Sánchez ha rectificado su posición con el régimen comunista de Venezuela. Ya no quiere legitimar directa o indirectamente el régimen criminal de Maduro, que es lo que ha estado haciendo hasta hoy mismo, sino que pretende condenarlo indirectamente, o sea, reconociendo la legitimidad de Juan Guaidó para convocar elecciones libres en Venezuela. ¿Por qué ha rectificado Sánchez su posición? No lo ha explicado. Ni creo que tenga agallas morales suficientes para intentar una argumentación plausible. Ha llegado tarde y no explicará nada. A partir de ahora todo será oscuro y ambiguo en la acción del gobierno de Sánchez con los venezolanos. Las circunstancias le han torcido la muñeca al gobierno de España. Ha cambiado de parecer, sin duda alguna, de modo arbitrario y sin ton ni son; cambia , sencillamente, porque es lo que más le conviene en este momento a los mezquinos intereses personales de Sánchez… Su cambio es solo un cambiazo. Una falsificación. Nadie espere, pues, mucho de la nueva actitud del gobierno de Sánchez.
Desconfíen de su promesa. Será un caballo de Troya en el seno de los países europeos que condenan el régimen criminal de Maduro. No se pondrán al frente de los países de la Unión Europea para derrotar cuanto antes al tirano, entre otros motivos, porque se lo impedirán su correligionario Zapatero, principal soporte de Maduro en los últimos años, los comunistas españoles y los separatistas, que lo mantienen en La Moncloa. El trabajo de Sánchez en el seno de la UE es previsible: esconderse permanentemente detrás de decisiones tomadas de modo colectivo. Seguirá haciendo lo posible y lo imposible para obstruir, tarea en la que es un experto, todos los mecanismos que conduzcan a Maduro al Tribunal de la Haya por crímenes de lesa humanidad.
Alguien que no ha querido ver hasta ahora, cuando el régimen comunista da sus últimas bocanadas, lo que estaba a la vista de todos no merece confianza alguna. El régimen comunista de Maduro ha asesinado y torturado de modo planificado a la población civil. Ha conducido a su pueblo a la miseria y la hambruna más grave de nuestra época. Ha llevado al exilio a más de cinco millones de personas. Se salta todos los días las mismas normas que se da el régimen, incluida la propia Constitución decretada por el dictador Hugo Chávez y, en fin, arrolla masivamente los derechos humanos. Sin embargo, Sánchez hasta hoy, 4 de febrero, le ha negado el pan y la sal a todos los que criticaban ese régimen totalitario. Terrible.
Solo hay una medida, o quizá un gesto, que haría creíble el cambio de posición de Sánchez. Solo podría convencernos de que quiere acabar, de verdad, con el terrorismo del Estado narcotraficante de Venezuela, si hace autocrítica, por un lado, de su actitud anterior, y rompe por otro lado con los socios que le dan el apoyo en el Gobierno y siguen “legitimando” al criminal maduro que él condena con la boca chica.