HOTEL-restaurante
Jueves 24 de julio de 2008
Un Castillo del siglo
Se trata de un antiguo castillo del siglo XVI, en cuyas mazmorras estuvo encerrado más de un obispo. Pero hoy, adosado a esta parte antigua, exhibe un edificio totalmente nuevo, con habitaciones y suites fantásticas. Tiene también uno de los mejores “spa” de Europa y ofrece la posibilidad de practicar toda clase de deportes, incluido el vuelo en globo. Un servicio amable y muy profesional. Un entorno de lujo tanto en lo que atañe al diseño como a la arquitectura, la decoración, la belleza del paisaje o la defensa del medio ambiente.
Por otro lado, la compañía, pues me llevó al Castell uno de los grupos gastronómicos más singulares que existen en España, los ya famosos “Casacas Rojas” (que promovió y coordina José Vilaseca), que iniciaron su andadura hace unos años en una cena en El Bulli, el restaurante de Ferran Adriá en l´Empordá.
Casacas Rojas
En la actualidad y sólo en lo que va de año han organizado cosas mucho más espectaculares como un partido de fútbol entre cocineros, sumilleres y “Casacas Rojas”. El partido (o, más bien, los partidos, pues fue un campeonato) tuvieron lugar en el campo de fútbol del Real Club Deportivo Español, como si todo fuera en serio. Los ganadores fueron los sumilleres, seguidos de los “Casacas Rojas”.
También nos convocaron a una velada excepcional de comida y bebida en El Celler de Can Roca, en Girona, que recientemente ha cambiado de sede, a pocos metros de la antigua; una cata con el subcampeón del mundo de Sumillería, el catalán Roger Viusá y también una cena sorpresa, preparada en exclusiva por Pedro Morán y su hijo Marcos, de Casa Gerardo de Prendes, el único tres soles de Asturias. Y para el futuro, anuncian también la celebración de otra cena sorpresa en El Bulli, lo que sería una especie de vuelta a los orígenes.
Comer con los “Casacas Rojas”, es una verdadera delicia, llena, además, de sorpresas. Cada vez que aparecen hay algo que vale la pena, gastronómicamente hablando, y tienen como norma gritar a coro “Festival”. Y, efectivamente, una comida o una cena con los “Casacas Rojas” se convierte en un festival y una fiesta.
Una cocina excelente
Pero volvamos al inicio de este artículo, para la apoteosis final, que fue precisamente la comida que tuvo lugar en El Castell, al frente del cual está Jaume Tapies, quien regenta el hotel junto a su familia y es, nada más y nada menos, que el presidente mundial de la prestigiosísima cadena Relais & Chateaux. Por cierto, que la primera decisión que tomó al asumir este cargo fue cambiar el nombre de Relais Gourmand que tenían los restaurantes de la cadena por el de Grands Chefs de Relais & Chateaux. De esa forma, pueden tener la categoría de “paraísos gastronómicos”, establecimientos que, además de restaurantes, son también hoteles.
En mi opinión, Jaume Tapies ha convertido El Castell en uno de los lugares de referencia a nivel internacional y, sin duda, en uno de los 10 mejores Relais & Chateaux del mundo. Y además, tiene uno de los Grands Chefs de Relais & Chateaux. Un francés, Erwan Lonaisil, discípulo de Alain Ducasse, que es capaz de interpretar la cocina catalana, modernizarla y recrearla pero manteniendo siempre no sólo la materia prima sino también el espíritu de las raíces de la tierra.
Nuestro almuerzo consistió en un aperitivo de bienvenida y, a continuación, panceta de ternera de leche prensada con trufa de verano y tomate antiguo; abalón de las costas de Bretaña con crema de patata yodada y emulsión de ceps; pez de San Pedro con manteca de marialuisa; lomo y costilla de cordero lechal con couscous; queso de cabra del Alt Urgell con ravioli transparente de olivas; melocotón de viña con canela y yerba limonera; y albaricoque, “menjar blanc” y almendras.
Dos ambientes
El Castell tiene también una excelente bodega y la posibilidad de comer en dos ambientes diferentes. Uno más sencillo, tipo cafetería, con un menú relativamente barato, con grandes vistas sobre el valle de la Cerdanya. El otro, el restaurante gastronómico, algo más caro, pero que realmente consigue que valga la pena el viaje. Por tanto, unos días en El Castell, un fin de semana, tan sólo una jornada o, como yo hice, simplemente un antes, un almuerzo y un después, merecen la visita.
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