El concepto de cortesano debe interesarnos más allá de sus límites políticos. No es fácil dar hoy, en medio del espectro político, con alguien al que se pudiera llamar “un cortesano”. Ciertamente, la palabra evolucionó a gentilhomme en Francia o a gentleman en Inglaterra. En principio, el cortesano es un caballero antes que nada, y ya se sabe la importancia que esto hubo de tener para los caballeros que salían del medioevo y entraban en el Renacimiento. La idea de Baltasar de Castiglione al escribir el texto de su cortesano al mismo tiempo que Maquiavelo escribía El Príncipe, no era sólo que un cortesano pudiera comportarse como un caballero en la Corte de los Condes de Montefeltro o de los Gonzaga en Urbino, sino que se comportara como un hombre, de manera tal que el texto, más allá de sus precisiones históricas o de sus aciertos literarios, sea una guía ética, un proyecto ético que debe conformarse no sólo para ser un buen caballero, un hombre de la Corte, sino que es en sí vital, ya que aparecería dotado de virtudes morales, buenas costumbres, saber comportarse en el trabajo y en su relación con los demás, y por extensión ha de aplicarse a todos aquellos hombres que no perteneciendo a la Corte o no viviendo dentro de ella, puedan mostrarse como un ejemplo de cortesía, de saber estar
Castiglione redactó el texto entre 1513 y 1518, pero editó el libro más tarde; si bien, al venirse a España con Carlos V, se le pidió que se tradujera al castellano el original, escrito en toscano, y esa labor la desempeñó admirablemente un poeta catalán de la época, Juan Boscán, muy elogiado por Menéndez y Pelayo a fines del XIX, de hecho la traducción de Boscán, que es la que yo conozco, ha venido reproduciéndose a lo largo del tiempo tan concienzuda como hermenéuticamente. Tuvo una gran trascendencia en la Europa renacentista, pues contribuyó a difundir un ideal humano y literario que procedía de uno de los locis más cultos y refinados de aquel tiempo. Pronto se transformó en un manual de civilicitá, y también de etiqueta, y extendió las tesis del neoplatonismo del cinquecento, con más efectividad que los textos de Ficino, León Hebreo y otros contemporáneos
Castiglione ya venía trabajando a las órdenes del Conde Guidobaldo desde finales del XV, pero a su muerte el gran humanista toscano siguió viviendo en la mansión de los Condes en compañía de otros cortesanos o miembros de la familia. Una de las costumbres de la condesa viuda consistía en reunir casi todos los días a sus damas y caballeros y establecer una serie de juegos, que son el anticipo histórico de las viejas reuniones de Madame de Staël, cuyos amigos llegaron a convertirse en auténticos personajes de ficción, ya que se escribían entre ellos y a la noche se leían lo que habían pensado sobre los demás o, simplemente, charlaban. Algo de esto había en los juegos sociales de la primera dama de Urbino, de ahí que el texto presente tantos intereses de todo orden, dado que aquellos encuentros, igual que los de Staël después, poseían un toque dialógico, platónico. El texto en sí lo es, y puede seguirse como cualquiera de los bellos textos dialógicos de Platón. Si traigo el texto a colación es porque me duele observar entre nosotros la falta de cortesía, por lo tanto, de educación, primero entre nuestra clase política, y después entre nuestras gentes en general. Si hoy padecemos un gran desconocimiento de España es porque la gente y el vulgo no han sido educados en el descubrimiento de la Historia y en saber de dónde venimos
Castiglione era un hombre de armas, que es lo primero por donde empieza todo al tratar el tema. Se había mostrado capacitado en la gestión diplomática y poseía una rica formación humanística y literaria. Hablaba bien en público, esto es, dominaba las reglas del discurso, tal y como ya muy atrás las había fijado el gran Cicerón. Había nacido en Mantua en 1478, en el seno de una familia noble. Su padre era un uomo d´arme de la familia Gonzaga, de ahí los lazos de sangre con los Montefeltro. Hizo sus estudios de Latín y Griego en Milán, pero sostenía que para un cortesano era muy necesario el conocimiento del francés o del español como segunda lengua. También frecuentó las Cortes de Ludovico el Moro y la de los Sforza, antes de entrar en la Corte de los Urbinos. En Italia están pasando cosas muy importantes. La transición al libro impreso gracias al papel de los cartolai, y el dominio casi total de España, que hizo inevitable el estar o a favor de Fernando el Católico y después de Carlos V, o el estar del lado de Roma, es decir, del papado. En 1513 recibió el feudo de Novellara por sus exitosas campañas de ese mismo año y ello llevaba emparejado su nombramiento como conde, que le otorgó el conde de la Rovere
Lo medieval entra pues en el Renacimiento de una manera fluida, sin resistencias inútiles, pero sin algarabías diletantes. Hay un momento en el que Castiglione se vuelve español sin contradicción alguna. Carlos V ha entrado en Roma, el Saco de Roma, el pontífice ha sido recluido en prisión, y él se viene a España como Nuncio. Una muerte inesperada nos lo quita del mundo en Toledo, en febrero de 1529, ya con el texto recién traducido y editado.