Opinión

Visita indeseable

Martín-Miguel Rubio Esteban | Jueves 24 de julio de 2008
España se ahoga con la plúmbea y fétida fatuidad retórica del castrista derviche bolivariano, gran muftí de Venezuela. ¿Cómo se le ha ocurrido al Gobierno invitar a este logorreico papanatas ordinario que tras haber insultado repetidamente a nuestro Jefe de Estado se sigue mostrando recalcitrante en sus ataques e invectivas contra los más honestos políticos que nos quedan y que jamás su megalómana soberbia de virrey hispánico le permitirá disculparse? ¿Ya no hay etarras en suelo venezolano? ¿Ya no hay contactos entre Venezuela y las FARC?

La debilidad de nuestra política exterior raya ya en una desidia culpable que traiciona los intereses y el honor de España. No es la primera vez que se pueda llegar a una política criminal por pura debilidad mental y moral. La debilidad del poder no sólo no atenúa los errores del propio poder, sino que lo deslegitima. Un poder débil es un oxímoron político.

Lo que verdaderamente nos debe preocupar a los ciudadanos ante esta visita indeseable es que el actual modelo venezolano no se reproduzca en ninguna parte del mundo. Por lo menos que no se implante en España, claro.

Pero si le ha pasado esa desgracia a Venezuela, a cualquier país le puede pasar. No ha mucho Venezuela llegó a encontrarse entre los diez países más poderosos del mundo (tres mil dólares per cápita en 1979, con diferencia el país más rico entre los hispanos ), los urbanistas que diseñaron Caracas fueron los adalides del modelo urbanista de todas las grandes ciudades del mundo. Venezuela fue la tierra de políticos honestos como Raúl Leoni o Rafael Caldera. De magníficos escritores como Andrés Bello, Ildefonso Aguinagalde, José Mª Salazar, Rafael Baralt, Eduardo Blanco, Nicanor Bolet Peraza, Arístides Rojas o Juan Vicente González. Cuatrocientos mil españoles encontraron en Venezuela entre 1950 y 1970 una verdadera tierra de promisión y ventura en donde consiguieron la acogida y la fortuna que les negaba la patria y así ayudaron también al engrandecimiento de Venezuela. Es decir, si Venezuela con ser Venezuela ha caído en ese primitivo morbo del chavezismo, nosotros no estamos libres de caer en eso o incluso en algo peor.

Mas lo peor de Hugo Chávez, con diferencia, son sus interminables discursos con los que castiga a su pueblo de modo despiadado e inmisericorde. Algún día algún Petronio venezolano tendrá que mandarle también un “flagitia principis” en el que aconsejará al caudillo de camisa roja que puede seguir conculcando las libertades del pueblo, empobreciendo a la rica Venezuela, aniquilando a sus enemigos políticos, cerrando televisiones privadas, pero que por caridad y mínima filantropía no siga pronunciando discursos.

Es curioso que llegue a España el día 24 de julio, día en que Venezuela celebra el nacimiento de Simón Bolívar. Tuvo Bolívar eminentes maestros, entre los que destacan el filólogo Andrés Bello y el extravagante pedagogo rusoniano Simón Carreño. El pequeño Bolívar actual no tiene la cultura del gran Bolívar, aunque la suya es muy superior, desde luego, a la de su homólogo español. Eso es seguro, pero tampoco tiene mucho mérito, la verdad.

Bolívar, en Madrid, fue compañero del príncipe de Asturias en el juego de la pelota. Pero Chávez insulta al Rey de España. Bolívar fue masón, y Chávez está construyendo la Iglesia Nacional Venezolana con algunos sacerdotes anglicanos y un sacerdote católico tránsfuga. Bolívar contaba con el encendido apoyo de los EEUU e Inglaterra, pero Chávez cuenta con el apoyo de Castro y Zapatero. Bolívar murió en el exilio, odiado por su país. A lo mejor Chávez también.

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