Son los de siempre. Los que se sintieron defraudados por su elección y por aquellos que han sido apartados por gravísimas causas o por ineptitud. El Papa está en la diana de algunos y estos algunos aprovechan cualquier tema para criticar la labor de FRANCISCO, como ocurre ahora con la situación de Venezuela.
A esos les gustaría que el Papa hubiera hecho una declaración contundente contra el régimen venezolano, pero esos mismos ocultan la labor que está haciendo la Iglesia particular de ese país con negociaciones continuas que puedan evitar un baño de sangre. La diplomacia vaticana está en plena actividad en este complicado asunto y seguro que las mediaciones que está llevando a cabo llegarán a buen puerto.
Pero, como dijo el Papa en la Misa que ofició en Santa Marta el pasado 21 de enero : “El estilo acusatorio es el estilo de aquellos creyentes que siempre tratan de acusar a los demás, que viven acusando: “No, éste, aquel… No aquel, no… aquel no es justo…” y siempre descalifican a los demás. Un estilo – yo diría – de promotores de justicia que siempre están tratando de acusar a los demás. Pero que no se dan cuenta de que es el estilo del diablo: en la biblia al diablo se lo llama el “gran acusador”, el que siempre está acusando a los demás”.
FRANCISCO nos hizo notar a los que tuvimos la fortuna de participar en esa Eucaristía que “ésta es una moda entre nosotros y que también lo era en tiempos de Jesús, puesto que en diversos episodios el Señor reprocha a los acusadores: “En lugar de mirar la paja en los ojos de los demás, mira la viga en los tuyos” o” Aquellos que no han pecado pueden tirar la primera piedra”. Por lo tanto, explicó el Papa, “vivir acusando a los demás y “buscando los defectos” no es “cristiano”, “no es un odre nuevo”.
FRANCISCO es un gran Papa capaz de abordar cualquier tipo de problema, aunque este afecte a la misma Iglesia, como ocurre con la pederastia, El Pontífice que sigue peregrinando a las periferias- recordamos su viaje a Panamá para la JMJ y el próximo a Emiratos Árabes Unidos- quiere llegar al corazón de todos, incluso al de aquellos que le acusan sin base alguna. FRANCISCO está sufriendo los embates de “amigos”, como le ocurrió en su día a San Juan XXIII.