Opinión

2019: dietario sustancioso

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 03 de enero de 2019

Rebuscando el vocablo adecuado para intitular la primera entrega de este año 19 para El Imparcial de Madrid, diario digital en el que cumpliré una década participando con el favor de todos ustedes y merced a sus directivos –ardua tarea que ha sido un grandísimo honor– me he tropezado con esta palabrilla: dietario, que el drae adelanta definiéndola en su tercera acepción como: “libro en que los cronistas de Aragón escribían los sucesos más notables”. Pues eso, escudriñar en el vasto idioma español me ha sido recompensado. No me cabe la menor duda de que tal será el año nuevo que tenemos por delante: repleto, pletórico, colmado de ocasiones para la remembranza, moviéndonos a reflexionar y a enlistarlas, testimoniando el discurrir del tiempo y atestiguando la verificación de cada cual.

2019 me significa en lo personal, porque es el año del jabalí en el calendario chino, que me corresponde, y en el cual mi abuelo materno cumpliría cien de haber nacido. Perteneció a la generación posterior a la Revolución Mexicana y vivió sus efectos positivos y negativos en el transcurso de los siguientes treinta años a terminada. Pienso en como un siglo da para tres, cuatro generaciones y acaso y con suerte, hasta para cinco, si los involucrados se apuran y se aplican con singular alegría. No es competencia, desde luego.

Mientras me disperso en elucubraciones genéticas, disquisiciones generacionales, elucidaciones no pedidas y el devenir del quehacer humano, despunta 2019 con una apretujada agenda, con una talega cuajada de motivos que apremian nuestra rememoración y cogitación; referencias necesarias coligiendo fenómenos e interpretando su grávido significado en plano de cavilación reclamando nuestra atención al convocarnos, direccionándola hacia y desde nuestra atalaya. No hay más remedio al azuzar nuestra implacable e incombustible curiosidad.

Este año conmemoraremos el quinto centenario del arribo de Hernán Cortés a México iniciando, acelerando el proceso de la conquista del Imperio azteca y las enormes consecuencias que atrajo para España y para el mundo. Debieron de ser tales que se decía que cimbraron los cimientos del cielo. De tal argamasa recuerdo un cuadro del emperador Moctezuma pintado en Venecia ¡dos siglos después! evocando así tan magno y aún entonces sorprendente episodio. Así que es una magnífica oportunidad para disertar sobre tal.

También tenemos por delante el bicentenario del Museo del Prado, esa extraordinaria pinacoteca tan identificable, tan encumbrada que, entiendo, asiste a un empingorotado y muy merecido despliegue de aniversario redondo remarcando este comienzo de manera singularísima. Es un patrimonio pictórico de gran realce y amerita siempre visitarse regodeando nuestra mirada. Cuando traspasas sus puertas y deambulas por sus salas, el Prado te guía y te retribuye la visitación, facilitándote identificar tantas obras maestras que hemos visto reproducidas en infinidad de momentos. Es que nos resultan familiares. Te recuerda que estás en Europa. Nos es un sitio cercano, entrañable en su acervo que es muy reconocible y mucho muy sobresaliente. Y lo expresaré sin tapujos: es de lo escasísimo a reconocerle al tarambana de Fernando VII, que a una historiadora de la que omitiré su nombre por el pudor del que careció el rey felón, le merecía referirse a él como aquel que aunque perdió las Américas, fue un buen rey. ¡Bendito sea Dios! Un impresentable. Siquiera quedó el Prado para nuestra dicha y fortuna.

La Gran Bretaña se volcará a conmemorar el bicentenario del nacimiento de la reina Victoria. Tal acaecimiento alusivo a la monarca justifica tal prodigalidad considerando que representa la encarnación del cénit del poderío británico. Nada más y nada menos. La ocasión va de exposiciones de sus objetos más referidos a series de televisión. Una pléyade de actividades bien posicionadas coincidentes para esta efemérides. Nada mal para una soberana que no estaba llamada a reinar y que la muerte de otros miembros de la casa real de Hannover la colocaron en el trance de ocupar el trono a sus escasísimos 18 años. Casi en suerte.

Por otra parte, nos acercará este año al centenario del inicio de los estragos y falsas soluciones que acarreó el Tratado de Versalles que puso fin a la Gran Guerra y que prometía, embusteros sus autores, el sellar la paz perpetua. Y hete aquí que no. Ya regresaremos a aquel en el verano. Quiso el devenir de los hechos que ese mismo año, 1919, asesinaran a Emiliano Zapata, apodado el caudillo del sur, quien como prócer emblemático de la Revolución Mexicana, alzara la voz del campesinado reclamando el reparto agrario –pionero de tal en la región– cuando una centuria después algunos países hispanoamericanos apenas están discutiendo la conveniencia de efectuar el propio. El lance provocador ya ameritará nuestro ineludible interés por abordar su significado y su legado.

Con 2019 se cumplen el centenario del deceso del poeta mexicano y universal Amado Nervo y el bicentenario del natalicio del autor de Moby Dick, el neoyorquino Herman Melville, que son una propuesta para aproximarnos a las letras de gran calado y regusto, con su carga de inspiración y destreza expresiva y evocadora. En ese trajín de recuerdos y alusiones, invoquemos el quinto centenario de la fundación de La Habana. La llave del Golfo de México y que por extensión lo es la otrora fidelísima isla de Cuba, tendrá su momento culmen en noviembre. Referimos sin duda a una gran metrópoli de América, referente indispensable para la historia de un continente al completo y de la eslabonada e irrompible relación entre dos mundos. Casi nada, ya lo ve.

Y es que Cuba, además, nos conduce al recuento celebrando el sexagésimo aniversario de la Revolución cubana del 59, encabezados sus recientes actos conmemorativos por primera vez sin un Castro al frente, así sea de manera nominal. Yo sostengo que el castrismo sin Castro, no sobrevivirá. Suele pasar con los caudillajes. En contraste, China celebrará los 70 años de su régimen, que sigue su paso a la cúspide buscando el primer lugar en todo apelando a su paciencia milenaria, mostrando de lo que es capaz muy a despecho de unos decadentes Estados Unidos, cuya inteligencia e intelectualidad mezquinas ningunean los méritos chinos, pero que no les quitan el ojo de encima, delatándose en su preocupación por lo que saben ya que es inevitable: su decadencia irreversible frente a Pekín, en tanto solo atinan a mostrar su decrépita clase política como opción, embotada y extraviada en el laberinto Trump. Tendrán los yanquis tiempo para recordarse el sesenta aniversario de la estadidad de Alaska y de Hawái, en tanto que este archipiélago polinesio madura los movimientos separatistas que denuncian que EE.UU. se robó su libertad, su monarquía y su independencia, reivindicándolas así sea sumidos en su folklorismo entre piñas y danzas hula en sus distintas modalidades, que aquello es un mundillo.

En el 19 podremos hacer una retrospectiva del trigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, detonador del derrumbe del bloque soviético y del final de la primera Guerra Fría, apenas dejándonos tiempo para enterarnos de que es el año internacional de la tabla periódica y de que la Torre Eiffel cumple sus 130. Boqueando, su apresuramiento nos conmina a no perder el ritmo. Si el advenimiento de los hechos no dispone otra cosa, de mi parte reciba mis bienaventuranzas y mis más reconstituyentes parabienes en el nuevo año que inicia. Que le sea de lo mejor. Vivificante y asaz lustroso en todo lo que emprenda.