Cuba
Miércoles 30 de julio de 2008
Durante su discurso de 55 minutos, Raúl Castro no tocó el tema de las trasformaciones en una intervención que pareció más realista que autocrítica. Según varios analistas locales, de los discursos pronunciados hasta ahora por Raúl ese fue el “más fidelista”, con pocas novedades, pero tampoco con pasos atrás: Raúl no abandonó el espíritu de reforma, sin anunciar, lamentablemente, nuevos movimientos hacia adelante.
Las medidas adoptadas hasta hoy han impulsado la descentralización en sectores como el agrícola, han levantado prohibiciones, eliminado los topes salariales, reformado el campo e intentado reactivar la producción. Sin embargo, de momento, el cambio fundamental respecto a la Cuba de Fidel Castro radica en las expectativas de cambio. De hecho, las expectativas de cambios son grandes y difundidas, pero probablemente seguiremos asistiendo a un camino de reforma lento, caracterizado por el estilo pragmático del nuevo mandatario. Raúl Castro, que “se hizo viejo antes de hacerse grande”, deberá tener en cuenta cuál será la mejor manera de solucionar los graves problemas de la isla, de naturaleza económica, social y también política. La vieja guardia sigue al poder, y el cambio en su dirección parece responder más a un patrón hereditario que a los méritos acreditados por Raúl: la transición pacífica o sucesión “institucional” está en marcha pero aún lejos de producir los cambios necesarios para resolver los problemas de la isla. El reconocimiento hecho por Raúl Castro de que Cuba necesita cambios estructurales es una ‘condicio sine que non’ para resolver los problemas, pero no suficiente: habrá que llevar a cabo medidas, ya que parece razonable esperar más reformas y liberalizaciones. Cuba seguirá avanzando de forma tibia y tímida: además de cambios económicos, aún falta garantizar el respeto a los derechos fundamentales, temática improrrogable.
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