Opinión

Karadzic, el rostro del mal

Viernes 25 de julio de 2008
A medida que se conocen más datos de la doble vida de Radovan Karadzic, aumenta el estupor. Así, va tomando cuerpo la premisa que define a los peores asesinos como gente capaz de mostrar un lado amable lo suficientemente convincente como para enmascarar su verdadera naturaleza. Tal es el caso del médico naturista Dragan Dabic, un amable ciudadano que hasta daba conferencias y publicaba artículos sobre la vida saludable. Qué contrasentido, el de uno de los mayores genocidas del siglo XX, enseñando a disfrutar de la vida, esa que con tanta saña segó.

Todo en Karadzic es siniestro y mezquino. Bajo esa pátina de prestigioso psiquiatra embarcado en una cruzada patriótica que no buscaba sino defender el orgullo serbio, se esconde un vulgar ladrón, que fuera condenado en 1984 por apropiación indebida, y que en plena guerra de los Balcanes se hizo con un botín de 18 millones de euros de un banco en Banja Luka. Durante años, en un correcto inglés, fue el encargado de justificar internacionalmente la matanza que se estaba llevando a cabo en la antigua Yugoslavia. Esa es precisamente una de las acusaciones ante las que tendrá que responder ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Karadzic ya ha manifestado su propósito de asumir él mismo su defensa, en lo que se presume será una puesta en escena destinada a justificar lo injustificable. Porque hasta la elección de su identidad falsa está rodeada de polémica. Y es que se da el caso de que un hombre llamado Dragan Dabic murió asesinado por un francotirador serbio en Sarajevo, durante el cerco ordenado por el propio Karadzic. Sería el colofón a una trayectoria execrable, el adoptar la identidad de una de sus víctimas. Ahora es el tiempo de la Justicia.

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