Sociedad

Roberto Pinotti: "La ciencia oficial miente; la Atlántida no es un simple mito"

El escritor italiano Roberto Pinotti, durante la entrevista. (Foto: Juan Pablo Tejedor Anson ).

ENTREVISTA

Eduardo Villamil | Martes 09 de octubre de 2018
Entrevistamos al popular investigador italiano, cuyo clásico libro Atlántida acaba de ser reeditado por primera vez en nuestro idioma.

Hace 2.400 años un filósofo griego de nombre Aristocles daría lugar, sin saberlo, a uno de los mitos universales que más tinta harían correr a lo largo de toda la historia de la humanidad. Ese filósofo sería conocido como Platón y la leyenda que recogió en sus textos se dimensionaba en un único lugar: La Atlántida.

En sus diálogos, Timeo y Critias, el sabio helénico describía con todo lujo de detalles -o más bien transcribía lo que le contó su maestro Solón-, una hipotética isla -o archipiélago- localizada "más allá de las columnas de Hércules", en la que habitaba una avanzada civilización talasocrática e imperialista, que habría dominado buena parte del mundo unos 9.000 años antes. Según Platón, esta cultura atlante, de la que habrían bebido pueblos como el egipcio o el griego, desapareció fulminantemente, debido a un gran cataclismo, que el sabio atribuía a la ira de los dioses.

Numerosos historiadores clásicos -desde Heródoto, Estrabón o Pomponio Mela, hasta Tucídides, Plutarco o Proclo- han referenciado el mito de la Atlántida en sus escritos. Aunque hasta hace pocos siglos esta leyenda clásica no parecía más que una construcción intelectual puesta al servicio de la utopía platónica, a finales del siglo XIX, el mito resurgió y algunos investigadores comenzaron a preguntarse si esta historia no escondría algo de cierto. La Atlántida se ha situado en infinidad de lugares: cerca de las Azores, en el archipiélago de Santorini, en la Antártida, en Groenlandia...

En Atlántida: el misterio del continente perdido (Luciérnaga, 2018) el investigador italiano Roberto Pinotti revisa el mito de la Atlántida y aporta su particular visión sobre el mismo. En esta reedición -primera vez que se publica en castellano-, perteneciente a la colección Ocultura que dirige el popular escritor Javier Sierra, Pinotti deja claro que, para él, el mito de la Atlántida no es una invención de Platón, sino que se basa en una historia real, sobre un "archipiélago" tangible situado en el Océano Atlántico, en el que habitaba una cultura avanzada, y que se hundió en las profundidades debido a una colosal catástrofe, que la hundió miles de metros bajo la lava y el fango.

Hoy charlamos con él:

Si tuviera que volver a escribir este libro, ¿lo haría de la misma forma y barajaría la misma hipótesis?

Más o menos. Aunque nada impide que en el futuro escriba un segundo volumen, porque evidentemente en estos 20 años han aparecido nuevas pistas vinculadas a este asunto, si bien todas coherentes con la hipótesis fundamental del libro.

En estos últimos dos siglos se ha situado la Atlántida en infinidad de lugares, desde la isla griega de Santorini a Groenlandia, pasando por el Sáhara. ¿Por qué se sigue inclinando por la hipótesis clásica que coloca la mítica isla en el Océano Atlántico?

Es una interpretación clásica hasta cierto punto. Muchos piensan que la Atlántida fue un gran continente, pero esto nunca fue así. Es mucho más probable que se tratase de un archipiélago. Y en el Atlántico se da una situación coherente con este escenario. Debemos partir de la premisa de que en la época glacial existía una masa enorme de agua retenida y el nivel del Océano era mucho más bajo que el actual. Aunque ignoramos si el deshielo de los casquetes polares fue repentino o se produjo de forma lenta. Lo cierto es que en el Atlántico tenemos muchas islas con una gran actividad volcánica. En Islandia, por ejemplo, emergen islas de manera momentánea y permanecen ahí un breve periodo de tiempo antes de volver a ser engullidas por las aguas. El Teide, en las Canarias, las Azores o Cabo Verde también son ínsulas de naturaleza volcánica.

¿Por qué cree que la Atlántida se ha situado en tantos lugares diferentes?

Probablemente la razón la encontremos en el mito del Diluvio Universal, cuyas leyendas cuentan que existió un mundo antediluviano anterior a esta gran catástrofe. Según Platón, el final de la Atlántida fue de hecho la última de las grandes catástrofes que asoló la Tierra. En el Timeo, Platón dice que su maestro Solón (al que a su vez se lo había dicho un sacerdote egipcio) le contó que la civilización griega era la más joven respecto a esa civilización desaparecida. Pero lo curioso es que este mito también existe en la América Precolombina. Un grabado maya, por ejemplo, recoge a un hombre que navega mientras otro hombre se ahoga frente a él y un pez muerto flota sobre las aguas. Al fondo, un volcán emerge del mar en erupción, y en una tierra cercana un templo piramidal colapsa por efecto de lo que parece un movimiento sísmico. Esto es la síntesis gráfica de la leyenda de Aztlán, la tierra madre de los aztecas, situada en el oriente (su oriente). En la lengua, de los aztecas la raíz 'Aztl-' significa agua.

En el libro considera que la existencia de monumentos piramidales a ambos lados del Atlántico es una prueba más del origen común de culturas como la egipcia o la maya, pese a estar separadas por miles de kilómetros y de años...

Las pirámides no sólo se han descubierto en Egipto o en los antiguos territorios de mayas y aztecas, sino que más modernamente hemos hallado construcciones de este tipo incluso en las islas Canarias, una tierra donde nunca arribó civilización alguna capaz de construir monumentos similares. De hecho los guanches siempre han sido tenidos como una especie de cavernícolas, que practicaban el pastoreo, que no sabían pescar y que le tenían miedo al agua. En las Azores también se han encontrado estructuras de este tipo, un lugar donde aún hay menos posibilidades de que una gran cultura los levantase. En tiempos recientes, mediciones de sónar han encontrado pirámides sumergidas. En Florida también conocemos el famoso muro de Bimini, que articula una especie de caminos de piedra rectos que discurren bajo el agua. Todo esto puede llevarnos a pensar que una catástrofe planetaria pudo afectar a la Tierra miles y miles de años atrás.

Sin embargo y por muy convincente que resulte, algún escéptico diría que este tipo de "evidencias" son pruebas indirectas o circunstanciales...

Nadie puede tener la pretensión de dar pruebas absolutas en este campo. El problema es que, pensemos que se trata de una mera leyenda o de una verdad incontestable, sí existen indicios que decantan la balanza a favor de que la Atlántida no es sólo un simple mito. Una objeción bastante banal consiste en afirmar que nunca se han encontrado artefactos relacionados con la hipotética cultura atlante, y, por tanto, esto indica que no existió tal cultura. Como recordaba recientemente un conocido periodista italiano, lo único que sobrevive al paso del tiempo es la piedra. Nuestras propias embarcaciones de hierro o acero se habrán desintegrado por completo en el curso de tres siglos...

Parece haber una evidente disparidad de criterios entre la arqueología oficial e investigaciones como esta. Por ejemplo, en el libro se afirma que las pirámides de Güímar habrían sido construidas con anterioridad al siglo XV, mientras que la comunidad científica data su construcción en el siglo XIX y la atribuye a campesinos...

El problema es que cuando se produce un descubrimiento suele relacionarse con aquello que se sabe, no con lo que no se sabe. El caso de la esfinge resulta paradigmático. La teoría clásica databa su construcción en el 2500 A.C., sin embargo, ahora, gracias al estudio geológico de su corteza, sabemos que fue erigida al menos 9.000 años atrás, puesto que el desgaste que presenta la roca sólo pudo ser posible en una época en la que llovía de forma frecuente en la meseta de Guiza. La ciencia oficial miente. Es una mentira total.

En las últimas décadas parece que ciertas disciplinas científicas, como la astronomía o la física cuántica se han abierto enormemente a nuevas posibilidades, antes relegadas a la pura especulación. ¿Por qué cree que no sucede los mismo con la arqueología?

La arqueología, por su propia naturaleza, trata los asuntos más viejos. Y por tanto, tiene más dificultad para cambiar. Además, quien se ocupa de la arqueología sabe poco de tecnología. El problema es que si no tienes claves de lectura que se escapen del campo en el que estás inmerso, es difícil que aportes algo nuevo. Pongo un ejemplo:

En los años cuarenta, en el museo de Iraq, un ingeniero alemán se dirige al director y le dice: "¿Sabe usted que tiene una pila eléctrica entre sus obras?". El director del museo se echa a reír. El alemán lo lleva donde se encuentra la pieza a la que se refería y le explica su funcionamiento, basado en el ácido cítrico del zumo de limón. Entonces vuelve a inquirir: "¿Por qué habéis catalogado como 'objeto de culto' algo que en realidad es una batería eléctrica?". Ningún arqueólogo tenía la capacidad técnica para interpretar esto en esa clave.

¿La solución pasa por la interdisciplinariedad?

Sin duda eso es lo más importante, pero también debemos tener en cuenta que los arqueólogos son como una pequeña casta. Y esto lo digo serenamente. En Italia tenemos egiptólogos muy buenos pero no tienen la capacidad de ver las formas de manera distinta y se limitan a traducir textos. Hoy existen traducciones del Libro de los Muertos hechas por arqueólogos que no tiene cátedra, en las que se describen como los dioses egipcios atravesaban una especie de pasillos, que hoy podríamos interpretar como agujeros de gusano, aunque, naturalmente no pensamos que esta sea "La Solución", pero al menos nos ayuda a entender que existen más claves de lectura aplicadas a otros conceptos. Si los expertos mantienen sus investigaciones en compartimentos estancos nunca se producirá un avance.

Volviendo a la Atlántida... usted afirma que varios factores intervinieron en el fin de este archipiélago: por un lado, el final de la última glaciación; por otro el impacto de un asteroide...

Sin olvidar la posibilidad de que ese impacto pudiera haber acelerado el deshielo... Si un cuerpo celeste hubiese impactado en el Atlántico septentrional, debería haber implicado la inmersión de algunas tierras, pero además hubiera provocado un tsunami planetario que habría dado tres o cuatro vueltas al mundo. Si en esa época existiese una civilización, digamos como la romana, habría regresado inmediatamente a la Edad de las Cavernas.

¿Descubriremos algún día la Atlántida?

El problema es que si era simplemente una cultura basada en la talasocracia y esparcida por el mundo, puede que nunca la encontremos. Hallaremos piedras que nos sugieran nuevas ideas, pero nada más. Si aún persisten estructuras más grandes, como las encontradas en Cuba, la tecnología podría ayudarnos, pero todo esto cuesta dinero y será necesaria mucha más inversión para acercarnos al archipiélago perdido.

Roberto Pinotti

Roberto Pinotti, sociólogo y periodista científico, ha trabajado a nivel internacional como investigador aeroespacial y asesor del SETI, el centro radio-astronómico de investigación de inteligencia extraterrestre.

Colabora con varios medios de comunicación periodísticos y televisivos, también en calidad de experto en ovnis y fenómenos insólitos.

Es autor de obras enciclopédicas en Italia, España y EEUU y de algunos best seller sobre el tema de los ovnis y de los alienígenas.