Opinión

Siempre los mismos

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Jueves 15 de noviembre de 2018

Uno se congratula por formar parte de “los mismos”. Lo ha dicho el presidente del Gobierno: “Democracia es que no paguen siempre los mismos” He salido a la calle a celebrarlo. “¡Soy mismo, soy mismo!” He vociferado bajo una ligera y pertinaz lluvia que caía como agua para hipotecas. Esto último no viene a cuento pero es cosa de la embriaguez del momento. Nunca antes ningún jefe del Ejecutivo me había considerado “mismo” Agradezco y son varias las razones. Primera, después de toda una vida como vulgar contribuyente por fin me ha llegado un reconocimiento por parte de mis superiores. Segunda razón, no es igual ser mismo que no serlo. El secreto está en que si eres mismo se te concede una preferencia a la hora de pagar impuestos directos, indirectos y circunstanciales, así como tasas, arbitrios y demás piezas de artillería con las que el Estado y sus correligionarios nos sorprenden en todas y cada una de las legislaturas. O sea, pagas sin necesidad de hacer cola.

Ha sido todo un honor haber servido a España como contribuyente de facto y “Juro ante este crucifijo (soy creyente) por mi conciencia y honor cumplir fielmente con las obligaciones tributarias que de mi nuevo cargo de mismo se desprenda y a bien tenga el Estado en disponer de mi paupérrima economía hasta que la muerte nos separe e incluso más allá habida cuenta de las necesidades que tienen sus señorías. Juro guardar y hacer guardar el nombramiento de mismo, con tanta fidelidad como he venido haciéndolo desde que nací con mi anterior título de contribuyente”.

Uno en su modesta aportación contributiva lo único que hace es pensar en la clase política y las infinitas necesidades de sus señorías. Ser mismo equivale a ser miembro de la mejor casta social, conocida como la casta de los paganinis. Pertenecer a este linaje parece fácil, pero la realidad es que no es así. No se trata de tener enchufe, sino de pagar de manera ininterrumpida todos y cada uno de los vasallajes exigidos. Es un gentil reconocimiento que el alcabalero oficial dispensa a los súbditos. Los paganini somos la auténtica casta, nada que ver con aquella zaherida por don Pablo Iglesias cuando éste aún estaba en la otra orilla del Missisipi opositando para señoría. Después llegaron las nuevas tendencias y así es como se aposentaron los conquistadores de la política de vanguardia con sus pactos, colocaciones, destinos y canonjías.

Decir que los paganini descendemos de los originarios pagafantas, pioneros en pagar sometimientos recaudatorios allá por la Edad Media. Gracias a ellos hoy en día nuestras actuales señorías recaudan con serena constancia todos estos tributos que acabamos de ver, y otros más que no he mencionado. Si algo tenemos que agradecer a nuestros antecesores los pagafantas es que éstos sentaron el magisterio para ser buenos súbditos enseñándonos la mejor manera de pagar rentas cada vez más cuantiosas. Por aquél entonces no existían ni las hipotecas ni el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados; tampoco el Impuesto sobre Sucesiones. Claro está que la clase gobernante también ha ido esquilmando de manera diferente.

Ser paganini hoy en día es un privilegio. Cuanto más pagas a las arcas del Estado, más pobre eres. Eso sí que lo hemos heredado de nuestros antepasados los pagafantas que pagaban tanto en especie como en haberes. Igual que nosotros hoy en día, pero en versión mejorada y ampliada. Por ejemplo, el ITP y AJD que fuera aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1993, de 24 de septiembre, siendo ministro de Economía y Hacienda don Pedro Solbes Mira en época del presidente de Gobierno Felipe González. Lo que son las cosas, hoy 25 años después el PSOE dice que nunca más lo volverán a pagar los ciudadanos. Resulta aún más curioso si cabe que en el año 2015 señores de Podemos apoyaran en Aragón la subida de un 50% del impuesto sobre las hipotecas que ahora critican. Y si acudimos al Impuesto de Sucesiones, aquí sí que la cosa es de traca. Si pagas, heredas. En caso contrario la Hacienda Pública, que siempre está pendiente de que no nos falte de nada, será la que se quede con todos los bienes de quien entregó su alma a pesar de haber pagado en vida lo directo, lo indirecto y lo circunstancial. Para los paganinis o mismos es lo que hay. Pago, luego existo, y si no se lo queda el fisco. Y es que en España hay mucho vicio político, mucho derroche político, muchas Administraciones y mucha corrupción. Y eso, queridos lectores, hay que pagarlo por la gloria de nuestros antepasados los pagafantas.