Esta historia que les voy a contar es imposible de silenciar. Los santos están que trinan e incluso el Santo Job, que conocido es por su inigualable paciencia, dice estar en tratamiento médico. La cosa es para tenerla en cuenta si sacamos lo mejor de nuestra forma de actuar para con ellos. Hoy en día el gremio de los venerables no es ajeno a los tiempos que acontecen. Se sienten manipulados, perseguidos, poco considerados por la curia romana y muy mal pagados por la sociedad actual.
Hace unos días asistí a una conferencia convocada por San Pedro. El tema principal “El ocaso de los Santos” Mi calidad de aprendiz de buenas intenciones se vio colmada al verme en medio de tanto bienaventurado. “En otros tiempos hubiera sido mejor el encuentro, ahora estamos en una crisis existencial que va a peor cada nuevo día” -me dice San Juan. Yo me limito a tomar mis apuntes porque mi artículo semanal exige de un contenido honroso.
Cuando San Pedro tomó la palabra se le vio cansado y abatido. De hecho ha pedido la jubilación anticipada, pero no hay manera. Su cotización como autónomo es un fiasco. Él mismo lo dice: “Compadezco a todo aquél que esté en idéntica circunstancia que la mía” Y no es para menos. Cuando él habla en primera persona lo hace en representación del colectivo sacrosanto. Según mis fuentes a lo único que tienen derecho es a la prestación no contributiva. –me apunta alguien por detrás.
-A lo mejor es algo de tiroides- le digo a San Juan. “No, no creas, San Pedro ya no es ni su sombra” Cierto es que la pléyade de santos y santas atraviesa por momentos muy difíciles. En otros tiempos el aforo estaría completo. Hoy la convocatoria no ha tenido el éxito esperado. En la mesa de ponencia está San Pablo, cabizbajo, ausente. Toma la palabra: “Tengo que daros una muy mala noticia, a Moisés le han confiscado las tablas de la ley” Los piadosos allí reunidos no daban crédito.
Las Tablas de la Ley, que como ustedes saben, es el equivalente a la norma suprema del ordenamiento jurídico español, a la que están sujetos todos los poderes públicos y ciudadanos de España, es decir, la Constitución Española, por cierto, que algunos se guardan en darla un uso de toilet paper, pues resulta que las causalidades se emparejan. Moisés sin sus diez mandamientos y los españoles sin el respaldo de la Carta Magna.
-¡Esto es un auténtica vergüenza! –exclama Santo Tomás que pide la palabra. “A mí todo esto me suena a una nueva maniobra en contra de la cristiandad” ¡Se la quieren cargar a toda costa! San Pedro se mesa la barba al tiempo que hace un movimiento negativo con la cabeza. -¡Qué hable San Juan!, -demandan algunos. “Si algo detesto es tener que decirlo, pero el Vaticano nos está dando de lado” Cerrada ovación. “Nos persiguen allá donde vamos e incluso nos tachan de fachas” Vuelven los sonoros aplausos. “Llevamos mucho tiempo esperando una audiencia sin ningún éxito, sin embargo para recibir a la vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo, no existe problema alguno” -¡Por Dios bendito, la iglesia católica en ese juego de la mentira y la doble moral! ¡Es el colmo! –vocifera Santo Tomás.
San Pedro pide mesura. La conferencia sube de tono. ¡A estas alturas a quién le importa los huesos del dictador! “A mí me da igual Franco que los huesos de Herodes” –replica San Judas Tadeo. En medio de tanta barahúnda toma la palabra Santiago el Mayor: “Hoy en día, por no tener no tenemos ni a aquellos o aquellas que quedaban para vestir santos. Una desgracia.
San Pablo recuerda a los presentes que el decomisado de las tablas de la ley obedece a una manipulación contra la libertad de expresión. “Los populistas tratan de hundirnos. Dicen que formamos parte del Ibex35 y que somos casta privilegiada”. San Mateo aprovecha un claro y apostilla: “A este paso nos sacarán del santoral. Capaces los veo de cambiar el día de San Damián de Molokai para dedicárselo a Marx o a Lenin” Tras un pequeño silencio, San Pedro advierte a los presentes: “Feo panorama el nuestro, nos van apartando de tal manera, que ya ni Santa Bárbara nos libra de las tormentas como antaño solía hacer”. En fin, levantada la sesión con tan pocos ánimos ni tan siquiera hubo una copa de vino español. Una vez en la calle nada había cambiado, la gente con su desafecto habitual pero poseída con la noticia de la destitución de Lopetegui. San Florentino también tiene lo suyo.