Luis Alejandre | Martes 29 de julio de 2008
Realmente me sentí mal. Me lo confirmaron mis amigos que actualmente forman parte del contingente español de FINUL, la fuerza de Naciones Unidas para el Líbano. El pasado 16 de julio, se efectuaba en Rosh Hanikrá, una posición militar fronteriza entre el Líbano e Israel, el canje de prisioneros y cuerpos de fallecidos pertenecientes a Hezbollah y al Ejercito Israelí (FDI).
Hasta última hora se mantuvo en Israel la esperanza de que dos de sus reservistas retornaran con vida. La insurgente formación chií, había jugado con esta posibilidad desde agosto de 2006. Había manipulado sentimientos y esperanzas de las familias y de sus compañeros de armas. Los ADN confirmaron que llevaban muertos dos años. Dos años de engaños y de tensiones. Vinieron a mi recuerdo macabras prácticas que viví en El Salvador a finales de los ochenta: se secuestraba, se asesinaba, se mutilaba el cadáver y, jugando con la desesperación de las familias se extorsionaba al máximo: hoy se enviaba una oreja; mañana un dedo. No. No todo vale en la guerra.
Para más ignominia las FDI tuvieron que comprobar que los ataúdes canjeados no contenían trampas explosivas. ¡Hasta esto se vive cerca de nosotros, en lo que llamamos nuestra cultura mediterránea! ¡A qué extremos de degradación hemos llegado! No se puede andar uniformado, levantando los brazos victorioso, jaleado por masas imbéciles, cuando se han violado los más elementales principios de los Derechos Humanos y de todas las convenciones y acuerdos de Ginebra sobre la guerra. No. No todo vale en la guerra.
Y no lo decimos solamente por el Líbano que la vive desde hace décadas. Lo decimos también porque allí sirven más de mil soldados españoles, que ya han sufrido los zarpazos de esta sinrazón, de esta falta de ética. Ya en 1983 tuvo que salir del país de los cedros, una fuerza multinacional, tras la cruenta cadena de atentados que costaron la vida a cientos, si a cientos, de soldados franceses y norteamericanos. ¡Misma ausencia de ética! No. No todo vale en la guerra.
Desde luego el canje de Rosh Hanikrá no forma parte de la necesaria paz que urge a aquel querido y antes próspero país que llamamos Líbano.
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