A mediados del siglo XIX el geólogo inglés Philip Sclater ideó una extravagante teoría para tratar de explicar un enigma biológico de difícil solución: la presencia de fósiles de lémures tanto en el sur de África como en la India. Según Sclater, la única solución posible pasaría por la existencia de un continente sumergido que se habría situado en pleno Océano Índico: Lemuria.
De acuerdo a la exótica teoría del científico británico esta inmensa formación continental habría conectado la isla de Madagascar con el sur de la India y el oeste de Australia, sirviendo como hábitat a estos curiosos primates, hoy en día endémicos de la isla de Madagascar.
La teoría de Sclater tuvo sus adeptos dentro de la comunidad científica de la época, e, incluso, en el último tercio del siglo XIX algunos investigadores se dedicarían a reflotar otros continentes perdidos, como Mu o la Atlántida.
La aceptación general de la tectónica de placas, no obstante, devolvería Lemuria a las profundidades abisales, de donde solo ha sido rescatada, de cuando en cuando, por ciertos investigadores heterodoxos.
Sin embargo, un reciente y sorprendente hallazgo, que ha tenido lugar en una pequeña isla del Índico, podría rescatar a Lemuria del olvido. Bienvenidos a Anjouan.
Anjouan es una de las tres islas que conforman Las Comoras, un remoto archipiélago-nación de 1,862 km2 y 850.000 habitantes, que se sitúa en el Océano Índico, al norte de Madagascar y al este de Mozambique.
Se cree que Anjouan se formó hace unos cuatro millones de años, cuando las erupciones volcánicas en el lecho marino provocaron una gran acumulación de lava, que llegó a ascender más de 3 kilómetros hasta llegar a la superficie, donde se siguió acumulándo material hasta dar forma a la actual ínsula.
Sin embargo, este territorio aparentemente normal, esconde un intrigante misterio que pone en duda la teoría geológica convencional: desperdigadas por buena parte de la isla se hallan unas rocas que no deberían estar allí...
¿Qué tienen de especial? Están compuestas de cuarcita blanca, una roca metamórfica muy antigua, que suele encontrarse en las grandes masas continentales, pero nunca en las islas de origen volcánico, compuestas casi al 100% por basalto volcánico. En otras palabras, Anjouan es la única isla del mundo de origen volcánico que contiene material continental.
La cuarcita se forma a partir de un tipo de arenisca de roca sedimentaria compuesta de granos de arena de cuarzo puros que suelen acumularse en los deltas de los ríos. A medida que éstos se van comprimiendo, los granos se fusionan y se transforman en cuarcitas densas y extremadamente duras.
"La roca no pudo haberse formado en Anjouan, porque el basalto que dio origen la isla no contiene cuarzo", señala Kevin Krajick, editor de noticias del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, institución responsable del hallazgo.
Cornelia Class, líder del equipo y geoquímica del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, va un paso más allá: "Esto va en contra de la tectónica de placas".
La tectónica de placas explica que la litosfera no es un todo homogéneo, sino que se compone de placas de distinto tamaño (15 principales y 42 secundarias), cuyos bordes interaccionan entre sí, separándose (divergentes), chocando (convergentes) o desplazándose (transformantes).
Las placas se mueven debido a las corrientes de materiales que discurren a través del manto terrestre, denominadas corrientes de convección, y también a la fuerza de la gravedad. Las corrientes de convección se producen por diferencias de temperatura y densidad, de manera que los materiales más calientes pesan menos y ascienden, y los materiales más fríos son más densos, pesados, y descienden.
En todos los casos, las cantidades de energía liberada, ya sea a través de terremotos o de actividad volcánica, son enormes y alteran la geomorfología, dando lugar a cordilleras, dorsales o fosas oceánicas, arcos volcánicos, o islas, como Anjouan.
Los expertos creen que la cuarcita de Anjouan es muy antigua, pero por el momento ignoran si tiene 1.000 millones de años o 100. Lo que sí saben a ciencia cierta es que Anjouan surgió de las aguas hace cuatro millones de años a partir de un volcán ya extinto.
"¿Cómo una masa de roca continental viajó tantas millas y sobrevivió durante millones de años lejos de su hogar, y luego logró resistir dentro de un volcán en erupción?", se pregunta Krajick.
No deja de ser curioso que los lémures habiten aún las zonas montañosas de Anjouan (sí, no sólo viven en Madagascar), como mudos testigos de una época olvidada para nosotros. ¿Tendrán ellos la última palabra?