Opinión

Venezuela, Podemos y el escapismo relativista

TRIBUNA

Marcelo Wio | Jueves 20 de diciembre de 2018
Habitual del relativismo es creer que algo es menos cierto, o falso, según quién lo dice; es decir, que creen que la verdad no depende de los hechos, sino del aura del que estén investidos quienes la afirman, apoyan o generan – sean éstos la fuente de información, el redactor de la noticia o el medio de comunicación que la difunde. Es, pues, práctica común entre periodistas, políticos y público en general.

Habitual del relativismo será, por tanto, recibir el cambio de “perspectiva”, de “coyuntura” adoptado por dichas figuras, como si en realidad el nuevo punto de vista fuese el siempre sostenido. No se trata, entonces, de un cambio de estrategia. Se trata de proseguir el engaño mediante un leve ajuste, un cambio de camiseta a mitad de partido. Más de un periodista ha realizado – o está aún en trance de realizar - esta conmutación respecto del independentismo y algún que otro asunto.

Entre los evidentes cambios de vestuario uno de los más sonados es el de Podemos, donde algunos miembros intentan desprenderse de su pertinaz sombra venezolana y de su aireada aversión a España. Así, de pronto, se les ha llenado la boca de patria, España y de un arrepentimiento fraudulento; pretendiendo que lo que fue durante años un discurso y posicionamiento sostenidos, convencidos y asaz publicitados, vino de pronto a convertirse en un mero calentón – uno larguísimo -; vamos, algo puntual. Con este bagaje a cuestas es muy difícil engañar con los afeites ideológicos de turno - hace falta el audaz salto de fe por parte de receptor que esperan de sus adeptos y algún que otro despistado. Porque Podemos sigue siendo lo que siempre fue: el partido que apuesta por “el derecho de los gobiernos autonómicos a celebrar consultas a la ciudadanía sobre el encaje territorial del país” (punto 277 de su programa); que, en resumen, y quitada la careta del pretendido “derecho”, apunta a la división territorial de España.

De tal guisa, parecen creer (o, más bien, hacer creer) que, si todo es relativo, sus acciones serán, también, relativas. Pero sólo cuando las cosas salen mal - que es cuando se hace de cuenta como si no hubiesen acontecido, o que eran incapaces de generar consecuencias (fueron apenas un “calentón”, una mera “postura” inmadura). Eso y que cuando catan las bondades del sistema y se encastan tan buenamente en su nuevo estatus, pues que todo resulta relativo a su nueva posición. Mas, hay los hechos y los registros que la memoria no puede adulterar porque no interviene en su custodia. Y, también, hay los hechos morales, que decía Mario Bunge (A la caza de la realidad); hechos que presuponen la existencia de las verdades morales – que, si bien contextuales, no lo son en el sentido relativista: es decir, que algunos derechos y deberes son fundamentales y, por ende, transculturales y no negociables. De manera que, si se participa de alguna manera en su violación, habrá de rendirse cuentas: en Venezuela, según UNICEF, el 15 por ciento de los niños están desnutridos.