Sociedad

China pondrá en órbita una estación espacial de energía solar en 2030

Concepción artística de la transmisión de energía solar basada en el espacio. (Foto: JAXA).

ENERGÍA SOLAR

Eduardo Villamil | Lunes 18 de febrero de 2019
La instalación, de 1.000 toneladas de peso, será capaz de transmitir energía a la Tierra de forma inalámbrica.

En 1964 el astrofísico ruso Nikolái Kardashov sorprendería al mundo al hacer pública su -hoy famosa- escala, que clasificaba el grado de evolución tecnológica de cualquier civilización universal en tres tipos: las civilizaciones de tipo I serían capaces de aprovechar toda la energía de su planeta; mientras que las de tipo II podrían captar toda la energía proveniente de su estrella; por último, las de tipo III, habrían logrado exprimir los recursos energéticos de su galaxia.

Según los cálculos de Carl Sagan, la civilización humana se situaría en el tipo 0,7, es decir, aún no habríamos conseguido aprovechar todos los recursos de nuestro planeta. Un escenario para el que todavía nos faltarían al menos 200 años, de acuerdo a los postulados del físico Michio Kaku.

Probablemente, la forma más directa de llegar a ese segundo nivel, aún pura ciencia-ficción para nosotros, sería mediante una esfera de Dyson, una teórica macroestructura de paneles fotovoltaicos que rodearía el Sol, aprovechando de esta forma gran parte de su energía lumínica y térmica.

A medida que la tecnología humana ha evolucionado, se han ido implementando fuentes de energía alternativas que no solo aprovechan la de nuestro planeta -como la eólica, la hidráulica o la mareomotriz-, sino también la de nuestra estrella. Sin saberlo, poco a poco, escalamos puestos hacia el segundo nivel.

En los últimos años, a pesar de que la inversión en energía solar se ha multiplicado por cinco en España, actualmente tan solo representa un 5% del total, de aporte al sistema eléctrico nacional. Los principales problemas que plantea este tipo de energía son su intermitencia (horas de luz, tiempo...) y su necesidad de espacio. Sin embargo, China -sí, otra vez- parece estar a punto de cambiar este paradigma.

La esfera de Dyson de tipo enjambre. (Fuente: Wikimedia Comons)

Paneles solares en el espacio

El gigante asiático ha vuelto a sorprender al mundo al anunciar en el Science and Technology Daily -el periódico oficial del ministerio de Ciencia y Tecnología del país- su intención de colocar una estación de energía solar de 1.000 toneladas, orbitando alrededor de la Tierra para proveer megavatios de energía de forma inalámbrica.

Según publica The Sidney Morning Herald, en 2030 el gigante chino planea lanzar esta gran central espacial de energía solar a 36.000 kilómetros de altura. La instalación se situaría en una órbita geoestacionaria, como la que utilizan los satélites.

De acuerdo a los responsables del proyecto, la energía proporcionada por la planta solar estaría disponible el 99 % del tiempo y sería seis veces más potente que la suministrada por los paneles solares terrestres actuales. Esto permitiría, por ejemplo, cargar un teléfono móvil o un coche eléctrico en cualquier parte y sin necesidad de cables.

La Estación Espacial Internacional, el objeto humano más pesado jamás enviado al espacio. (Fuente: NASA)

Grandes retos

Uno de los mayores retos técnicos de esta futurista iniciativa es el de poner en órbita tal cantidad de peso. Por ejemplo, la Estación Espacial Internacional, el objeto humano más pesado jamás puesto en órbita, pesa unas 420 toneladas, en contraste con las 1.000 que pesaría esta instalación.

Para solucionar este inconveniente, los científicos chinos barajan construir la estación directamente en el espacio, por medio de robots y tecnologías de impresión 3D.

Otra cuestión, que también está siendo analizada, es la del método de transmisión de la energía. Los rayos láser o las ondas de microondas son, de momento, las principales apuestas de los investigadores nipones.

Para garantizar la viabilidad de la misión, entre 2021 y 2025 el equipo realizará varios experimentos con paneles solares en la estratosfera, a unos 50 kilómetros de la superficie terrestre.

Si todo va bien, el anuncio de los chinos podría ser el tímido preludio de un hondo salto tecnológico que nos acercaría un poco más a ese segundo nivel definido por Kardashov y, quién sabe, si un primer eslabón para la futura esfera de Dyson que se alimentará de nuestro Sol en los milenios venideros.

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