Por mucho que intenten disimularlo, Susana Díaz ha tomado la decisión de adelantar las elecciones autonómicas al 2 de diciembre para desmarcarse de la caótica gestión presidencial de Pedro Sánchez, de la debilidad parlamentaria debida a sus raquíticos 84 escaños; o como declaró ella misma tras la convocatoria electoral, “de la inestabilidad política” . La presidenta de la Junta pretende evitar que las vergonzantes cesiones del Gobierno ante los dirigentes separatistas y de Podemos deterioren la imagen del PSOE en Andalucía.
También pretende Susana Díaz adelantarse a la sentencia de los ERE, tapar el escándalo de la Faffe, la Fundación para el empleo que presuntamente ha despilfarrado 32.000 euros públicos en prostíbulos; evitar gobernar sin presupuestos tras la ruptura del pacto con Ciudadanos y centrar la campaña electoral en “un debate andaluz” que no sea contaminado por el “debate nacional”.
Los comicios andaluces suponen, además, el pistoletazo de salida de la larga campaña electoral que nos espera, con las autonómicas y locales el 29 de mayo y el posible adelanto de las generales. Es también la primera convocatoria a las urnas de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno y de Pablo Casado, al frente del PP. Resulta innegable el efecto que pueda tener el resultado del 2 de diciembre en el resto de España. De ahí, la enorme dificultad de los inevitables pactos poselectorales para la formación del nuevo Gobierno. Y es que, en plena campaña electoral ante el 29 de mayo, ni Ciudadanos ni Podemos, posibles aliados del PSOE, querrán apoyar al PSOE que según todas las encuestas ganaría por los pelos. El partido de Rivera quiere desmarcarse claramente de Pedro Sánchez y Teresa Rivero, que se ha desgajado del partido de Pablo Iglesias, está claramente enfrentada a Susana Díaz. La larga batalla electoral ha comenzado. Solo queda que Pedro Sánchez ponga fecha cuanto antes a las elecciones generales. Sería el único modo de salir del atolladero político español.