Eric Cantona se ha salido en múltiples ocasiones de su estatus de futbolista de élite. Y no sólo en aquella ocasión en la que respondió a una provocación de un aficionado con una patada de karate. El icono del Manchester United, previo a la explosión de títulos cocinada por Alex Ferguson, se ha pronunciado sin cortapisas en un puñado de asuntos de índole política que han afectado a su país, a naciones del continente americano y se ha posicionado sobre la desigualdad económica. Ha usado su altavoz de deportista para lanzar mensajes que exceden a lo balompédico.
Y en esta línea de compromiso con sus convicciones ha publicado el talentoso atacante una carta en el sitio web estadounidense The Players Tribune, en el que los protagonistas deportivos tiene vía libre para expresar sus sentimientos y testimonio sin filtros. En ese formato ha confesado Cantona un suceso de su pasado más íntimo y una decisión que da apoyo a la iniciativa solidaria puesta en marcha por el español Juan Mata, del United, llamada Common Goal.
Arranca su relato, titulado ¿Cuál es el sentido de la vida?, el francés del siguiente modo: "Necesito contar una historia que ha marcado todo lo que soy. Pasó antes de que naciera. Mi abuelo materno era de Barcelona y luchó contra Franco hasta el amargo final. Al final de la guerra, estaba perseguido y tenía apenas unos minutos para escapar antes de que los Nacionales capturasen la ciudad. Antes, pasó a buscar a su novia y le preguntó si le seguiría. Ella aceptó. Era mi abuela".
La narración explica cómo sus abuelos se exiliaron de España en 1939, casi al término de la Guerra Civil, rumbo a Francia, lugar en el que pasaron a asumir la categoría de refugiados. "Ellos llegaron a un campo de refugiados en Argelès-sur-Mer. ¿Te imaginas que los franceses les hubieran echado? Pero no, tuvieron compasión. Mis abuelos llegaron sin nada y tuvieron que empezar otra vez", prosigue antes de apuntar que sus abuelos pudieron ganarse la vida trabajando en Marsella, ciudad en la que Cantona nació.
Además, el exjugador subraya que descubrió a su abuelo en una exposición de fotografías de Robert Capa, famoso fotógrafo que cubrió la Guerra Civil española. "Cuando la exposición llegó a Francia llevé a mi madre y ahí estaba. Le pregunté si era él y me dijo que sí", describe sobre la ançecdota. Y, de inmediato, salta de la rama materna a la paterna. En ese punto resalta que su otro abuelo construyó su casa con sus propias manos toda vez que regresó de servir en la Segunda Guerra Mundial. "Necesitaban un sitio para vivir. La unica cosa que tenían para calentarse era una cocinilla. Suena como un mito pero existe una fotografía del invierno del 1956 con mis abuelos y mi padre dentro de la cueva (afirma que sus abuelos paternos y su progenitor vivieron dos años en una cueva)".
El característico delantero marsellés pasa, entonces, a atestiguar la clave de su actitud sobre los terrenos de juego. Cuenta en el escrito que su padre era enfermero en un hospital psiquiátrico para cuidar a su tío, un preso durante la Segunda Guerra Mundial que sufría problemas mentales al volver de la batalla. "Cuando la gente me pregunta por qué jugaba como jugaba, esta es la respuesta. El fútbol le da sentido a la vida, pero la vida también le da sentido al fútbol".
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Y la segunda parte de la misiva comienza con estas líneas: "Estamos viviendo tiempos de pobreza, guerra e inmigración. Hay mucha gente en el mundo que no puede comprar un balón y otra tanta que puede pagar 200 euros para ver un partido de la Premier League. El fútbol aporta muchas enseñanzas en la vida pero este modelo de negocio del fútbol ignora a gran parte del mundo. Los barrios pobres necesitan al fútbol más que el fútbol a los barrios pobres. Necesitamos defender un fútbol sostenible, positivo e inclusivo". De esta manera presenta Cantona su afiliación a Common Goal, el proyecto solidario de Juan Mata por el que los futbolistas se comprometen a donar el 1% de su sueldo
"El fútbol debe ser de la gente. Todos, ricos o pobres, inmigrantes o de décima generación, encontramos la misma alegría en este juego. Hablamos el mismo idioma. Sentimos las mismas emociones. ¿Qué es el fútbol si no libertad? ¿Qué es la vida sin libertad? ¿Cuál es el sentido de la vida? Pienso que todos podemos ayudar para conseguir más humanidad. Ahora sabes mi historia. Vengo de una familia de inmigrantes y rebeldes, de soldados y trabajadores" sintetiza Catona, que se despide compartiendo su gozo de cuando jugaba, siendo niño, "con un balón hecho de calcetines", y con lo primero que hizo al jubilarse del deporte profesional: "Cuando me retire a los 30 años, ¿sabéis que hice? Una cosa muy especial para mí: Me fui a vivir a la ciudad que mis abuelos tuvieron que dejar en 1939. Me fui a vivir a Barcelona".