Opinión

Ultraeuropa abrazará a Ultraespaña en ardor guerrero

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Diego Medrano | Martes 09 de octubre de 2018

Salvini y Le Pen, rubia y barbado, casi un dúo musical, hombre y mujer, voces viejas y risa nueva, dan el paso adelante, salen del burladero y pisan arena firme, hablan claro para terror de todos. No están contra Europa sino frente a la Unión Europea. Hablan de cómo el enemigo mayúsculo del Club es Juncker junto a las poltronas mullidas de secuaces y palmeros. Lo que para otros son migraciones para ellos son invasiones. Son populistas: laicos, republicanos, no sexistas. Son Ultraeuropa, quieren estar fuera del tinglado la élite estamental y funcionaril de Bruselas (la mayor renta per cápita de restaurantes de toda Europa), donde los señorones de negro cobran en torno a veinte mil euros mensuales, entre cuatro y ocho mil los de más abajo, viven en su burbuja de restaurantes caros y mamoneo, ajenos al pueblo que pasa hambre y frío, pisan mucha alfombra roja y se beben hasta los floreros.

España recibe en Vistalegre (Jorge Vestrynge alude a la foto grupal como idéntica a la primera Alianza Popular) a su nueva Ultraespaña: VOX. También son antieuropeístas, monárquicos, católicos, machistas, xenófobos. Van contra dos objetivos muy específicos: 1) Las autonomías. Suprimir los varios y miles de estados de pitiminí que hay en el territorio nacional en pos, sospechamos, de Una, Grande y Libre. 2) Las migraciones, también para ellos invasiones, y cuya solución no debe ser otra que las deportaciones. Podría haber un matiz semántico, anteriormente puesto en solfa: VOX son rigoristas; Le Pen y Matteo Salvini, populistas. No obstante, el vaticinio está sobre la mesa: Ultraeuropa abrazará a Ultraespaña y también a Ultrabrasil (Bolsonoro) en una merma incontenible de los partidos tradicionales.

Pablo Casado habla de su electorado como de “todos aquellos sitos a la derecha del PSOE”. Está muy equivocado. La tarta, en tales latitudes, está cortada ya en tres trozos: PP, Ciudadanos y VOX. Hay una similitud entre VOX y Podemos: los segundos no querían formar parte del PSOE sino ser el nuevo PSOE, así los primeros con respecto al PP. Casado tiene al enemigo dentro, que es VOX, y la fragmentación sabemos bien a lo que conlleva, dispersión del voto, pero la ciudadanía está muy cansada. Corrupción y mentiras, llevárselo calentito en fajos, no cumplir aquello que se promete, la impunidad absoluta o chulería frente a jueces e instituciones, es lo que más enerva a las masas de votantes, gentes de bien, ajenos al latrocinio y ahora dispuestas a cerrar filas a favor de vientos nuevos donde no se les tome el pelo y se hable claro. Bárcenas, Ratos, sobres blancos, Granados, áticos en Marbella y demás… han destrozado el PP; respecto al PSOE es la fuga, la huida de los jóvenes de izquierdas a Podemos: no quedará ni el apuntador.

¿Qué es la democracia? Unos señores haciéndonos sus profecías, mostrándonos sus prospectivas, sacando la bola de cristal y explicándonos con el dedito cómo va a cambiar el mundo. Al otro lado, el auditorio de civiles, ajenos a los visionarios, que creen en la papeleta de éste o el otro, según las explicaciones dadas, y así meten la papeleta en aquella urna destinada a la ilusión y al esperanza. ¿La realidad? Si en cuatro años el partido votado, sea el que sea, no hace nada de lo prometido, al ciudadano común no le queda más que joderse y esperar otros cuatro años para otra papeleta. ¿Es esto una democracia seria? Desafección, asco, desapego… la gente no se cree nada. Lo que más desespera es ver a los votados entrar uno tras otro en la cárcel por justo eso: robar mientras el pueblo las pasa canutas y sufre, mientras el trabajador o empresario suda mucho para ganar lo que gana y ayudar a segundos o terceros, amigos y familiares.

Llegan los partidos radicales, tal vez el fantasma del fascismo al fondo, sobre caballo blanco y con la guadaña afilada, porque el pueblo está cansado de mentiras y de políticos que viven muy bien, golfean hasta lo inesperado, no resuelven nada y el estado de bienestar desaparece, enferma, es ya mucho más que un moribundo agónico. Partidos radicales –nadie repara en ello- puede tener a trabajadores o precariado como votantes inesperados –pasó con los nazis y seguirá pasando: ¿no hubo obreros de derechas que votaban a Franco entregados?-. La gente está harta de palabras, política pusilánime, efluvios y palabras bonitas, flatus vocis, y quiere leña, mano dura, otro lugar donde ser felices ellos primero –solo ellos- mientras el trabajo –como ha sido siempre- posibilita felicidad, futuro, prosperidad. Las voces radicalizadas –pocos caen en ello- traen consigo la urgencia y eso es una inyección de adrenalina para el votante, harto de trileros embaucadores.