Las esperanzas de los aficionados Anfield de volver a ver a su equipo ganar la Premier League poco a poco se van deshaciendo. Porque el inicio arrollador del Liverpool en el torneo de la regularidad, al que habían señalado de manera velada como su objetivo primordial. tras haber sido subcampeones de Europa, se ha esfumado a estas alturas del torneo y los pinchazos del Manchester City, mucho más irregular de lo esperado, no están siendo amortizados.
Los pupilos de Jürgen Klopp sólo han cosechado 8 de los últimos 15 puntos en disputa, hecho que ha reducido el grosor del amplio colchón que habían logrado. Aunque la estocada que les supuso haber perdido en el cara a cara ante el Manchester City hace semanas, de haber vencido al Leicester la pasada semana se habría colocado todavía con siete puntos de ventaja. Pero no pudieron gestionar el tanto inicial y empataron, dejando la ventana de oportunidad abierta para los vigentes campeones.
Y, claro, una cosa es que los 'Citizens' no luzcan consistencia marciana como el curso pasado y otra es que no sigan gozando de la jeraquía que les es característica. Así, se encagarían de meter toda la presión posible al golear al Arsenal este fin de semana (3-1, con triplete de un 'Kun' Agüero que parecería despertar en el momento clave del calendario). Habían entendido que este era el intervalo para examinar la convicción de los punteros, y la maniobra les salió redonda.
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Porque el Liverpool empató por segundo encuentro consecutivo, esta vez ante el West Ham United (1-1). El Estadio Olímpico de Londres les vería volver a adelantarse con celeridad. A los 21 minutos Sadio Mané embocó un centro de James Milner. La jugada debió ser anulada, pues el interior recibió el cuero en fuera de juego antes de asistir al ganés, pero la falta de videoarbitraje provocó que la acció continuara y el delantero batiera a Fabianski. Para calmar el nerviosismo palpable con el que habían arrancado el envite sus compañeros.
No obstante, habían empezado el partido con dos puntos de margen sobre el City y estaban obligados a vencer. Y la guadianesca confianza les pasaría una cara factura en forma de empate a los seis minutos. El West Ham, que amontonaba dos derrotas ligueras seguidas y la eliminación en la FA Cup ante un Tercera división, fue capaz de herir al líder de inmediato. Recurrió a una acción a balón parado para que un remate angulado de Michail Antonio instaurara las tablas definitivas (1-1).
'Chicharito' Hernández y Mark Noble pudieron haber marcado con anterioridad y el Liverpool quedó constreñido a una fiscalización de su paciencia y compostura. Suspendería, colapsando en sentido colectivo y entregados a lo que pudiera hacer un solista como Mohamed Salah. El egipcio sólo alcanzaría a filtrar algún chut descontextualizado, lejos del nivel que le colocó en las quinielas por el Balón de Oro hace meses. En consecuencia, con Divock Origi y Xherdan Shaqiri como revulsivos inocuos, Klopp volvió a flaquear y sólo tiene ya tres puntos de tranquilidad, con el City a tiro. Sin sensaciones positivas, ya que nunca asediaron a Fabianski.
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Y el fútbol de élite en Europa también hizo rodar el cuero en la Serie A. En Italia, todavía en shock por el 3-3 que arrancó el Parma del feudo de la Juventus, se contempló la escalada fulgurante que está llevando a término el rocoso Atalanta. Los de Bérgamo ganaron al Cagliari (0-1), con un tanto del neerlandés Hans Hateboer que les valió para salir triunfales del Sardegna Arena. Son ya cinco los duelos sin perder de manera seguida, para gloria del técnico Gian Piero Gasperini. Una racha que les tiene quintos, por delante de Roma y Lazio gracias a la diferencia de goles. Su magnífica gestión de los goles que anotan les ampara.
Precisamente los laziali se encargaron de abrir este último capítulo de la vigésimo segunda jornada liguera. Lo hicieron plagiando el resultado de la 'Dea'. Un solitario tanto de Felipe Caicedo provocó que el escuadrón preparado por Simone Inzaghi se reencontrara con el triunfo y complicara al Frosinone. Venían los capitalinos de empatar ante el Torino y perder contra el Nápoles y la Juve, pero el ecuatoriano y el talento de Luis Alberto les aferró al rebufo de sus enemigos íntomos, que empataron ante el Milan.