Nacional

La hora de la libertad en España

(Foto: Flickr).

MANIFIESTO LIBERAL

Foro Liberal | Domingo 04 de noviembre de 2018

El Foro Liberal organizado por la Asociación Estudios de Axiología desde 2015 se ha convertido en referencia principal del debate sobre España, Europa y la libertad. En la más honda tradición del liberalismo -ya decía Marañón que “Ser liberal es estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo y a no admitir jamás que el fin justifica los medios”- sus dos días de reflexión dan cita a conferenciantes y asistentes empeñados en la reflexión sobre los desafíos de nuestro tiempo. En 2015, se acometió la cuestión de la libertad económica y sus derivadas políticas. Los intentos de imponer un falso igualitarismo terminan conduciendo a las atrocidades de los regímenes totalitarios: la pobreza generalizada, los Estados policiales, los campos de concentración. En 2016, fueron los logros del liberalismo los que invitaron a pensar sobre esta forma de ver el mundo que estriba sobre la libertad del ser humano y sobre la dignidad de la que nace. En 2017, la búsqueda de las raíces del liberalismo español remontó a los asistentes hasta el pensamiento político de los siglos XVI y XVII con toda su doctrina sobre economía y política desde la fijación de precios hasta los justos títulos para la conquista del Nuevo Mundo.

Esta vocación de hacer frente a los desafíos del presente y el futuro desde la altura del tiempo y la profundidad del pensamiento convoca una vez más a los invitados a este Foro Liberal 2018. Los acontecimientos de la política española del último año -desde la tentativa golpista en Cataluña hasta la moción de censura que llevó a un cambio de gobierno- imponen una reflexión serena sobre lo que está pasando en España, es decir, sobre lo que nos está pasando. Ya advertía Ortega en “Meditaciones del Quijote”, que fue su primer libro, que “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” teniendo en cuenta que él no se refería sólo a las condiciones materiales de la vida, sino a su trasfondo espiritual e histórico. Comprenderse a uno mismo exige comprender las coordenadas de tiempo y espacio en las que le ha tocado vivir.

En primer término, es preciso, pues, detenerse un instante a pensar qué está ocurriendo en España. Dos exigencias tiene esta reflexión. La primera es la serenidad. La segunda, la profundidad. La calma necesaria exige cierto silencio que permita escuchar los argumentos y las razones que explican la actual hora de España: el auge de los separatismos, la confusión moral, el desprecio del individuo parejo al ascenso de los colectivismos, el retroceso de la categoría de ciudadano frente a las políticas identitarias, las utopías tecnológicas, la proliferación de la pseudociencia y las noticias falsas y tantos otros problemas sobre los que aletea ese miedo a la libertad que actuó como una de las fuerzas motrices a lo largo del siglo pasado.

La profundidad requiere cierta claridad moral para distinguir lo inadmisible en razón y justicia: la demagogia, la mentira, la trampa intelectual y la frivolidad emotivista. El liberalismo se aferra a la razón como el náufrago a una tabla. Sin la propaganda, es incomprensible lo que está sucediendo en España y Europa, desde el auge de los populismos y los nacionalismos hasta las amenazas a la libertad de expresión o la imposición de modas culturales. Esta opción por la razón y el diálogo frente al sentimentalismo lleva el sello indeleble de las Cortes de Cádiz y la mejor tradición española, que legó al mundo el mismo término que nos congrega: “liberalismo”.

El liberalismo patrio descree hoy de las revoluciones y opta por las reformas. Desconfía de los salvapatrias y prefiere no entusiasmarse ante los exaltados. Toma una sana distancia tanto de los absolutismos que asfixian al individuo como de las ideologías revolucionarias que, so pretexto de liberar al ser humano, terminan encerrándolo en prisiones o matándolo al borde de un camino. El liberalismo español es transversal en esa dicotomía algo engañosa de las izquierdas y las derechas. Baste como referencia del debate el brillante “Las tribus liberales: Una deconstrucción de la mitología liberal”, de la profesora María Blanco, conocedora profundísima de este pensamiento laberíntico que se va separando en meandros desde los anarco-capitalistas hasta los liberales conservadores.

Por eso, es bueno reunirse una vez al año para regresar a las esencias: la libertad, la razón, el poder limitado, el imperio de la Ley y, en suma, la dignidad intrínseca de todo ser humano. Detengámonos aquí un instante.

El liberalismo español bebe de los veneros del pensamiento y la tradición de la Iglesia católica. De aquí brotan ideas como la legitimidad del tiranicidio o la idea de que el Estado debe servir a los ciudadanos y no al revés. El Foro Liberal de 2017 hizo una aportación valiosísima al recordar a Francisco Suárez, Agustín de Castro, Juan Ginés de Sepúlveda y tantos otros. También en esto es necesario detenerse a pensar. Las propias raíces de Occidente se hunden en la tradición bíblica y en el pensamiento grecorromano, que cristalizan en la Iglesia durante la Edad Media. El liberalismo español de nuestro tiempo es, en general, renovador, pero no adánico. No cree haberlo inventado todo. Cuando se exalta, fracasa. No pretende una ruptura radical con el pasado, sino más bien un avance hacia el futuro. La exigencia de un poder limitado, por poner un ejemplo, se remonta a la propia discusión de los poderes de los emperadores y los reyes. En “Raíces cristianas de Europa”, Luis Suárez dejó apuntadas algunas de las contribuciones que hoy es necesario rescatar si queremos insuflar nueva vida en el liberalismo español de nuestro siglo.

El Foro Liberal destacó en 2017 la importancia de la América Española en su propia configuración histórica. Ahí está la Controversia de Valladolid (1550) como precedente de la reflexión sobre la legitimidad que deben tener los actos del Estado para ser válidos en Derecho. En un tiempo en que el poder de la Administración Pública, su capacidad recaudatoria y, en general, el control sobre los ciudadanos se incrementa a través de la burocracia, es necesario pensar sobre los títulos de legitimidad que exhibe a la hora de limitar la libertad de los ciudadanos. Sin la presencia de los españoles de ultramar en las Cortes de Cádiz, el propio liberalismo español hubiese nacido amputado. Toda reflexión sobre el futuro de España ha de tener en cuenta su vocación internacional y, en particular, la relevancia de Hispanoamérica en todas sus dimensiones.

Lo mismo cabe decir de Europa. Toda la cuestión del futuro de la Unión estriba en si ha de prevalecer la soberanía de los Estados o la cesión de soberanía que Bruselas exige en cada vez mayores parcelas de la actividad política, económica y cultural. Desde el Brexit hasta las discrepancias con los países del grupo de Visegrado -Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría- el debate sobre el poder de las instituciones de la Unión para imponer políticas a los Estados agita a las sociedades del continente. La contribución del liberalismo español a ese debate no es sólo necesaria: es imprescindible como alternativa que impida un desgarro de la Unión que resulte, finalmente, irreversible.

Esta misma reflexión, ha de hacerse en el plano económico. El Foro Liberal de 2015 subrayó la necesidad de un análisis científico-económico de las decisiones que se adoptan a la hora de distribuir los bienes y servicios. En aras de una pretendida igualdad que puede resultar inalcanzable, se sacrifica la libertad individual. El desprecio a la dimensión científica de la Economía termina produciendo una reiteración en errores que han empobrecido a millones de personas. So pretexto de alcanzar la justicia, se perpetran innumerables injusticias.

Al fondo de todas estas cuestiones, palpita el futuro de la unidad nacional que hoy está amenazada por el separatismo. El pensamiento liberal no puede cerrar los ojos ante este desafío que hoy pone en peligro la libertad misma en nuestro país. La alternativa a una España unida es el dominio de las ideologías identitarias, nacionalistas y totalitarias. España ha resistido hasta ahora estos ataques, pero en los últimos años han redoblado su fuerza y han cobrado nuevo ímpetu. También aquí el liberalismo tiene la responsabilidad histórica de tomar partido y superar la dinámica de banderías enfrentadas. César Alonso de los Ríos, fallecido en 2017, escribió en 1999 un libro esclarecedor sobre cómo hemos llegado a este punto: “La izquierda y la nación. Una traición políticamente correcta”. Allí decía: “ya he comenzado a adelantar un hecho, también definidor de nuestra situación: la seducción que los nacionalismos han ejercido sobre el PSOE e IU; si se me apura, la relación de subordinación que tienen respecto a los nacionalismos; su seguidismo como hemos podido comprobar por sus propensiones ideológicas y por su tendencia a pactar con éstos”.

Cámbiense las siglas políticas que se quieran, la actual coyuntura de España viene de aquellos años en que la unidad nacional dejó de ser un punto de consenso entre las principales fuerzas políticas de España. Atrás quedaba el tiempo en que Azaña recogía en sus “Memorias de guerra 1936-1939” (Grijalbo, 1996, p. 176) las palabras de Negrín en julio de 1937: “Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere, pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga pedir dinero y más dinero…”. Al año siguiente, el propio Azaña pediría “paz, piedad, perdón” en un discurso que haría célebre: “Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído magníficamente por una ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad, perdón”.

Hoy es necesario preservar la unidad nacional haciendo honor a la tradición del liberalismo surgido de las Cortes de Cádiz. El nacionalismo, el separatismo y las ideologías del odio a España son una amenaza para la libertad que debe ser conjurada. En 1986, Julián María escribía en “La libertad en juego” que “España ha alcanzado, en un plazo brevísimo de poco más de cinco años, un estado de libertad increíblemente amplio. Mejor dicho, esa libertad se logró -por inverosímil que parezca- en menos de dos años y quedó afianzada y legitimada en junio de 1977. Desde entonces, ha podido ejercerla, usarla, y al hacerlo, dilatarla, porque la libertad, por su propia naturaleza, es creadora, y se expande al ponerse en marcha”. He aquí la herencia necesitada hoy de una defensa firme y sin concesiones.

Así, frente a la violencia y la propaganda desplegadas en Cataluña, sólo cabe recordar las palabras de Hannah Arendt en “Los orígenes del totalitarismo”: “Allí donde el totalitarismo posee un control absoluto sustituye a la propaganda con el adoctrinamiento y utiliza la violencia, no tanto para asustar al pueblo (esto se hace sólo en las fases iniciales cuando todavía existe una oposición política) como para realizar constantemente sus doctrinas ideológicas y sus mentiras prácticas”. La autora de “Eichmann en Jerusalén” nos vaticina qué nos cabe esperar si no reaccionamos en España.

He aquí la magnitud del formidable desafío al que debe enfrentarse el liberalismo español en el siglo XXI. Frente al olvido del individuo, ha de rescatar la razón, la libertad y la dignidad del ser humano. Frente a la exaltación del nacionalismo y el separatismo, debe defender la unidad nacional. Frente a los populismos, debe afirmar el sentido común y firmeza democrática. Sobre todo, ha de proclamar, con Cervantes en El Quijote, que “la libertad [………] es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”.

El Foro Liberal se celebrará los días 21 y 22 de noviembre de 2018 a las 19 horas en el Colegio de Doctores y Licenciados, c/ Fuencarral, 101 – MADRID

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