Opinión

¿Cuándo el mar se quedará quieto?

MENÚ DE POBRE

Diego Medrano | Martes 02 de octubre de 2018

El independentismo es un negocio que no persigue finalidad alguna. Ellos saben mejor que nadie cómo la posible llegada de la República Catalana es un cuento, no va a llegar nunca y el mismo negocio no es otro que mantenerse el mayor tiempo posible en esa disposición pero sin finalidad explícita. Los emolumentos, la pasta gorda, el parné, está en seguir embelesando a un grupo de empresarios catalanes que pagan el chalecito de Puigdemont en el exilio, el dinero que siguen sacando de las propias ubres catalanas en forma de impuestos y todo un entramado siempre en el aire cuyo único afán es no saber lo que pasará mañana y seguir así tirando millas. Lo titubeó Puigdemont en la televisión belga este 26 de septiembre pasado: “La rebelión, en el caso más serio, puede representar treinta años de cárcel, por eso estoy en Waterloo”, “¿Es la independencia la única solución? En absoluto”, “Cometí un error el diez de octubre cuando decidí suspender la declaración de independencia. Decidí suspenderla en el mejor momento para nuestro país”. El timo es explícito: viene el lobo, viene el lobo y, mientras no llega, vivimos de ello. Europa, sí, respondió con portazo.

El camino hacia la independencia es solo eso, la primera parte, camino. De los líderes: los siete personajes en el exilio ya tienen claro que Europa les desprecia y margina (lo peor de todo, Europa no los necesita); respecto a los nueve en la cárcel –liderados por Junqueras- su manifestación, ya lo sabemos a tenor de los disturbios de ayer, es contraria a Torra y a la violencia esgrimida. El asunto no es nada baladí: treinta y dos policías heridos, los mossos d´esquadra atrincherados como conejos y escoltados por la Policía Nacional con tal de salvar el pellejo. Un territorio sin ley entre Via Laitana y el Parlamento. Las órdenes continuaban siendo no cargar, defenderse pero no atacar, y así soportaron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que se les arrojare pintura, vallas metálicas, botes, piedras, etc. La situación es hoy más divertida: los mossos ya están contra el Govern, Esquerra no quiere saber nada de Torra, la Candidatura de Unión Popular (CUP) quiere reorganizar la Izquierda, en mayúsculas, y romper pactos. El eslogan no puede ser mejor: “Independentismo y la CUP frustran la victoria del 1-O”. Los CDR (Cuerpos de Defensa de la República) tampoco quieren verse como los soldaditos de Torra, bajo su arenga y mando, en el envenenamiento del consejo público (“Apretad, apretad más fuerte”) que indica, a todos los ojos abiertos, jerarquía, sumisión y mando en plaza.

El cuento solo se puede acabar cortando el grifo, y ese grifo es el crédito, no solo financiero, sino aquel que obliga a tomarles en serio. Puigdemont es un traidor para los encarcelados -tampoco se habla de ello- les abandonó con tal de gozar de los mayores lujos en otro país: presenta libros, acude a las televisiones, toma cafés y cervezas por los bares, pasea y ríe frente a cámaras que dan la vuelta al mundo. Sigue pidiendo maneras democráticas para solucionar su cuestión pero sus formas de actuar son mafiosas y delictivas. En la televisión belga se lo dijeron muy clarito: “Si quiere que le tomen en serio, no como un principiante, vuelva a su país y enciérrese junto a sus compañeros, porque es el líder el movimiento”. Le increpa un periodista: “No puedo entender como quiere estar aquí en el estudio y no con sus amigos en Cataluña”. Contesta nuestro adorable Puchi: “Si estuviese en la cárcel no podría estar en este estudio. No creo en los mártires”. Le replica el periodista: “Si no quería el martirio, no debería haber organizado un referéndum falso sino uno de verdad. Y probablemente, entonces, el resultado habría servido para algo. Se hizo de forma amateur y usted perdió mucho crédito. Una vez que pierde la credibilidad no puede esperar que toda la población le apoye”. Titubea, balbucea, cabizbajo, Puchi, rojo por el sofoco, antes de responder: “El referéndum no fue falso”.

A Europa no le interesa Puchi ni los lacitos, pero sí le interesó Irlanda, sí le interesó Canadá o Quebec, y Puchi ya no sabe lo que hacer. Disturbios como los de ayer serían impensables en Bruselas, donde funcionan los tanques de agua, se detiene al personal y nadie cruza rayas rojas. Disturbios como los de ayer debilitan las instituciones y vuelven todavía más locos a los que están fuera de toda razón. Platón hablaba de cómo la multitud cuando ejerce la autoridad es más terrible que cualquier tirano; Plutarco señalaba cómo una autoridad fundada en el terror, la violencia o la opresión es al mismo tiempo violencia e injusticia. ¿Cuándo, de las más maneras más nobles y cordiales, empezamos a meter a más gente en la cárcel? El principio de revolución –como quería Antonio Aparisi y Guijarro- se sustenta en el menosprecio a la autoridad. A ese respecto Spinoza lo dijo mejor que nadie: “Ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad, sin fuerza y, por tanto, sin leyes que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados”. La barra libre vivida ayer es un insulto. Mandando mal –como quiso Publio Sirio- debería perderse la autoridad del mando. El mar no va a estar quieto jamás porque entonces se acabó el negocio y su amenaza.