Cuando Pedro Sánchez se acomodaba en el Falcon rumbo a su enésima gira iberoamericana, con visitas a Guatemala y México, a la diputada del PSOE, Sofía Hernanz, se le ocurrió atacar en el Congreso a Rajoy al contestar a Beatriz Escudero del PP que acusó al Gobierno de celebrar ”fiestas de nuevos ricos usando el Falcon en bodas, conciertos y mítines en una ostentación de poderío indecente”.
El PSOE insultó a Rajoy para defender la afición turística del presidente del Gobierno, el desgaste del Falcon y el derroche de cientos de miles de euros de combustible. Dijo que su antecesor lo utilizaba igual “pero con avituallamiento extra de vino y whisky”. En la sede del Congreso y ante una pregunta de la Oposición sobre el control de los gastos de La Moncloa, el argumento del PSOE se limita a llamar borracho a Rajoy. Los socialistas deberían haber intentado justificar la necesidad de Sánchez de viajar en avión o helicóptero para cumplir sus funciones como presidente del Gobierno. No es tarea fácil, pues ha recorrido por mero capricho muchos miles de kilómetros a cargo del erario público. Pero el papel de la diputada socialista no era en ningún caso auditar los gastos etílicos de Rajoy sino el gasoil quemado por el presidente en sus continuas giras.
No es verdad que Rajoy utilizara el Falcon para ir de juerga con su mujer, como Sánchez a Benicássim, o que bebiera más de la cuenta. Resulta escandaloso que el PSOE recurra a estas bajezas para defender a su líder, quien, sin duda, ha desgastado más los motores del avión oficial en siete meses que cualquier expresidente a lo largo de los cuatro años de una legislatura. Y, desde luego, solo él ha utilizado el helicóptero oficial para asuntos personales o familiares, como cuando asistió a la boda de su cuñado.
Pedro Sánchez sabe que por mucho que prolongue la legislatura, antes o después tendrá que abandonar La Moncloa con todo el boato y el lujo que comporta. Sufre solo de pensarlo. Y ha decidido saborear las mieles del poder, hasta gripar el Falcon si es necesario. Es su momento de gloria y nada más le importa. Pero resulta indignante recurrir a bajezas como la de la diputada Hernanz para justificar el abuso y el despilfarro del dinero público de Pedro Sánchez desde que aterrizó en La Moncloa.