Opinión

Políticos sin ilusión

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 05 de enero de 2019

El año es nuevo, pero la política sigue herrumbrosa. Los patrones del comportamiento no se han trasmutado ni un ápice. La política española sigue regida por la realidad paralela que cada partido se ha elaborado para sí mismo. Nada de España ni proyecto de vida en común. El Gobierno de Sánchez prosigue con sus extravagancias, por no decir mentiras, viviendo en una realidad paralela y cerrando los ojos a los problemas reales que preocupan a los ciudadanos. Sólo atiende a lo que amenaza al PSOE, su rédito, y los socios que le mantienen en el poder. Pero es algo que ya conocíamos. El nuevo peligro para España y para la política nacional se ha revelado en Andalucía, pero surgió en Cataluña. El partido de Ciudadanos mutatis mutandi se ha convertido de la esperanza para España en el peligro máximo para su convivencia política.

Es una pena que Ciudadanos aventaje a todos los partidos en su irresponsabilidad frente a sus votantes. Las oportunidades que han tenido, y las echaron a perder, mostraron con creces que son incapaces de ver las necesidades históricas de la nación. Y ahora el fracasado ministro Manuel Valls, aliado o infiltrado en Cs, da un golpe de gracia a la poca credibilidad que les quedaba. Valls actúa a lo grande, tiene ambición y propone un gran pacto PSOE, PP y Cs para “marginar a los populismos”. ¿Se da cuenta Valls de lo que dice? Pactar con el PP, que no se ha recuperado del populismo de Rajoy, y con el PSOE, un partido que ha convertido la político en sinónimo de populismo (recuerdan la foto de Sánchez con una bandera de España tan grande como el escenario).

Bueno, hay un pequeño detalle que justifica con creces la propuesta de Valls: las futuras elecciones generales. La ambición de gobernar es grande, lo sabemos los mortales, pero si Albert Rivera se conforma con pactar detrás de los telones, pensando que al elector español es muy fácil de engañar, podría equivocarse fácilmente. Las fuerzas políticas se han acostumbrado a predicar para su parroquia y ni siquiera se han preocupado en atraer a los electores escépticos. El extremo de esta actitud es Podemos, formado por los totalitarios que tachan a los inconformes de fachas o directamente les amenazan, como se puede contemplar en algún que otro eslogan de siguiente guisa “revisa tus privilegios o vigile la espalda”. Las nuevas fuerzas como Cs se han aprovechado de la ilusión que creaban con su discurso nacional, sin embargo, no tienen ni una idea para revitalizar la vida pública española. Lo único claro que tienen los partidos es, como decía Ortega, “que [los españoles] moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política es gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de deberes civiles que son informales, que en las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea”. Muchas fuerzas políticas han pensado así durante siglos, ¿dónde están ahora?