No todos son blancos. No todos pertenecen al proletariado urbano. No todos proceden del ámbito rural. No todos tienen padres franquistas. No todos se entusiasman con las tradiciones. No todos los votantes de Vox vienen de C´s o del PSOE. No a todos les gustan los toros. No todos salen por la noche con botas de clavo y camisetas estrechas. No todos tienen creencias católicas… El pueblo que vota a Vox no es idéntico. La conciencia de la identidad es la no identidad. El pueblo no puede ser fijado con un cliché a no ser que se le quiera estigmatizar, descalificar y perseguir. Sin embargo, la pregunta que no dejan de hacerse ciento de majaderos, como si descubriera la pólvora, es: ¿cómo definir a los votantes de Vox en Andalucía?, “¿de qué género (de personas) está hecho Vox?, “¿cuál es su identidad? ¡Vaya usted a saber! Yo no lo sé. Tendría que investigar en la vida de 400.000 personas. Tampoco sabría fijar, clasificar, en fin, explicar de modo claro y distinto cuál es el “espectro” de votantes del partido de C´s, del PP o cualquier otro partido.
Creo que ahí reside la esencia de la democracia. Quien no entiende este asunto, en mi modesta opinión, no sabrá jamás que es la democracia. El pueblo es lo indistinto y lo singular. El pueblo, sí, es la variedad: o respetamos a cada uno de los individuos que componen el pueblo o consideramos la “democracia” una cuestión de grupos estabulados como los animales. Eso, exactamente, es lo que quieren los editores de periódicos, los presentadores de la radio y la televisión que “dirigen” tertulias políticas, los periodistas de partido (casi todos), lo “escribidores” de columnas políticas y, en fin, toda esa uniforme tropa que conforman el llamado, desde don José Ortega y Gasset, conglomerado de la rebelión de las masas: gente y gentuza que se rebela contra su propio destino. Gente y gentuza que defiende la “democracia” si, y solo si, es morbosa. Gente y gentuza que reduce la democracia a la regla aritmética de la mitad más uno… No les interesa la democracia de las personas sino de las masas.
Por lo tanto, quien confunde la multiplicidad animal con la pluralidad humana, puede ser descalificado legítimamente por anti-demócrata, o peor todavía, por totalitario. El milagro democrático no es otro que coincidir, de vez en cuando, con otros muchos seres humanos en algunas opiniones que se refieren a lo común. A lo político. El resto es faramalla totalitaria. Por desgracia, esa “mentalidad” totalitaria recorre de arriba abajo las llamadas agencias de socialización política en el mundo occidental. Tampoco España se salva de esta plaga. De un tiempo a esta parte observo esa farfolla política por todas partes. De faramalla, farfolla y corrección política están plagados lo medios de comunicación. No hay periódico, radio o televisión que no repita el lema totalitario: “Nada con Vox”. “Nada con los dirigentes de Vox”. Y, sobre todo, “nada con los votantes del partido de Abascal”. Quien no vea con preocupación, malestar y, a veces, indignación esta actitud, en mi opinión, es que no sabe qué es la democracia, o peor, lo intuye, pero le tiene miedo y quiere imponer un sistema totalitario.
A cualquier hombre decente, incluidos los demócratas de boquilla, tendría que asustarle la cantidad de políticos, intelectuales y periodistas que encasillan y agrupan con extremada facilidad a los votantes de Vox. Tratan descalificarlos, sencillamente, porque no representan al pueblo. Aquí la manera de comportarse C´s sobresale sobre el resto de partidos, entre otros motivos, porque ellos no solo han despreciado de palabra a los votantes de Vox, sino que lo han puesto en práctica al negarse a dirigirles la palabras a sus dirigentes. Terrible. Han olvidado los de C´s algo muy sencillo, a saber, que ellos no sólo representan a sus votantes sino a todo el cuerpo electoral andaluz. Terrible, sí, porque ahí reside la clave democracia. Ojalá me equivoque, pero tengo la sensación de que los dirigentes de C´s se arrogan la representación del pueblo, dirían ellos, “genuinamente democrático”, cosa que ha hecho sin ningún tipo de matización el candidato que apoyan los de Rivera en el ayuntamiento de Barcelona.
Creo que el comportamiento de C´s, en Andalucía, con Vox empieza a ser alarmante. He llegado a pensar que reproducen impunemente el esquema político que Podemos está aplicando desde su aparición en España: “Yo soy el pueblo”. Impunemente, repito, porque apenas nadie, entre los llamados creadores de opinión pública política, ha criticado la actitud totalitaria de C´s con Vox, porque se necesita ser muy totalitario para despreciar a 400.000 votantes de un partido político, 400.000 ciudadanos a los que también los electos de C´s representan. Repito, repito y repito: los diputados representan a todos los ciudadanos y no solo a sus votantes. Es el ABC de la democracia parlamentaria.
Sin embargo, desde el día 2 de diciembre, fecha de las elecciones autonómicas en Andalucía, parece que el principal asunto que preocupa a C´s no son los dirigentes de Vox, sino estabular, ponerles una señal al modo nazi, a sus votantes, incluso se ha hablado de “un cordón sanitario”. Los dirigentes de C´s, y de su candidato en Barcelona, lo tienen tan claro que da miedo verbalizarlo. Sí, los dirigentes de C´s no quieren nada con los de Vox, porque no admiten que sus votantes representen al pueblo. Empieza a ser sospechosa la falta de educación democrática que está exhibiendo C´s en Andalucía. ¿Es que ya no aspiran a ganar sino a quedarse en la cómoda situación de ser un partido de tercera regional?