Lunes 28 de julio de 2008
Si por algo se ha caracterizado siempre el ciclismo es por su dureza. Sacrificio, trabajo de equipo y afán de superación acompañan también a un deporte que, de un tiempo a esta parte, se ha visto salpicado por escándalos relativos al doping. La toma de sustancias prohibidas no es exclusiva del mundo de las bicicletas, pero sí es verdad que los casos de ciclistas han sido más notorios. No se sabe si por su elevado número o por su trascendencia, pero el caso es que la práctica del deporte de la bicicleta ha quedado empañada por esta situación. En lo que es su competición estrella, el Tour de Francia, este año ha vuelto a conocerse que más de uno pretendía hacer trampas. Pero no ha de culparse a un colectivo entero por las faltas de unos pocos. La afluencia de controles antidoping, cada vez más exhaustivos, hacen que este Tour no haya sido un desastre. Antes al contrario, ha sido el Tour de Sastre. De Carlos Sastre, para más señas.
El español se ha proclamado vencedor de la ronda gala, entrando en los Campos Elíseos de París con el maillot amarillo que le acreditaba como líder de la mejor carrera ciclista del mundo. Sobre el madrileño no ha pesado nunca la menor sospecha, siendo su triunfo totalmente limpio. Esto es lo más importante; de hecho, es una lástima que, por culpa de unos cuantos tramposos, se cuelgue el cartel de sospechosos a todos los ciclistas. Y es más injusto aún que todas las crónicas que se escriban para glosar la gesta de Carlos Sastre lo vayan a hacer sin hacer al menos una mención al asunto del doping. Este año es olímpico, y en Pekín se volverá a hablar del tema. Deportes como el atletismo también han sufrido esta lacra, con el consiguiente descrédito para todos aquellos que lo practican con limpieza. Que son mayoría, por cierto. Igual que en el ciclismo. Por todo ello, no perdamos un segundo en hablar de los que proceden irregularmente, y sí en los que lo hacen como deben, y además muy bien. Como Carlos Sastre, que engrosa ya las filas –junto a Rafa Nadal, Iker Casillas o Fernando Alonso, entre otros- de deportistas españoles que alcanzan un triunfo de relevancia mundial. Antes ya lo hicieron Alberto Contador en 2007, y Oscar Pereiro en 2006. Gracias a ellos, el ciclismo en París habla español. ¡Enhorabuena, Carlos!
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