El eje del sistema de la Transición es la Monarquía parlamentaria, como en Dinamarca, Holanda o Noruega. La Corona evitó en 1976 la colisión entre el pueblo que quería el cambio y el Ejército vencedor de la guerra incivil que se mantenía en el inmovilismo. La posición incontrovertible de Don Juan en su largo exilio y la decisión de su hijo Don Juan Carlos de sumarse a lo que su padre siempre defendió, estimularon el gran acuerdo transacional que permitió trasvasar a la nación española desde la larga dictadura de cuatro décadas a una democracia pluralista plena garantizada por la Monarquía de todos.
Hace cuatro meses se impuso en España la mayoría parlamentaria del Frente Popular ampliado que respaldó, en la moción de censura, a Pedro Sánchez, al frente de un Gobierno deudor de facturas infumables que el líder socialista está pagando con escándalo generalizado de la opinión pública. Los antisistema, liderados por Pablo Iglesias, se han dado cuenta de que la fórmula segura para liquidar el sistema consiste en erosionar la figura del Rey, puesto que la Monarquía parlamentaria es el eje de la Transición. Con la complicidad más o menos consciente de Pedro Sánchez, los podemitas han llegado a proponer al Congreso, con el apoyo de los partidos del Frente Popular ampliado, la impunidad a todos los que deseen insultar al Rey. El Estado de la Transición se desmorona y quien debiera enfrentarse al derrumbamiento está dispuesto a contemplarlo sin rechistar con tal de seguir disfrutando de la silla curul monclovita.