No hay un equipo que haya salido peor del mercado de traspasos que el de Los Ángeles Lakers. La directiva, desde la llegada de la dupla conformada por Rob Pelinka y 'Magic' Johnson, había trazado un proyecto basado en las elecciones del draft como cimiento. A partir del espacio salarial ganado con esa filosofía y del crecimiento de los novatos talentosos se cerrarían algunas contrataciones prestigiosas para, en el medio plazo, tener un bloque de garantías con el que asaltar la reconquista de la élite.
Pero todo eso cambió con el advenimiento de LeBron James. El cuatro veces MVP tiene 34 años y no está dispuesto a quemar años de su tramo final de carrera para esperar a que evolucionen los valores por los que se había apostado anteriormente. En público ha alternado sus declaraciones comprensivas con la política de la franquicia -después de que 'Magic' y Kobe Bryant le criticaran por asumir todo el peso de los ataques- con una reivindicación de su dimensión y de sus ambiciones en este punto de su trayectoria.
Y en esas ha ido conviviendo un proyecto que había tomado vuelo, incluso respondiendo con cierta solvencia a las lesiones de King James. Viajando en la frontera de los puestos de playoffs y con la expectativa de ganar cohesión y fluidez semana a semana, para firmar un cierre de temporada exponencial que les permitiera acabar con optimismo, llegaran donde llegaran en post teporada, con el fin de abordar el próximo año con más galones y nutrientes en su candidatura a engancharse al grupo de equipos fuertes de la Conferencia Oeste.
El problema para la endeble conjugación de este dilema nuclear -el presentismo de LeBron o la paciencia en el desarrollo lógico de los jóvenes- se llama Rich Paul. Es el amigo personal del astro de Akron, amén de su representante y también de Anthony Davis. Y en torno a sus palabras pronunciadas en plena ventana de traspasos se ha generado una hecatombe anímica en la mayoría de esos peones juvelines sobre los que, inicialmente, pivotaría el futuro de los californianos.
Porque Paul declaró que Davis quería irse de los Palicans, forzando a 'Magic' y Pelinka a moverse. En su debe tenían ya la decepción de LeBron al contemplan cómo se les escapaban en verano nombres gruesos como Kawhi Leonard y Paul George. Por ello, los directivos se lanzaron con todo -menos prudencia y perspectiva- a por el pívot All Star. Y pasaron por la rumorología y como piezas de cambio elementos a los que se les había prometido la confianza y la paciencia para crecer como Kyle Kuzma, Lonzo Ball, Brando Ingram o Josh Hart.
Finalmente, el traspaso no se llevo a cabo y los Lakers sumaron dos derrotas: una, en los despachos y otra, la peor, en la cancha. Porque estas semanas de tensión y desconfianza continuadas ha desembocado en un cisma que deja al entrenador Luke Walton sin margen de maniobra. La pomposa franquicia ha amontonado derrotas dolorosas mientras que buena parte de su rotación sospechaba que encualquier momento perdía el tren de Hollywood para hacer las maletas a un mercado mucho menos.
Entre el 31 de enero y este miércoles han disputado siete duelos, ganando sólo dos y por tres y un punto de diferencia. Las alarmas han saltado con las derrotas sufridas ante Filadelfia (105-121), Warriors (115-101) y, sobre todo, Pacers, 76ers y Hawks. Frente a Indiana cayeron por 136-94, el día previo al cierre del mercado; contra Embiid y compañía fueron arrasados por 143-120; y la guinda negativa, perder ante uno de los peores equipos de la liga, sobrevino este miércoles en Atlanta (117-113). Simplemente, el compromiso y la convicción -en uno mismo y en el compañero- se han esfumado en este intervalo de dudas.
'Magic', en la noche de la paliza que les asestó el sistema de Filadelfia, saltó a la palestra para comentar la versión oficial de la franquicia ante lo ocurrido en el mercado de traspasos y los evidentes daño causados al rendimiento y estadbilidad de su plantilla. Pero lo hizo de una manera no del todo analítica. Reconoció que los jóvenes valores puestos como moneda de cambio "no han vivido la mejor experiencia, pero son profesionales y deben asimilar que así es como se hacen negocios en el deporte profesional".
A pesar de afirmar que es "muy consciente" de las repercusiones sembradas en el seno de ese cuerpo de perlas que abocó a un traspaso frozado a cambio de Anthony Davis, pasó al ataque. Definió el modus operandi de los Pelicans como "de mala fe" y rechazó que intentar traspasar a todos sus jóvenes por el pívot estelar, y hacerlo público, fuera tratar de manera "injusta" a esos jugadores. "Es la manera como se negocia en la NBA y además estamos hablando de auténticos profesionales, no de bebés y ellos lo saben, yo lo sé, todo el mundo lo sabe. Ahora lo único que tenemos que hacer es seguir adelante para conseguir el objetivo de estar en los playoffs", sentenció.
En su opinión, haber dejado tocados a Ingram, Kuzma, Hart y Ball no es tan relevante como haberse conformado con traer a Reggie Bullock y Mike Muscala. Los Lakers no juegan playoffs desde el 2013, una barbaridad que podría ayudar a justificr el desbarajuste originado por el cuerpo directivo de la franquicia. "No quiero que se centren en otras cosas. Lo que pasó con aquellos nombres que fueron mencionados, todo eso, eso se acabó. Eso fue el jueves. Esto es ahora. Todo el mundo tiene que abrocharse el cinturón y debemos avanzar", zanjó.
La realidad es que lo único que puede abortar la deriva de su equipo en la cancha es la irrupción del parón del All Star. LeBron James, hace dos días, tuvo que salir al paso de los comentarios que ligaban su elección de compañeros para el All Star Game con una suerte de campamento de reclutamiento, pues Kevin Durant, Kyrie Irving, Anthony Davis, Klay Thompson y Kawhi Leonard le acompañarán en cancha. Y de todos ellos se ha dicho que podrían usar su condición de agentes libres para formar un equipazo en los Lakers a partir de junio.
Kyle Kuzma, tras rozar el bochorno ante Indiana, emitió esta reflexión: "Obviamente, estás por todas partes (los rumores de traspaso). Realmente no puedes no verlos, porque te los encuentras cuando mirar el teléfono o en cualquier parte. Al final del día, tenemos que encontrar la manera de bloquearlo en nuestra mente y seguir rindiendo y jugando. Obviamente es duro para esta generación, que no puede vivir sin usar el móvil, pero esta es la primera vez en esta situación para muchos de nosotros". Y a Brandon Ingram le cantaron 'LeBron quiere trasparse' en ese partido. Comentaría al término que "al final, somos humanos".