
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición -aunque no siempre ejerza como tal-, Mariano Rajoy, han tenido este miércoles un encuentro marcado por la falta de interés. A ello obedecen varios factores: una crisis económica galopante, la inminencia de las vacaciones estivales -que ambos parecen haberse tomado ya-, y el acuerdo en materias como terrorismo y justicia, impensable hace meses. Además, ambos llegaban a esta cita lastrados, aunque por diversas causas. Zapatero, que bien podía estar disfrutando tanto de su victoria electoral de marzo como de la crisis de su rival, tiene sobre sí la pesada losa de su célebre “desaceleración económica”, a la cual no parece muy capaz de hacerle frente. Y a Rajoy aún le duelen las heridas post-electorales de su partido, que desembocaron en una crisis que para muchos se ha cerrado en falso.

Al menos, ha habido acuerdos. Eso es bueno. Que gobierno y oposición hayan sido incapaces en los últimos años de continuar la política en que, desde la Transición, se fundamentó la democracia española consistente en concertar pactos de Estado sobre temas centrales (política exterior, política antiterrorista, estructura territorial y poder judicial) ha resultado profundamente disfuncional. Ahora, parece que se atisba un rayo de luz. Renovación de órganos judiciales, modernización de la justicia y concertación en la lucha antiterrorista son motivos para la esperanza. No lo son, en cambio, la diversidad de criterios a la hora de afrontar la crisis económica. Crisis que, según Rajoy -y no le falta razón- Zapatero sigue sin reconocer. Desde Ferraz, por su parte, acusan a los populares con el conocido argumento de la izquierda, según el cual la derecha recortará el gasto social, sin importarle en perjuicio que ello cause en los más desfavorecidos. Pero lo cierto es que la mejor política social es aquella que crea, conserva o pierde los menos puestos de trabajo posibles. Zapatero olvida, o pretende ignorar, que gobernar no es contentar a todo el mundo y que, en ocasiones, hay que adoptar medidas que, por impopulares que sean, resultan imprescindibles. Anteponer desgaste personal en los sondeos a sentido de estado dice bien poco de quien rige los designios de un país. Que, por cierto, está en crisis.

TEMAS RELACIONADOS: