Opinión

Defensa del flamenco

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 18 de noviembre de 2018

La Fundación Premios Rey Jaume I goza de un justo prestigio. Por eso, ha sido sorprendente y entristecedora la campaña que ha auspiciado en la que trata de poner en valor la economía financiera frente al flamenco, al que considera un “tópico” sobre España que “es hora de cambiar”. El término “flamenco” aparece tachado. Es una creación de una agencia publicitaria a la que no hay por qué hace más propaganda que la que merece su campaña, que ha desatado un escándalo. El presidente ejecutivo de los premios, Javier Quesada, declaró que «Como creemos que ha entendido la mayoría de las personas, la campaña publicitaria sobre la reciente entrega de los PRJI ha querido resaltar la aspiración de que a España, además de identificarla por sus costumbres, su arte o su gastronomía, se la reconozca también por el nivel de excelencia de su ciencia, su tecnología y su empresa. En ningún caso se ha pretendido juzgar el valor de los elementos elegidos - la paella, el flamenco, la siesta, las tapas, los toros o la playa - sino su consideración como tópicos que puede distorsionar la imagen representativa del país. Si alguna persona o institución se ha sentido ofendida por la campaña le ruego acepte mi explicación y mis disculpas».

Lo que sucede es que ese “además” y ese “también” en la cartelería no aparecen por ningún sitio. En su lugar, sale una tachadura en rojo que muestra bien a las claras la posición que ocupa el flamenco en el discurso de la marca que se pretende promocionar: el de un “tópico” que ha llegado “la hora de cambiar”. Sin duda, la fundación tendrá ocasión de recapacitar sobre esta campaña que necesita denigrar al flamenco para exaltar la ciencia, la tecnología o la empresa. Tal vez condescender al márketing del escándalo sea necesario, pero una institución como la Fundación Premios Rey Jaume I puede permitirse algo mejor que hacer de menos al arte para celebrar la ciencia.

En realidad, esta campaña tan desafortunada revela cierta ignorancia del flamenco y su estudio. La evolución de los estudios sobre el cante, el toque y el baile – habría que añadir, incluso, la historia social del flamenco como tituló Alfredo Grimaldos su célebre libro- es un hito importante en la evolución de las humanidades y las ciencias sociales en España. Las cátedras de flamencología han hecho contribuciones valiosísimas a la sociología y la musicología en España. La filología hispánica ha dado estudios bellísimos sobre lexicografía y fonética partiendo de las siguiriyas, las bulerías y las soleares. Incluso uno echa en falta más estudios de ciencias de la vida que den razón de algunos aspectos fascinantes del arte flamenco como una fisiología del quejío o un estudio del baile desde la anatomía o del dominio del aparato locomotor que es preciso para tocar, ¡ay!, como Paco de Lucía. Tal vez así veríamos en toda su profundidad hasta qué punto el arte es, además de inspiración, esfuerzo y trabajo constante.

Ortega y Gasset dedicó unas bellísimas páginas a la geometría de la tauromaquia y no veo yo por qué no pudiera hacerse lo mismo con el baile de Carmen Amaya o Joaquín Cortés. Si es cierto que toda música puede explicarse desde la física, vengan en nuestra ayuda todos los físicos para aprehender la voz de la Niña Pastori o de Camarón, a quien tanto queremos y añoramos. A mí me gustaría mucho que alguien estudiase cómo son las reacciones en el cerebro del oyente que escucha por primera vez la voz rasgada. Decía Manolito de María que él cantaba porque se acordaba de lo que había vivido. A mí me gustaría mucho ver qué zonas del cerebro del cantaor se activan cuando escucha una carcelera o una minera. ¿Y si recuerda? ¿Y si de verdad hace memoria de lo vivido?

A mí me hubiese gustado mucho que ese cartel tuviese, en lugar de una tachadura, un abrazo del flamenco y de todas las demás cosas por las que España ha contribuido a la grandeza y la belleza del mundo desde el Mío Cid hasta Ramón y Cajal, cuyo legado luminoso está dignamente representado en el patronato de la Fundación Premios Rey Jaume I. El lenguaje publicitario –al que el flamenco tanto ha dado a través del imaginario del café cantante y el tablao- este lenguaje, digo, se nutre de la creatividad y la inteligencia. Otra campaña que hubiese sorprendido por su capacidad de crear y no su capacidad de excluir hubiese sido mucho más representativa de lo que merece premiarse en la ciencia, el arte y la cultura y del verdadero espíritu de esta fundación tan destacada.