El Real Madrid afrontó el duelo de este domingo ante la Real Sociedad sin margen alguno. El bofetón de realidad sufrido ante el Villarreal, en el que desaprovecharon la oportunidad de recortar la distancia con el Barcelona y con sus perserguidores, aclaró los términos del rendimiento de su equipo a un Santiago Solari que venía de paladear la gloria en el vacacional Mundial de Clubes. De vuelta al Bernabéu no le quedaba otra que la victoria. Porque el crédito en la era post Zidane es y será muy limitado. Y la pausa hasta que amanezcan las eliminatorias de Liga de Campeones puede llegar a resultar abrasiva.
Por ello, el argentino reprodujo el once que mejor resultado le ha dado desde que sustituyera a Julen Lopetegui, incorporando una variante abierta a la polémica: aunque Bale, Asensio y Mariano no estaban disponibles, prefirió a Vinicius en lugar de Isco. Por detrás, Casemiro suplía al lesionado Llorente como acompañante y ancla de Modric, Kroos y Lucas Vázquez. Benzema era la punta de lanza, con Marcelo y Carvajal en los carriles, y Ramos y Varane blindando a Courtois. En la pizarra del preparador la estrategia pasaba por el desequlibrio en estático más que por el monopolio horizontal del cuero.
En la otra trinchera, Imanol Alguacil volvió al banco donostiarra pretendiendo refrescar la vigencia de sus ideas. Metió al debutante Ahien Muñoz en un lateral y apostó por Mikel Merino, denostado hasta esta fecha. Con Rulli en la puerta -recambio de Moyá-, los vascos desplegarían un 4-3-3 en el que Illarramendi y Zurutuza ordenarían, Januzaj y Oyarzabal rascarían huecos al espacio y William José amenazaría al equilibrio local. Moreno y Llorente ejercerían como anti-aéreos y Elustondo se pelearía con el joven carioca que debía amortizar la alternativa dada en la jornada de Reyes.
Y el peor de los escenarios se desataría para los vigentes campeones de Europa. Sólo pasaron dos minutos hasta que recordaran a la tribuna que su concentración es guadianesca. Marcelo perdió la pelota en la salida y la Real lanzó una contra. Ramos y Casemiro se hicieron un lío, se coló entre ellos Mikel Merino y fue derribado en el área por el mediocentro brasileño. En el tercer minuto William José batió a Courtois al trasformar el penalti por el centro. Un golpe bajo al aficionado que acudió a Chamartín y una piedra en el zapato de un Solari al que le está costando un mundo convencer de la idoneidad del compromiso durante los 90 minutos a sus subordinados.
Así pues, el partido tomó altura con la obligación de remontar para el aristócrata y un mano a mano ganado por Ramos a Oyarzábal, en otro error defensivo capitalino -minuto 8-. En el 10 Benzema cruzó demasiado el empate instantáneo de su escuadra, tras un centro de Lucas Vázquez y la dejada de Vinicius. Perdonó el galo con la zurda, al tiempo que se conformaba el ejercicio de presión madridista y la negativa contragolpeadora a encerrarse de una Real consciente de la falibilidad tras pérdida del favorito. El desorden en la cobertura del centro del campo y retaguardia merengues iba a afirmarse latente. Con Januzaj y Oyarzábal salibando.
En la frontera del cuarto de hora inicial los de Imanol racheaban subidas de líneas ambiciosas y el Madrid, poco fluido, soltaría un pase filtrado de Benzema que Vinicuis topó en el cuerpo de Rulli. El enésimo examen a la mentalidad, paciencia y personalidad al que se vio abocado el conjunto de Concha Espina se dirimiría en un pentagrama global atacante. Tendente al intercambio de golpes y la valentía posicional. El decantar mostraría rutas de acceso al remate para el Madrid, con Kroos y Benzema tejiendo una llegada previa al latigazo de Modric que hizo volar a Rulli -minuto 22-. Bajo el paraguas del control de balón local y un reparto más simétrico de la propiedad de la sensación de peligro. Eso sí, la cancha iba tendiéndose sobre el arco del portero argentino, con Benzema como aglutinador.
Ni uno ni otro podían presumir de defender de forma granítica, conque en cada esquina se podría romper una línea y generar veneno. Y la media hora se atravesaría con más voluntad mutua por hincar el colmillo que precisión, a pesar de las facilidades sembradas por todo el verde. Seguiría paseando por el alambre el dibujo madrileño después de cada desatino en el pase, con un corte providencial de Modric tras un córner a favor, cuando saltaba Oyarzabal hacia una autopista. Esta circunstancia torpedearía su anhelo de soliloquio y dictado del tempo. Únicamente los cambios de ritmo de Vinicius alteraban al respretable e inquietaban a unos txuri-urdin más cómodos -con los centrales yaciendo en el ecuador del terreno y presionando con todo-. Mikel Merino rubricaría su distinguida impronta.
Y apretaría y dispararía la velocidad combinativa el equipo en desventaja en la recta final hacia el intermedio. Activaría una tormenta de centros laterales que exigía, al fin, a los espigados zagueros blanquiazules. Mas, un testarazo al cielo de Casemiro -minuto 38-, una intercepción "in extremis" de Ramos cuando Zurutua se iba solo, un centro bombeado de Lucas Vázquez que escupió el larguero y una salida apresurada de Courtois para apagar un incendio retratarían la esencia incierta del envite antes del camino a vestuarios. La descoordinación en la presión y el cierre defensivo renacían para desestabilizar el dominio de un Real Madrid pitado y urgido. Contemporizar, desprovisto de continuidad, no valdría en el segundo acto.
Una pérdida de Casemiro en la primera acción de la reanudación desencadenó un pase maravilloso de Merino que Januzaj centró para el despeje de Varane que rebotó en Ramos, rozando el gol en propia puerta -minuto 47-. Lo explicito de los pies de barro del coloso golpearía a los aspirantes a todo, pero un fogonazo a balón parado alimentó su maltrecha convicción. En el 49 Kroos botó un cóner rematado dos veces por Varane y una por Vinicuis. William José y Rulli, en doble intervención, conjugarían el vendaval descontextualizado. Y la traca prosiguió con un pase quirúrgico de Merino que Oyarzábal no conectó con tino y una condicción con remate desaviado de Vinicius -minuto 51-.
A continuación, Januzaj silenció a la grada con una diagonal en la que se fue de tres oponentes flácidos y anguló su zurdazo lamiento el poste. En el envés, Lucas centró y Benzema cabeceó a los guantes de Rulli. Nada había mutado. Los ajustes equilibrantes fueron arrinconados para la anárquica guerra de guerrillas y Solari apostó todo al ataque en el minuto 57: Isco entró por Casemiro -muy impreciso-. Nacía la contrarreloj sin retrovisor de los madridistas, con riesgo soresaliente, contrastadas sus flaquezas en la recuperación. En el 60, con abucheos resonando, una contra vasca, rematada fuera por Zurutuza, corroboró lo resbaladizo del movimiento -todo había surgido de una floja presión local-. Y Lucas Vázquez, empujado a frenar en falta otra nítida transición donostiarra, se ganó la roja por segunda amarilla instantes después.
El callejón sin salida en el que se habían metido los madrileños retorcía la épica. En el 64, Merino chutó a las manos de Courtois cuando navegaba en dispsición de tres contra Varane. Los nubarrones se habían cerrado. El orgullo condujo a Vinicuis a forzar un penalti no pitado y a Ramos a probar a Rulli -imperial- en dos oportunidades. Courtois salvaría a los suyos ante Januzaj -minuto 68-, justo antes de Zaldúa sentó a Elustondo -lesionado-. Si la Real anestesiaba con posesión lo asilvetrado del cuerpeo estaba en condiciones de llevarse el botín merecido. El preparador lo leyó y dio descanso a Merino para aplicar a Pardo.
El desorden táctico de los locales era ya total, en favor del empuje. Solari, sin delanteros en reserva, sentó a Marcelo -pitado- y Kroos para hacer saltar al césped a Reguilón y Ceballos. Restaban 15 minutos y la capacidad agonística de los suyos estaba bajo mínimos, impotentes para recuperar la redonda. La Real quiso, finalmente, cerrar el resultado con la posesión y si los madridistas no fueron capaces de cortocircuitarles con 11 jugadores, con 10 se antojaba utópico. Aún así, Vinicius (feliz sin porterías) buscó el ángulo en un derechazo -minuto 79- y la falta de pegada de los visitantes aperturó un resquicio para el Madrid. En cambio, en el 83 Illarra subió líneas, abrió para William José y Pardo sentenció el 0-2 con un cabezazo adecuado. Demolido desde el prisma físico, el gigante se resignaría a empezar el año con su segunda derrota liguera en casa. Sin argumentos que anteponer.
- Ficha técnica:
0 - Real Madrid: Courtois; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo (Reguilón, m.77); Casemiro (Isco, m.57), Kroos (Ceballos, m.80), Modric; Lucas Vázquez, Vinicius y Benzema.
2 - Real Sociedad: Rulli; Elustondo (Zaldua, m.69), Llorente, Héctor Moreno, Aihen Muñoz (Zubeldia, m.84); Illarramendi, Zurutuza, Merino (Rubén Pardo, m.73), Januzaj; Oyarzabal y Willian José.
Goles: 0-1, m.3: Willian José de penalti. 0-2, m.83: Rubén Pardo.
Árbitro: Munuera Montero (Comitá Andaluz). Amonestó a Marcelo (51), Modric (75) e Isco (88) por el Real Madrid; y a Willian José (36) por la Real Sociedad. Expulsó a Lucas Vázquez por doble amonestación (41 y 61).
Incidencias: encuentro de la 18a jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante la presencia de 53.412 espectadores.