Y así, cuando se deambula por sus pinturas, llenas de luz y color, parece que el mundo se detiene, que el pintor prolonga en el espacio un tiempo pasado, con sus escenas de mujeres voluptuosas, con sus cuerpos desnudos, o sus hombres de contornos esféricos, los niños regordetes, o el picador y el torero paticorto.
Además de las escenas de familias colombianas en la calle o en el campo, o las pinturas que plasman a unos amigos bebiendo en una taberna o reunidos en un burdel, por donde también puede aparecer el mundo mágico colombiano de Gabriel García Márquez. Unas pinturas con las que Botero dice crear campos de color, y en las que está muy patente su veneración por las mujeres y su amor por los toros. De jovencito su tío le apuntó a una escuela de tauromaquia, aunque solo duró un par de semanas porque no le gustaba nada.
"Soy colombiano de pasaporte y de alma, y en los últimos años en Colombia está descendiendo la violencia, y me hace sentir optimista"
"Ahí empezó mi afición por el dibujo y la pintura -reconoce-, porque empecé muchos cuadros de toros, a lo mejor soy pintor por eso", dice Botero, quien a la pregunta de si considera que las corridas pueden desaparecer en un futuro, asegura tajante que no.
"Los toros existirán siempre. Habrá algún lugar en los que se prohíba, pero los toros existirán siempre, porque forman parte de la cultura española y universal", sentencia este artista, que dice sentirse "muy colombiano" aunque viva en Europa. "Estoy muy cerca de mi país, aunque no vaya con frecuencia, está en mi imaginación. Todos mis cuadros están hechos de Colombia, leo la prensa colombiana y estoy enterado de todo por mis amigos", recalca.
"Creo en las artes plásticas, no en el reemplazo de las artes plásticas; las performances o el vídeo arte son otra cosa"
Botero reside en Mónaco, y tiene casa en Grecia y en Italia porque su salud le lleva a tener que vivir a la altura del mar, explica. Pinta todos los días desde que se levanta y a todas horas, pero ya no hace escultura, aunque en marzo inaugurará una exposición con dieciséis piezas en Hong Kong. Esta muestra en la Marlborough coincide con la próxima apertura de ARCO, la feria de Arte Contemporáneo, donde no irá el pintor porque dice que no va exposiciones, porque pierde el tiempo.
"Cuando voy a algo es para ver alguna obra maestra a un gran museo, como al Prado, porque quiero ver pintura que me produzca felicidad y placer. Creo en las artes plásticas, no en el reemplazo de las artes plásticas; las performances o el vídeo arte son otra cosa", sostiene Botero, para añadir que "cuando uno está frente a las Meninas no necesita que nadie le explique qué es eso, porque es la belleza", concluye el artista de estilo propio.