Opinión

El tiempo y la adversidad

TRIBUNA

Germán Ubillos | Lunes 03 de diciembre de 2018
Se cuenta que una de las personas que mejor sabían gestionar su tiempo fue Napoleón Bonaparte, así lo narra la espléndida biografía que de él tiene Emil Ludwing.

El emperador de los franceses era capaz de estar preparando una crucial batalla terrestre a pie de campo, una batalla en la se calculaba morirían 20.000 hombres y rogar a su ayudante de cámara que cronometrara una siestecita de no más de 20 minutos que se iba a regalar justo antes de iniciarla; pero es que aún hay más y al terminar la batalla, descansaría un buen rato redactando dos o tres artículos del Código Civil que se llamaría le Code Civille de Napoleón.

Pero lo más original es que apenas dejaba espacio temporal de aclimatación o adaptación entre una y otra de las tres actividades. Y ahí está el problema en cuya solución Napoleón Bonaparte poseía unas dotes excepcionales. Claro que siempre se podrá aducir que hacia el final de su vida perdería todos los territorios y tesoros conquistados, confinado en la isla de Santa Elena.

Ganar una batalla no contradice perder una guerra. Santiago Cantera tiene el mérito personal de haber ganado una batalla contra el gobierno instalado en la Moncloa. Todo hace pensar que la guerra puede ser mucho más larga, pero como él decía Dios es más fuerte.

Siempre he admirado la frialdad intelectual de ciertos héroes antes de iniciar una batalla aparentemente desequilibrada como la de David contra el gigante Goliat: la onda, la piedra y todo lo demás.

A largo plazo y para los creyentes el final de la guerra no termina aquí con la muerte. San Ignacio lo sabía muy bien, ¿de qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?. Nuestro mundo alarmantemente pragmático parece ir por otro camino, quizá por eso vayan fracasando uno a uno cada intento internacional de llegar a acuerdos para evitar el calentamiento del planeta y vemos con una mezcla de estupor y tristeza como a pesar de los esfuerzos diplomáticos cada vez se va recalentando más esta maravillosa y única nave u hogar celeste que es nuestro querido planeta.

La gestión de la tierra va unida inequívoca e irremisiblemente a la gestión de nuestras vidas.