De entrada, ilustres lectores, no se sientan como aludidos ante la pregunta que rotula el titular de este artículo que en esta madrugada de enero escribo. En el caso que fuere así será o por ignorancia, quizá por no estar a la altura de los tiempos o lo más posible por que el inferido se haya anclado por ese lavado de cerebro invisible, pero con esa centrifugación que logra alcanzar la sequedad de toda mente. Y ahora puede el que se sienta citado proferir todo tipo de defensa, pues en este diario Imparcial se alustra todo apertura de debate.
Comencemos con una cita de Henry D. Thoreau: “La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que resultan un obstáculo evidente para la elevación espiritual de la humanidad”. Y es aquí cuando ya me lanzo a la interpretación de el tema de nuestro tiempo, que dijera Ortega. Percibo con claridad que mayoritariamente existen muchos mundos interiores en esta zona del nuevo milenarismo que han captado ya -y sin marcha atrás- esa “elevación espiritual de la humanidad”. ¿Acaso alguien sólo percibe este siglo en el que mal habitamos como esa realidad que como un goteo metálico centrifuga nuestro día a día desde la escritura manchada de ese oro que controla y manipula toda la información objetiva/conectiva que nos llega desde esas mansiones en donde se reúnen anualmente las élites que mandan y despiezan esta aldea global?
Si alguien se halla por claudicación dentro de esta pregunta que vuelvo a lanzar es porque ni se mueve del sillón en donde ancla su trasero delante de la televisión o de los ordenadores abrasados de fake news o, lo que es peor, de una red altoparlante que le atrapa cual ingenuo Peter Pan. Y, si no se comprenden mis palabras, es mi obligación -eso creo- continuar con estas petulancias mías.
Y es que Marx tenía esa apoplejía que de tan mal interpretada y ante todo tan violentamente puesta en práctica hoy curado ya retornan sus palabras: “El modo de producción de la vida material condiciona los procesos de la vida social, política y espiritual en general”. Sí, no lo duden, el judío K. Marx, borrachín y gracias a esos sablazos que acometió contra el aristócrata Engels, hoy vuelve a ser portada de la revista Vogue. No me cabe la menor duda que el actual sistema capitalista continúa, aunque más refinado y ante todo más sibilino, recorriendo esa cadena ya célebre y que ustedes, ilustres lectores, conocen de sobra: producción/mano de obra/distribución/consumismo/crecimiento económico/colapso. O dicho con sus palabras: El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”. Cambiemos el término “burguesía” por el más actual, esto es, “sátrapas que viven con sus construcciones especulativas en esta Nueva Arquitectura Financiera Internacional, pero -y no es invento mío- sólo desde este fantasmagórico castillo de naipes.
¿Cuáles son las cartas de esta baraja? Res non verba: contabilidad creativa, fondos de alto riesgo, fusiones en horizontal y en vertical -empresariado múltiple-, incubadoras, las cuatro N -Nairu, Napster, Nasdaq, New Deal-, manías, pánicos y cracs: historia de las crisis financieras, ese filme escrito que nombre El Informe Lugano, Homo videns o la sociedad teledirigida…hasta llegar al mejor naipe que siempre es el Joker. Pero esta carta es la del azar. Entonces digamos con claridad que este castillo de titanes no es otra cosa que una teoría accidental y otras noticias de la ciencia lúgubre. Sepamos que el Joker fue una reedición francesa del Rey David, Alejandro Magno, Julio César y Carlomagno.
Sigamos con este Superlópez que fue Marx: “Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose constantemente.
Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo y cuyos productos no sólo consumen en el propio país sino en todas las partes del globo (…) Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la producción intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todos. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una Literatura Universal”.
Y es aquí hasta dónde quería llegar yo. Materias primas y pensamiento único.
Desde la primera -¿seguro que fue la primera?- revolución industrial iniciada a mitad del siglo XVII en lo que fue un contrabrexit, las materias primas han ido evolucionando aunque para mí poética de la contra ideología capitalista hoy siguen siendo las mismas pero más en finolis, es decir, una suerte de basura globalizada que está ya al borde del colapso. Y es que yo soy de los que apuntan que es mejor antropológicamente no ser humano demasiado humano como sapiens, sino como homo habilis. Fue Henry D. Thoreau quien dijo que será la naturaleza salvaje la que imponga la única y ya irremediable salvación del hombre moderno. Hay que reinventar o mejor retomar las materias primas que el detritus de la natura y sus fuerzas vivas senderean no por el pensamiento único, sino por el múltiple, el compartido, en todo caso, el universal. Líricamente digo que la mierda de las almas puras de la tierra es que va a diseñar este cooperativismo urgente, pues no otro de modo desde este presente que ya es futuro explota el origen para higienizar este planeta azul: la fuerza de los vientos, el sol entrando en los bosques, el mar como auténtico espíritu de energía o el cóndor volando alrededor de todos los continentes. Hay una palabra que, según he oído a esos nuevos poetas de la política económica, deberíamos cambiar de significado. Me refiero a la palabra “basura”. El change sería “reciclaje o esencia que no tiene finitud, sino que es cíclica hasta arribar al más puro amor entre lo humano de la humanidad.”
Lo digo con Neruda: “A todos, a todos, / a cuantos no conozco, a cuantos nunca / oyeron este nombre, a los que viven / a lo largo de nuestros largos ríos, / al pie de los volcanes, a la sombra / sulfúrica del cobre, a pescadores y labriegos, / a indios azules en la orilla / de lagos centelleantes como vidrios, / al zapatero que a esta hora interroga / clavando el cuero con antiguas manos, / a ti, al que sin saberlo me ha esperado, / yo pertenezco y reconozco y canto.”
Somos muchos y demasiadas mujeres sobre todo las que ya están derribando el muro del capitalismo de forma muy sencilla: martillo, cincel y golpe. ¡Abajo el capital¡, ¡que no emitan los bancos federales más monedas¡ ¡Ahora mismo oigo como un roble canta aquello de Lennon: “Vivir es fácil con los ojos cerrados”¡ Y como dije en mi anterior artículo en este mismo diario seguimos leyendo a Ortega II y su la rebelión de las masas. Toda utopía responde a una proyección humana de un mundo ideal. Unas veces como idea puramente nostálgica de una pretendida edad dorada y otras como motor que impulsa realmente la sociedad en determinados aspectos. Los paraísos terrenales, el jardín de Gilgamesh o la isla de la Historia Sagrada de Euhemerus y los mitos de Hesíodo son anteriores a nuestra era. Pero, si nos limitamos a antecedentes clásicos más directamente relaciones con el que para mí mejor marcó esa idea de Utopía como realidad fue aquel en cuyas cartas personales nos dejó la impronta de un sentido humano en un tiempo en que lo divino relataba el fuego contra los hombres creadores de una nueva antropología. Este speaker fue un bromista llamado Tomás Moro, quien al pie del cadalso fue capaz de coexistir como padre como súbdito como místico llegando a gritar con voz lejana: “Me sentía juguete de Dios, que me tenía en sus rodillas y me zarandeaba”.
Acabo ante el mismo cadalso de Moro riéndome y susurrando con los ojos cerrados: ¿quién es el necio capaz de juzgarnos?, ¿quién continúa erre que erre rodeándonos con armas compradas, mientras el regazo de esta patria universal se extiende para que vivamos, yo, tú, amor, vosotras, él, todos?
Bajo las escaleras de mi casa en esta alba de enero para regresar a mi pueblo, pues es en su ala de paloma en donde seguiré despierto soñándonos entre todos y derribando todas las fronteras. Nada podrá llenar las copas de los árboles si no hay pureza, sólo pedimos pureza para únicamente y con todas las razas en nuestros corazones poder contener todo el sol en las banderas de esta primavera invencible. Alguien dijo: “Es mi hermano, tráelo a esta casa pobre”.