Opinión

Olvido, perdón y verdad

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Miércoles 24 de octubre de 2018

La Constitución del 78, supuso la reconciliación de los dos bandos que se habían entregado a una guerra salvaje. Y esa reconciliación no se eligió sobre ninguna falsedad, como pretenden hoy quienes se niegan tozudamente a reconocer aquél acuerdo: la extrema izquierda, los separatistas, un Sánchez desnortado e incluso alguna derecha que parece no haber comprendido en qué consistió exactamente la reconciliación nacional.

Esa reconciliación se asienta en dos pilare básicos: el olvido y el perdón (el " no olvido ni perdono" es lo contrario de la reconciliación), y la verdad sobre lo sucedido desde la Segunda República, sin preterir que hubo una Primera República que estuvo a punto de destruir España. Esta verdad no puede traducirse en ninguna Ley de memoria histórica, ni de la izquierda ni de la derecha. Hacerlo significa tergiversar el relato de los hechos para ganancia electoral. Son los historiadores quienes tienen que encargarse del relato de los hechos. Pero hay hechos y verdades incontestables que ningún historiador, si no es de mala fe, podría negar. Y para ello no hace falta ninguna Comisión orwelliana de la verdad.

La izquierda, que condena ahora el franquismo como el mal absoluto, comete adrede dos errores: uno, hablar de un dictador que dio un golpe de Estado en una República legal, sin tener en cuenta el contexto europeo e internacional de antagonismo entre comunismo y fascismo. Y por otra parte, sin tener en cuenta que la República nace de un golpe de Estado contra la Monarquía, pues las elecciones que la proclaman eran simplemente municipales y además perdidas en conjunto por los republicanos. Además hay un intento anterior de golpe de Estado en el 34, aparte del de Companys, e incluso historiadores de prestigio acaban de demostrar que el Frente Popular no ganó las elecciones del 36. El engaño sobre estas cosas amenaza también a ciertos autores supuestamente de derechas.

Así, A. Pérez Henares, en una Tercera de ABC, titulada "La ley de mentira histórica", dice tranquilamente que " hubo una legalidad republicana y contra ella un golpe de Estado militar". En sentido estricto, como he dicho, no era legal, sino que surgió de un acto revolucionario.

En todo caso, si los historiadores discuten sobre los hechos, ello no puede servir de coartada para volver a abrir viejas heridas cerradas por acuerdo en el 78. La Dictadura de Franco, según otros mero régimen autoritario, no surge por arte de magia como pretende una izquierda que quiere ganar el relato de una guerra perdida, declarándose la víctima del verdugo, sino que surge de una terrible guerra incivil, y esta de una república insostenible. Condenar ahora a la gente de uno de los bandos de la guerra y absolver a los jefes del otro bando no es precisamente buscar la reconciliación, porque la condena del franquismo es la condena de un bando al que se declara culpable, mientras se declara inocente al otro bando. Y eso no es reconciliación sino caradura.

Por cierto, ya es hora de ocuparnos de los vivos, como enseña la conseja bíblica, y dejar en paz a los muertos. La dignidad de los cadáveres no está en el lugar donde yacen, sino en lo dignas que hayan sido sus vidas. La exhumación de los restos de Franco solo es un acto simbólico por el cual la izquierda, si es que sabemos ya lo que es eso, quiere ganar el relato de una guerra que perdió. Por eso, está bien que en el artículo citado antes A. Pérez de Henares, se malicie que "tras desenterrar al Dictador lo que se pretenda es enterrar la Reconciliación y la Constitución".