Enes Kanter es uno de los mejores jugadores de baloncesto que ha dado Turquía en toda la historia. Además, es seguidor del clérigo islamista Fetulá Gulen, al que las autoridades otomanas acusan de estar detrás del intento de golpe de Estado de 2016. Este último punto es el que aparta a este jugador de la NBA -lleva compitiendo en la liga estadounidense desde 2011 y tiene 26 años- de la posibilidad de jugar el 17 de enero ante los Wizards en Londres. En un duelo de la temporada regular para el que está contratado por los New York Knicks.
El caso es que este ala-pívot talentoso, que pasó del Fenerbahce a Utah y a los Thunder, antes de recalar en la Gran Manzana, se encuentra inmerso en una batalla contra Recep Tayyip Erdogan que le ha alejado de la selección turca y le ha puesto las cosas difíciles cuando pisa territorio europeo. En su retina todavía visualiza cómo en 2017 quedó retenido en Rumanía al tiempo que un fiscal otomano emitía una petición de cuatro años de cárcel por haber insultado al presidente.
No obstante, el jugador ha efectuado una escalada verbal en los últimos años, llegando a tildar a Erdogan del siguiente modo: "El Hitler de este siglo". Estas palabras salieron de la boca de Kanter tras haber escapado de su detención en Rumanía y toda vez que arribó a Estados Unidos. Y a la orden de arresto se ha sumado en 2018 la revocación del pasaporte del gigante de los Knicks. Incluso se le ha declarado como fugitivo de la justicia turca por su apoyo a Gulen.
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La versión oficial por la que este competidor fino no aportará su clase al equipo neoyorquino en su compromiso internacional ante los Wizards, en la capital inglesa, habla de problemas de visado. Así lo ha comunicado la franquicia a través de su departamento de relaciones públicas. El turco-suizo no viajará por cuestiones diplomáticas y el equipo únicamente ha filtrado de las conversaciones mantenidas con su jugador en los últimos días que reclama más minutos de juego.
Ha trascendido que Kanter se reunió el pasado lunes con el general manager de los Knicks, Scott Perry. Según el testimonio oficialista, esa charla se circunscribió a un a reclamación por la pérdida de protagonismo en pista. Al parecer, el ala-pívot transmitió su descontendo pero no solicitó el traspaso porque dijo que le "gustaba mucho" vivir en Nueva York. Lo cierto es que está en su último año de contrato, con un salario de 18,6 millones de dólares y la maniobra de la directiva es apostar por los jóvenes valores en torno a Kristaps Porzingis, su jugador franquicia. Esto no ha gustado al turco.
De hecho, la gota que colmó el vaso fue su suplencia en la victoria lograda en el Staples Center ante los Lakers. El entrenador de los Knicks, David Fizdale, ha argumentado que su labor defensiva es pobre y no le basta su promedio de 14,4 puntos y 10,6 rebotes. Ante el bloque de LeBron James acumularía 16 puntos y 15 rebotes -11 defensivos-, tres asistencias y tres tapones saliendo desde el banquillo, en 27 minutos de juego. Y estalló ante los micrófonos.
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Proclamó que su suplencia le parecía una medida "prematura", "sin justificación" y que le genera "frustración". Mas, lo que de verdad hizo subrayar sus delaraciones no resultó lo estrictamente deportivo. Kanter ofreció una versión alternativa en lo relativo a su ausencia en Londres. Devoliéndole la jugarreta a su directiva, en cierto modo. Dejando pasmado al más pintado. Dijo, con rotundidad, que la verdadera razón por la que no comparecerá en el O2 londinense para jugar otro partido de NBA es porque está aterrorizado con respecto a las argucias que pueda desplegar Erdogan.
"Es muy triste que todo esto afecte a mi carrera en el baloncesto, porque lo que más me gustaría es ayudar a mi equipo en Londres. Pero por culpa de ese lunático, ese maníaco o dictador, no puedo salir a hacer mi trabajo. Es muy triste", proclamó, quien tiene a su padre bajo una condena de 15 años de cárcel. Y prosiguió: "Claro, es muy fácil. Hay muchos espías por ahí y me pueden matar fácilmente. Es una situación horrorosa". "Me quedaré aquí entrenando", remató un profesional que sólo viaja por Estados Unidos y a Canadá. Por su propia seguridad.