Opinión

Bolsonaro y el Foro de São Paulo

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 06 de enero de 2019

Entre 1989 y 1991, el bloque comunista sufrió un terremoto. La destrucción de la URSS y los procesos transicionales hacia la democracia en Europa Central y Oriental sacudieron los cimientos de los regímenes “populares” en Asia, África y América. China había iniciado un ciclo de reformas económicas desde finales de los 70 que tendían a abrir el país a la inversión y la iniciativa empresarial siempre bajo control. No se trataba de un capitalismo de libre mercado sino, más bien, de un capitalismo de Estado.

¿Quién resistía enarbolando la bandera del comunismo? La Cuba de Fidel Castro. Perdido el aliado soviético, el régimen castrista impulsó una plataforma internacional que, centrada en América, sustituyese el papel que la Comintern había tenido durante la Guerra Fría. Así nació el Foro de São Paulo en 1990. Su aliado fue el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño. A él acudieron los partidos, movimientos y organizaciones de izquierdas de todo el continente. En sus casi treinta años de vida, han ido sumándose a él organizaciones indigenistas, antiglobalización, antiimperialistas, etc. La declaración final del primer foro decía:

«Inédito por su amplitud y por la participación de las más diversas corrientes ideológicas de la izquierda, el encuentro reafirmó, en la práctica, la disposición de las fuerzas de izquierda, socialistas y antiimperialistas del subcontinente a compartir análisis y balances de sus experiencias y de la situación mundial. Abrimos así nuevos espacios para responder a los grandes retos que se plantean hoy a nuestros pueblos y a nuestros ideales de izquierda, socialistas, democráticos, populares y antiimperialistas».

En 1990, el único partido en el gobierno de los asistentes al Foro era el Partico Comunista de Cuba. La victoria de Hugo Chávez en 1998 desencadenó un efecto dominó -recuérdese, por ejemplo, la diplomacia del petróleo que practicó el presidente venezolano- que llevó al poder a partidos de izquierdas en casi todo el continente. El Foro actuaba a la vez como organización internacional, generador de ideas y vivero de nuevas iniciativas, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. El instrumento que los Castro habían creado para sobrevivir se había convertido en una poderosísima herramienta de influencia política y cultural. Baste señalar, por ejemplo, su capacidad de generar discursos para las luchas que la izquierda ha tratado de capitalizar -con mayor o menor éxito según los países- desde los años 90 hasta la actualidad: las políticas identitarias, el revisionismo histórico, la oposición a la “globalización neoliberal”, etc. Por supuesto, desde México hasta Argentina, todo el continente ha estado expuesto a las acciones impulsadas por el Foro de São Paulo. Esta influencia, por cierto, ha llegado también a España. Sin embargo, salvo excepciones como “Días de ira” de Hermann Tertsch (La esfera de los libros, 2015), en general, quizás se ha hablado poco en España de esta organización que tanto ha condicionado el devenir político de América y de nuestro país.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, hizo de la denuncia del Foro de São Paulo y su influencia uno de los ejes de su discurso político. La oposición que ha venido formulando a muchas de las políticas del PT en Brasil tenía como trasfondo la inspiración comunista que venía ya desde los años 90 y que, lejos de desaparecer, se extendió por todo el continente. En su discurso de toma de posesión, Bolsonaro prometió liberar a Brasil de «la corrupción, la criminalidad y las amarras ideológicas».

El Foro corre el riesgo de perder influencia a medida que la Cuba castrista se va quedando sola. La Venezuela de Maduro atraviesa una gravísima crisis económica y política. Incluso Evo Morales -otro de los grandes protagonistas del Foro de São Paulo- acudió a la toma de posesión de Bolsonaro. Nadie ofende a uno de sus principales compradores de gas el mismo año en que expira el contrato.

Sin embargo, sería un error minusvalorar la capacidad del Foro de São Paulo para cobrar nuevo impulso. Por una parte, López Obrador, muy próximo a la organización internacional, que celebró su victoria, ha llegado al poder en México y puede ser un aliado poderoso. Por otra, este año hay elecciones en Argentina.

Mientras tanto, los movimientos de izquierdas en todo el continente, y especialmente en Brasil, se preparan para hacer frente al presidente Bolsonaro. Algunas de las consignas ya circulan por los medios y los círculos en que el Foro goza de influencia: resistir en los gobiernos locales que aún controla el PT, proyectar el liderazgo internacional de nuevos rostros de la izquierda brasileña, buscar el apoyo de la Unión Europea y el Congreso de los Estados Unidos con su nueva mayoría demócrata, aumentar las acciones de oposición a Bolsonaro en el ámbito de la cultura, los medios de comunicación y la calles y promover campañas que arrojen sobre el nuevo gobierno la sombra de la corrupción: privatizaciones, exenciones fiscales, compras de armamento y alianzas militares, grandes obras públicas, etc.

En Brasil se van a dirimir algunos de los grandes debates políticos que se han suscitado en las últimas décadas a ambos lados del Océano. Veremos si el Foro de São Paulo y sus aliados conservan la fuerza que hasta ahora han tenido.