"Os escribo estas palabras como final de temporada. Ha sido un año complicado, muy bueno a nivel tenístico cuando he podido jugar y a su vez muy malo en lo que a lesiones se refiere", escribió Rafael Nadal al comienzo del comunicado que publicó en sus redes sociales para oficializar que su temporada se acababa antes de las ATP Finals que enfrentarán a los ocho mejores tenistas del planeta. Ese torneo, que acogerá Londres, en el que habría debido luchar por recuperar su número uno.
De este modo el zurdo legendario puso punto y final al tortuoso camino que ha arrastrado desde el 2017 en el que renació de manera formidable para volver a asentarse en el trono del tenis internacional, batiendo marcas y acercándose a registros inabordables. Aunque en su vuelta a la excelencia había estudiado algo más su selección de torneos para reducir los esfuerzos y, sobre todo, los cambios de superficie, terminó jugando mucho. Y su cuerpo lo acabaría pagando en 2018.
Este lunes ha sido intervenido en la Clínica Mapfre de Medicina del Tenis de Barcelona. Se le ha realizado una artroscropia para extraerle "un cuerpo libre intraarticular en el tobillo derecho", según el parte que ha facilitado el doctor Ángel Ruiz Cotorro. Asimismo, el propio jugador había confesado en su comunicado que sufría unas molestias abdominales que le impidieron competir en el Masets 1.000 de París, cita en la que se jugaba ya el uno de la ATP.
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Sea como fuere, en Londres, donde se mediran Roger Federer, Novak Djokovic, Zverev, Anderson, Cilic, Thiem, Nishikori e Isner cerrarán el ilustre cuadro del Torneo de Maestros. Con Nadal viéndolo por televisión. Es el desenlace coherente con el devenir en el que ha viajado la anatomóia del manacorí, a pesar de que tanto él como su entrenador Carlos Moyá había recalcado que de cara al fin de curso no iban a "hacer locuras" por volver y luchar por defender el número uno. Pero el sacrificio de toda la gira asiática quedó en un esfuerzo fútil: su rodilla no respondió como debía y el objetivo de regresar en París se demostró prematuro.
Así pues, Rafa sufrió otro golpe a su ánimo, ese que sólo anhela poder jugar al tenis sin dolores. O con el dolor controlable que le ha acompañado en buena parte de su asombrosa trayectoria deportiva. "Dado que el problema en el músculo abdominal me impide también jugar en Londres, aprovechamos el momento para remover el cuerpo libre y evitar futuros problemas. De esta manera, espero estar en plenas condiciones para la próxima temporada", concluye en su reflexión pública. Parar para volver a relanzarse es la idea. Con 32 años.
Su doctor -que también es mñedico de la Federación Española de Tenis- ha explicado el fin de la intervención: "Ante la situación de no poder jugar el Masters por el asunto del oblicuo interno (molestias en el abdomen) hemos decidido resolver el problema para empezar la temporada que viene en las mejores condiciones. Es una cirugía programada que quiere evitar que le pase algo a mitad de temporada". Dedicarse a sanar para entrar en las canchas en el curso próximo con garantías. Sin fantasmas físicos que le persigan.
El galeno ofreció, además, un diagnóstico que señala el hándicap que juega en contra del jugador español y que le hará tener que reducir, aún más, su participación en torneos si quiere durar más. "El circuito está llegando a unos niveles de exigencia muy altos. En este caso estamos hablando de Rafa pero este año también hay dos o tres jugadores que tampoco están jugando la Copa Masters y el año pasado igual. Como han jugado más partidos y torneos les cuesta llegar mejor a final de temporada", denunció.
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"El nivel de exigencia de Nadal es muy alto. Lleva jugando desde que es pequeño y no sé si es de los que más se ha lesionado del circuito. Hay que valorar también la cantidad de partidos que ha jugado cada año", sintetizó antes de asegurar que "el objetivo es que Rafa esté preparado para el Open de Australia. Si todo va dentro de los planes previstos, creo que podrá estar allí". Esas dos aseveraciones resumen la estrategia a seguir. Porque ese "buen año cuando he jugado" y malo por la cantidad de lesiones ha mermado de manera notable el bienestar mental del zurdo.
Nadal comenzó 2018 con una lesión en el psoas iliaco que le hizo retirarse en el quinto set de los cuartos de final del Abierto de Australia (ante Cilic, tras cuatro horas de esfuerzo). Esa dolencia se estiraría hasta los dos meses y medio en los que tuvo que renunciar a los Masters 1.000 de Indian Wells y Miami. Tras pasar por la eliminatoria de la Davis (semis ante Alemania) y resplandecer en la sesión de tierra (ganó su undécimo Masters 1.000 de Montecarlo, undécimo Barcelona Open Banc Sabadell, octavo Masters 1.000 de Roma y undécimo Roland Garros), dio la cara en hierba (cayó en Wimbledon tras cuatro horas y 50 minutos ante Del Potro, en cuartos, y 5 horas y 15 minutos frente a Djokovic, en semis).
Ya en el último tramo del ejercicio arribaría la vuelta a la pista dura. Vencería en el Masters 1.000 de Toronto y sacrificaría Cincinnati para enfocarse en la batalla del US Open. Mas, se encontró con un la lesión en la rodilla que le influiría hasta el abrupto desenlace. Se lesionaría en las semis ante Del Potro (7-2 y 6-2) y abanondaría la cancha. A partir de ahí, se le cerrarían las puertas del Masters 1.000 de Shanghái y del de París, cediendo el número uno y privándose de participar en las ATP Finals. Sólo le queda confiar en que la espera antes de que se resetee el calendario valga la pena y centrarse en exigirse menos -renunciando a más torneos para no resentirse-.