Traducción de Celia Montolío. Siruela. Madrid, 2018. 464 páginas. 24,95 €.
Por Jorge Pato García
Antes de dar unas pinceladas sobre la novela Tiempo de espera es inevitable hacer primero referencia a la autora de esta saga de novelas. Elizabeth Jane Howard puede ser considerada una de las grandes escritoras del siglo XX en lengua inglesa, y quizás la última que ha producido una serie de volúmenes imprescindibles para entender la literatura anglosajona de esa época. Su producción literaria no fue muy extensa pero los cinco volúmenes que componen la Crónica de los Cazalet son una parte esencial de la literatura inglesa para poder ver cómo evolucionó la misma a lo largo del siglo pasado.
Al inicio de nuestra novela encontraremos el árbol genealógico que nos ayude a entender el entramado familiar de los Cazalet, además de una relación del personal doméstico de cada una de las familias. Con estos mimbres se puede entender que nos encontramos ante una novela coral ubicada temporalmente en el año 1939, con posterioridad a la invasión de Polonia por parte de Hitler y con el inminente inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Los Cazalet ante esta situación de tensión en la política europea cerrarán sus casas en Londres y se trasladarán a Sussex, concretamente a la casa señorial de Home Place. Allí, reunida toda la familia, veremos cómo los hombres serán llamados a filas, excepto aquellos que por edad o por algún tipo de enfermedad o secuela no pueden ir al frente, y comprobaremos la impotencia de estos que se quedan en casa ansiando poder ir a batallar para defender sus libertades. También están las mujeres, que son las que se quedan en la mayoría de los casos tratando de mantener cierto orden y cotidianeidad mientras esperan el final de la contienda o el regreso de los que están en el frente.
Este paso del tiempo es el que nos hace ver como los más pequeños crecerán en un ambiente distinto al que les tocaría a consecuencia de la guerra, pero no debemos pensar que en esta novela la guerra es la que centra el protagonismo, ya que, en realidad, el centro está focalizado en la estructura y las vivencias de la sociedad de esos años, siendo esta la principal característica tanto de esta novela en concreto como de la saga completa ya que Elisabeth Jane Howard dejó clara su buena mano a la hora de hacer el retrato social.