España aguanta la chulería de Sánchez y la jindama de Casado y Rivera. Se avecina un terremoto político que se llevará por delante a todos estos listillos. A todos. Irán cayendo poco a poco, entre otros motivos, porque han confundido la política con un juego de chalaneos y pendejadas. La gente está harta de discursos y promesas, de rollos ideológicos y payasadas de géneros, de historietas de la guerra civil y antifranquistas de cartón-piedra. Los españolitos de a pie ya se han enterado de qué van sus políticos. No van de nada. Son fantasmas ridículos de un país casi muerto por sus tristezas y sus resentimientos. Son gentes tristes, sí, muy tristes, casi bestias, que han convertido un país alegre en reinos de taifas, oscuros y amargados. Sí, amigos, primero caerán lentamente, pero, después, lo que queda de Nación los arrasará sin detenerse en distingos y matices.
Fijémonos, por ejemplo, en Andalucía. ¿Qué pasará cuando los de abajo, los sencillos votantes, se enteren de que PP y C’s piden el consentimiento del PSOE para acabar con el PSOE en Andalucía? De locos. Es cosa, en efecto, de locos querer echar a los socialistas con su consentimiento y parabienes. Se necesita ser majadero para promover algo así. Por fortuna, no creo que a la gente le haga gracia el asunto que plantea el tal Marín, de Sanlucar de Barrameda, y Bonilla el pepero. Más bien, cuando esos políticos, Marín y Bonilla, salgan a la calle a explicar esa ridiculez, o sea, que quieren echar a los socialistas del poder con su consentimiento, la gente no solo se mosqueara, sino que posiblemente les escupirá a la cara. Estos chuletas de la politiquería regionalista ya no provocan ni risa… Aparecen con las caras abotargadas de comer y beber para decirnos que han llegado a un acuerdo que, en realidad, no pasa del parto de los montes.
El pacto de PP y C’s para Andalucía es poca cosa, casi nada, porque deja lo fundamental en el aire… Da igual las medidas de gobierno que hayan adoptado, porque lo principal, lo determinante, no lo han resuelto. Sí, sí, han perdido tres semanas sin aclarar quién les dará la investidura. No han sido capaces de prever lo que iba a pasar. No han sido buenos políticos. En otras palabras, están demostrando con creces una inepcia supina, fruto de un desconocimiento completo de lo que es la genuina política. Porque creen que su labor es chalanear, y que eso es la “política”, están descalificándose. Pero, hombre, cómo pueden dejarse pasar tres semanas sin resolver su relación con Vox. Aquí tengo que darle la razón a Lenín: “Toda demora en política es la muerte”. Nadie puede llamar político, palabra que me merece el más alto respeto, a alguien que es incapaz de prever qué hacer antes los resultados de unas elecciones, como fueron las de Andalucía, y, sobre todo, que no tenga preparado un plan serio y sensato en 48 horas. No son políticos. Son mercachifles.
Poco espero, pues, de ese pacto que deja sin contestar lo principal, a saber, echar al PSOE del Poder sin pedirle su permiso.
En fin, amigos, feliz Navidad y a ver qué nos cuenta el Rey.