Opinión

España, regreso a las urnas

TRIBUNA

Alejandro San Francisco | Jueves 14 de febrero de 2019

Este miércoles 12 de febrero en Congreso de los Diputados rechazó los presupuestos del gobierno de Pedro Sánchez. Con esto cambia el panorama político general de España y, casi con seguridad, los ciudadanos serán convocados a las urnas, para resolver democráticamente sus conflictos, la crispación, el financiamiento del gasto público y la unidad del país, entre otros problemas que afectan hoy a la sociedad. Todo ello se resuelve de una manera relativamente sencilla, pero que ha sido procastinada por distintas razones: convocando a elecciones para formar gobierno.

Sanchez y el PSOE llegaron a La Moncloa de acuerdo a la Constitución española y a las normas propias del régimen parlamentario. Sin embargo, la fórmula fue excéntrica y es evidente que hay un déficit democrático que ha sido enrostrado incluso desde fuera de España. Sánchez no triunfó en unas elecciones competitivas para suceder a Mariano Rajoy en la dirección del gobierno español. Por lo mismo, hoy existe una posibilidad que es propia de los sistemas democráticos, como es entregar la resolución sobre quién gobernará al pueblo español.

Las próximas elecciones presentarán un escenario inédito desde el regreso a la democracia, por diversas razones. Sabemos que hace unos años se quebró el bipartidismo que había dominado en la política española durante casi tres décadas, cuando irrumpió Podemos por la izquierda y Ciudadanos por la derecha, en gran medida por líderes y electores cansados de los dirigentes y políticas de socialistas y populares. Ambas fuerzas se consolidaron y hoy no se entiende la política española sin los partidos de Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Hoy la situación muestra la existencia de tres fuerzas relevantes en las derechas y dos partidos importantes en las izquierdas, que podrían aspirar –todas ellas– a llegar al gobierno, en todos los casos necesariamente mediante la formación de alguna coalición. Algunas encuestas muestran claramente que ningún partido está en condiciones de superar el 30% de los votos, en un esquema donde las dos primeras mayorías serían el PSOE y el Partido Popular, en ese orden, ambos sobre el 20%. A continuación se ubica Ciudadanos, que superaría a Podemos como tercera fuerza política, pero todavía bajo el 20% de los votos. Por el momento aparecen dos grandes potenciales sorpresas. La primera es la tendencia a la baja de Podemos, que solo hace un par de año aspiraba a realizar il sorpasso sobre el PSOE y que hoy se consolida como cuarta fuerza política. La segunda es Vox, que emergió con fuerza en las elecciones de Andalucía, y que en las próximas elecciones podría consolidar electoralmente el respaldo creciente que muestra en la presencia pública y en la intención de voto, que ya se acerca al 10%.

Ese esquema muestra lo que se podría denominar un giro a la derecha, que supera por casi diez puntos a la suma del PSOE y Podemos, pero se trata de una distancia que no es definitiva. Entre otras cosas porque la suma del PP, Ciudadanos y Vox podría superar la mayoría del Congreso de los Diputados, pero no resulta claro que todos estén dispuestos a pactar, ni tampoco las circunstancias o condiciones sobre las cuáles lo harían. En este sentido, Ciudadanos ha hecho guiños a la izquierda socialista y también procura aparecer distante de Vox, pero esas dos opciones no logran formar gobierno ni resolver la situación política española. En otras palabras, o Ciudadanos contribuye a formar una mayoría de derechas o bien se resta y contribuye a una mayoría Socialista, pero es difícil que surjan opciones alternativas.

Por otra parte, estos son los números hoy, sin que los motores se hayan puesto en marcha. Basta que se produzca la convocatoria a elecciones para que España entre a un nuevo escenario político, en el cual va a adquirir especial importancia el liderazgo de las principales figuras de cada partido, los respectivos programas y la capacidad de movilización que muestren las diferentes fuerzas políticas. Esto puede llevar a que se muevas los resultados que, hoy por hoy, son necesariamente estrechos. Por lo mismo, los aciertos y los errores –tan visibles en estos tiempos de redes sociales– pueden modificar el escenario de un momento a otro.

En este sentido se puede apreciar la decadencia política y electoral de Podemos, partido surgido hace menos de cinco años con la expresa misión –autodefinida, ciertamente– de renovar la política española, disputarle el poder a la casta y mostrar cómo se realiza la actividad pública con la gente. Sin embargo, a los pocos años se puede advertir un movimiento sobreideologizado, con su propia casta interna, con divisiones internas, disputas por la hegemonía, personalismos y todos aquellos vicios que hacen indistinguible la nueva política de aquella que se denunciaba. El quiebre entre Iñigo Errejón y Pablo Iglesias ha sido la guinda de la torta de una disputa mayor, y de inmediato las encuestas, cual voraces lobos en busca de presas, mostraron la caída de Podemos en el respaldo popular.

Otro factor relevante para tener en vista de cara es que las próximas elecciones deberían consolidar el cambio generacional operado en la política española de los últimos cinco años. Es un hecho que la España de la transición ha llegado a su fin, por motivos simbólicos o biológicos: la abdicación del Rey Juan Carlos y las muertes de Adolfo Suárez y Alfonso Osorio así lo ilustran. Por otra parte, por primera vez todos los partidos han vivido auténticos cambios de liderazgos, no solo en los nombres, sino también en sus edades. De esta manera, Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santi Abascal son todos menores de 50 años, y de ellos solo el líder socialista había nacido cuando gobernaba Francisco Franco. Todos los demás son posteriores: Abascal nació al año siguiente de la muerte de Franco; Iglesias el año de la Constitución; Rivera en 1979 y Casado pocos días antes del 23F, en 1981. Como se ve, otra época, otros desafíos.

Esta generación esta próxima a enfrentar las primeras elecciones de la Nueva España. Ya veremos cómo se escribe la historia.