Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2018. 224 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Paulo García Conde
Es tal el nivel de abuso en la actualidad que se hace de las fajas que acompañan a los libros expuestos en cualquier librería, esas tiras de papel donde se destacan los méritos a confrontar en la lectura, que el potencial cliente apenas se detiene a leer lo que hay impreso en ellas. No es necesario, a fin de cuentas; todas se rigen por el mismo patrón. Aún así, las editoriales no cejan en su empeño y tiran de recursos tan variados como aumentar la tipografía, para que no quede más remedio que recibir la información.
La faja que acompaña a Lo que te pertenece expone bien claro que se trata de la novela ganadora del British Book Prize, así como de una obra nominada al National Book Award, entre otros comentarios a destacar. Aparece también relacionada en los medios de comunicación con el concepto «temática gay». Y es verdad que el protagonista, narrador en primera persona, es un hombre homosexual. Y cierto es también que habla del tipo de encuentros que mantiene con distintos hombres, resaltando uno en particular. Pero la historia va bastante más allá. Casi todas las historias dramáticas tienen un componente de relaciones afectivas o sexuales, y en este caso lo esencial no es que se den entre personas de un mismo género. El peso lo llevan la actitud de esas personas, los claroscuros de sus mentes, el lastre del pasado... Todo ello hace que Lo que te pertenece sea algo más que una novela de «temática gay».
El protagonista, que no llega a desvelar su nombre, nos habla de Mitko. Un joven al que conoce en unos aseos, donde mantiene su primer encuentro sexual con él a cambio de dinero. Esa parece ser la clave del acuerdo entre ambas partes, pero Mitko ofrece más cosas a un personaje que decide emprender un relato que deje testimonio de su entrega, de su lento pero anunciado abandono a los obsesivos encantos del joven. A través de la mirada del narrador podemos ver al mismo tiempo dos realidades. Una, más objetiva, analiza los hechos que se desarrollan, apoyada en retazos del pasado que ayudan no a justificar ciertos comportamientos, pero sí a entenderlos de mejor modo. La otra, puramente subjetiva, nos enseña los recovecos de la mente del protagonista, sus flaquezas y virtudes, su total humanidad.
En Lo que te pertenece se habla de amor, pero de uno no convencional. Es un amor que juega a enmascararse bajo la apariencia de la amistad, de una amistad que tampoco es convencional. Se examina con lupa el fino trazado de las interacciones entre dos personas que se atraen entre sí de distinta manera, se señalan las costuras imperfectas de la dependencia, se habla de las motivaciones más oscuras y profundas que un individuo puede albergar dentro de sí. Resulta notable la construcción de la personalidad del narrador: cómo a través de un ritmo pausado abre cajas y cajas que contienen pequeñas piezas de un puzle gigantesco. No es observar el rompecabezas resuelto lo que uno espera al llegar al final de la historia, en ningún momento se establece como objetivo principal. Lo que importa es mostrar los fragmentos, sin necesidad de darles un significado apropiado. Porque, aunque uno no sepa exactamente qué son o dónde podrían encajar, seguirán estando ahí.
La pureza del estilo narrativo, que no cae en ornamentos gratuitos, carga de potencia emocional muchas partes del relato. Sobre todo, aquellas escenas de salto temporal donde la nostalgia o el peso de lo ocurrido lo tiñen todo de una crudeza singular. No se pisa tampoco con exceso de fuerza el suelo del drama. Y, por tanto, la historia logra sobrevivir como lo que es: un relato profundamente humano.