Viernes 25 de julio de 2008
El desmantelamiento por parte de la Guardia Civil del complejo “Vizcaya” ha dado al traste con los planes de la banda terrorista, consistentes en causar la mayor destrucción posible. Uno de sus objetivos era el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska, quien se ha distinguido en más de una ocasión por su valentía frente a Eta y su entorno. Además, se ha descubierto un zulo en la localidad riojana de Ezcaray, donde la banda terrorista guardaba armas y explosivos, así como un arsenal de herramientas destinadas al robo de coches. Por si esto fuera poco, se ha sabido que estaba en ciernes la inminente comisión de un gran atentado en Guecho -Vizcaya-.
Nada nuevo. Lo que ahora sabemos es lo que aflora cada vez que se detiene a un comando. Comando entre cuyos miembros o colaboradores suele haber gente del brazo político de Eta, llámese EH, PCTV o HB. Poco importan las siglas; sí, en cambio, su vinculación directa al entramado terrorista. Y todo esto lleva sucediendo desde hace demasiados años. Los mismos que las formaciones nacionalistas mal llamadas moderadas (porque el ser pacíficos no los convierte en moderados) llevan apartando la vista hacia otro lado, y considerándolos como una suerte de hijos pródigos algo díscolos en sus métodos. Pero hijos, a fin de cuentas, y con quienes además comparten fines. Una de las conclusiones extraídas del reciente encuentro entre Zapatero y Rajoy ha sido la vuelta a la unidad en la lucha antiterrorista. Da la impresión de que al Gobierno se le ha caído -al menos de momento- la venda de los ojos, y se ha dado cuenta de que tantos años de muerte y destrucción dejan bien a las claras la voluntad del nacionalismo radical. Aquel argumento de que “había llegado el momento de que la izquierda abertzale diese un paso al frente” ha quedado por fin evidenciado por unos hechos que son tozudos: Eta seguirá matando mientras siga existiendo. Y Eta no son sólo los comandos, sino sus informantes, concejales, simpatizantes, personas dispuestas a justificarlos y nosotros a tolerarlo; si nosotros, en la medida -considerable- que Eta se financia de nuestros impuestos. Por eso es una excelente noticia que los dos grandes partidos nacionales se hayan puesto de acuerdo en una cuestión de estado de la trascendencia que supone derrotar al terrorismo. Con unidad será más fácil: debemos -de nuevo y para siempre- enviar a Eta el mensaje que gobierne quien gobierne su suerte está echada.
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