Parecería impensable hace unos meses, pero Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic reeditarán su emblemática rivalidad en la final del Abierto de Australia. Ambos habían concluido el 2018 con molestias físicas, pero han lanzado su nivel físico y mental para abrodar el primer Grand Slam de la temporada refutando su estatus de favoritos al título. Este domingo (9:30 | Eurosport1) se verán las caras por segunda vez en el último peldaño del Melbourne Park. En 2012 protagonizaron la final más larga de la historia de este campeonato.
El objetivo es alcanzar un deleite parecido, si bien los dos están hambrientos por alcanzar hitos personales y exquisitos. Nadal buscará convertirse en el primer jugador de la Era Open en conseguir cada uno de los campeonatos 'major' por partida doble, al tiempo que el balcánico tiene en su raqueta la posibilidad de superar a Roger Federer y al australiano Roy Emerson como el tenista como más trofeos en el grande aussie. La estadística expone que sobre la mesa está la conquista de la segunda del balear o la séptima del número 1 de la ATP.
Los pronósticos se han igualado en las semifinales, pero la senda hasta este envite de campanillas ha resultado bien diferente para ambos púgiles. Rafael (catorce títulos Grand Slam) se ha uniformado de trueno jerárquico a lo largo y ancho de su participación en esta edición del Abierto de Australia. Arrasó con una sencillez pasomsa sus primeras rondas, luciendo una mejora en el servicio y una intensidad y finura en el golpeo que corroboró lo acertado de la idea de sacrificar cuatro meses para recuperarse de su lesión en la rodilla derecha.
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Porque sólo hace dos meses de su operación de tobillo y Nadal no ha cedido ni un set en todos los partidos previos en Melbourne. Una barbaridad que aceleraría en los cuartos de final y semis, fases en las que domesticó hasta la resignación al estadounidense Frances Tiafoe y el griego Stefanos Tsitsipas (14º favorito y verdugo de Federer). Su quinta final en las orillas del río Yarra está encuadrada en un respingo saboroso de tenis que le ha señalado como el jugador más en forma del momento. Sus rivales, uno a uno, han admitido saberse muy inferiores al término de sus enfrentamientos. El heleno llegó a confesar que hibo momentos en los que "sentí que estaba en otra dimensión de tenis". En las semifinales.
El problema para el manacorí es que el torneo australiano se le ha resistido con tozudez. Salvo en 2009 -cuando tumbó a Federer por 7-5, 3-6, 7-6(3), 3-6 y 6-2-, perdió ante Djokovic (2012), Stan Wawrinka (2014) y el propio Federer (2017). Todo lo contrario que un Djokovic que ha resultado casi infalible cuando ha llegado a esta instancia. Lo ha hecho seis veces para seis títulos. Y sabe que está en el momento más lúcido desde que comenzó su comparecencia en esta edición del campeonato de Melbourne.
Su tenis ha ido de menos a más en lo relativo a solidez. "Ahora me toca hacer una buena recuperación porque no me he encontrado muy bien, en especial en los últimos veinte minutos", comentó tras haber sobrevivido a Daniil Medvedev (15º cabeza de serie) en cuatro sets. En las primeras tres rondas había cedido dos sets, susurrando falibilidad. Mas, en el tramo de la verdad ha emitido un fogonazo que ha refrescado su el pelaje intimidatorio de su estilo. La lesión de Nishikori en cuartos le dio un respiro que amortizó en las semis. En esa altura detonó un 6-0, 6-2 y 6-2 en menos de hora y media, para barrer a Lucas Pouille de la pista y llegar al ajedrez ante Nadal pleno de convicción.
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Es por este resurgir dentro del torneo que la relación de fuerzas en los augurios se ha equilibrado. La facilidad con la que las dos leyendas superaron la barrera previa a la cita del domingo aventura que los dos competirán en plenitud física, lo que significa que los dos mejores tenistas del circuito masculino -del presente, sefún constata el ránking de la ATP- estarán en condiciones de tutearse. Djokovic proclamó, en esta dirección, que "los partidos contra Nadal son una experiencia única, por lo que los aficionados deberían correr a comprar una entrada".
Para más inri, este duelo cuenta con cierta atmósfera de caducidad. La calidad de Nadal (32 años) y de 'Nole' (31 años) está conteniendo el empuje de la nueva generación de tenistas. Lo está consiguiendo hasta el extremo de la ampliación de la racha de nueve campeonatos de Grand Slam consecutivos con un ganador que supere los 30 años de edad a los diez, al término del evento de este domingo. Alex De Miñaur, Tiafoe, Tsitsipas, Denis Shapovalov y Medvedev han sido apeados por estos gigantes en Australia en estas semanas. Ahora se repartirán la gloria en su 53º duelo directo. La batalla íntima más larga de la historia de este deporte.