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El G20 da la espalda al príncipe Saudí y Putin es el único en apoyarle

CUMBRE EN ARGENTINA

EL IMPARCIAL | Viernes 30 de noviembre de 2018

Miles de manifestantes protestan en Buenos Aires contra la cumbre.



La primera jornada de la cumbre de líderes mundiales, denominada G20, que está desarrollándose en Buenos Aires ha dejado algunas imágenes destacadas que aliñan una reunión que se presume de contenido ideológico confrontado entre las potencias y los bloques. Y es que las discrepancias por asuntos como el proteccionismo que está aplicando Donald Trump desde que llegó a la Casa Blanca y su escepticismo con respecto al cambio climático no serán sencillos de desanudar en este par de días que dura el evento.

Por ello, ante la ausencia de entendimiento en el contenido, la organización argentina ha puesto de su parte para que también fallaran los conductos a través de los que se transmitiían los mensajes. Así, esta reunión eminentemente políglota se ha transformado en una improvisación de gesticulaciones que han obligado a agudizar las habilidades interpretativas a los analistas políticos. Porque ante los fallos en la traducción el foco se ha desplazado, por ejemplo, a la rueda de saludos. La primera ventana de la que extraer conclusiones.

Y en ese paisaje se ha vislumbrado con celeridad la comodidad de Vladimir Putin como elemento antagónico con respecto a Occidente. El presidente ruso se ha desmarcado de protocolo -como hizo Mauricio Macri al dejar el recibimiento a Enmanuel Macron sin representantes de su Gobierno- y ha roto el pacto diplomático al estrechar la mano del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, con una efusividad chocante. No obstante, el asesinado del periodista Jamal Khashoggi ha desplegado una tensión en torno a los saudíes sobresaliente.

El líder de Moscú se ha salido de la página marcada por el resto de países y ha cochado la palma de su mano con la del representante de Arabia Saudí, escenificando su querencia por ejercer como alma libre. Los dos se sentarían juntos en la mesa del plenario de líderes y demostraron que se llevan my bien delante de unos homólogos que no han querido ni fotografiarse cerca del árabe. No obstante, amén de la chanza de la posición de Estados Unidos y Europa le une la búsqueda de un pacto sobre qué hacer con los niveles de producción de petróleo.

Además de esa vertiente de la cita, el G20 ha abierto con un rosario de gestos de complicidad y de saludos esquivos que ha vuelto a destacar el arrinconamiento que muchos de los dirigentes aplican a Donald Trump. El estadounidense pasaría al lado de Bin Salman y Putin en el momento de la foto de familia. Lo hizo sin hacer ademán de saludar, en una actitud que no pasó desapercibida para nadie. Como tampoco lo hizo la actitud distante de Angela Merkel y Macron para con el norteamericano. Todo ello mientras cada representante iba tomando posiciones, en sus apretadas agendas en las que han de cerrar tratos bilaterales por doquier, visto que el documento final no espera nada halagüeño sobre la guerra comercial y el Acuerdo de París.

Y un guiño perverso de Washington tendría lugar en la organización del acto. La Casa Blanca fue la encargada de distribuir a los presentes y decidió juntar los atriles de Trump, el mexicano Enrique Peña Nieto y el canadiense Justin Trudeau, quedando todos ellos coronados por el emblema oficial de la oficina del presidente estadounidense. Una suerte de fallo de protocolo o argucia sutil que vino a remarcar la importancia del nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá que espera encontrar su firma en este G20.

La frustración con la que afronta Trump este tipo de cumbres en las que se sabe aislado de algunas de las mesas de negociaciones más trascendentales brotaría justo cuando tenía en frente al presidente organizador. Ocurrió que en la declaración conjunta que estaba realizando con Mauricio Macri fallaría de forma sistemática el sistema traducción, hecho que irritó al magnate hasta llevarle a protestar. Llegó a lanzar al suelo el auricular, al tiempo que Macri le halagaba. "Entendí mejor en su idioma que a través de la interpretación", lamentó el distraido estadounidense en la Casa Rosada.

Y por su los errores organizativos no hubieran mermado suficientemente la confianza del Ejecutivo argentino, hubieron de sufrir un sismo de magnitud 3,8. Una sacudida de la que casi no hay precedentes en la historia de la capital argentina y que justo se da con el G20. La guinda de un día en el que los cortes sucesivos en las redes de internet parecería rimar con el estado de sitio delcarado por las autoridades argentinas sobre Buenos Aires. Bajo este operativo de seguridad sin precedentes se daría portazo a un estreno pintoresco.

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